MIAMI, Estados Unidos ― Dos funcionarios del Departamento de Estado afirmaron este lunes que Cuba actúa como un “servicio de conserjería” para Rusia, China, Irán y otros adversarios de Washington, y advirtieron que la administración de Donald Trump mantiene “todas sus opciones sobre la mesa” frente a las operaciones de influencia, inteligencia y subversión que atribuye al régimen de La Habana.
Las declaraciones fueron realizadas durante una llamada con periodistas en la que participó Martí Noticias. El medio no divulgó la identidad de los funcionarios.
“Los cubanos son una especie de servicio de conserjería para la coalición internacional antiestadounidense de poderes”, declaró uno de los representantes del Departamento de Estado. Según explicó, las autoridades cubanas promueven una agenda contraria a su país: “Facilitan relaciones, a menudo en la propia Isla, entre activistas estadounidenses de extrema izquierda y gobiernos extranjeros, ya sea Rusia, China u otros gobiernos y grupos militantes”.
Uno de los funcionarios sostuvo que el aislamiento y la creciente dependencia internacional del régimen cubano han permitido una mayor presencia de los principales rivales geopolíticos de Estados Unidos en la Isla. “A medida que Cuba se ha vuelto más aislada ideológicamente, ha seguido dando a Rusia, China e Irán más influencia: para controlar más de su economía, para hacer más espionaje desde su territorio, para poner más agentes de inteligencia extranjeros y terroristas extranjeros en su suelo, a solo 90 millas de Estados Unidos”. El funcionario calificó esa situación como “una amenaza creciente y significativa”.
Aunque las fuentes reconocieron que Cuba carece de las capacidades militares de Rusia, China o Irán, aseguraron que su principal valor estratégico reside en las redes de inteligencia y relaciones políticas construidas dentro de Estados Unidos. “La red humana de inteligencia cubana en Estados Unidos es mucho más sofisticada de lo que la mayoría de la gente sabe”, afirmó uno de los representantes del Departamento de Estado.
Los funcionarios evitaron anunciar medidas concretas contra La Habana, pero dejaron abierta la posibilidad de nuevas acciones del Gobierno estadounidense. “El presidente mantiene todas sus opciones sobre la mesa”, dijo uno de ellos. También aseguró que Washington combinará negociaciones diplomáticas y decisiones ejecutivas para debilitar las redes atribuidas al régimen cubano.
“El presidente dijo en mayo, y esto ha sido muy cierto, que su determinación es férrea: no permitiremos que este Estado fallido, este Estado canalla patrocinador del terrorismo, siga amenazando al territorio estadounidense”, agregó.
Los funcionarios describieron la actuación cubana como una forma de guerra irregular basada en espionaje, propaganda, infiltración política y apoyo a organizaciones radicales, y no como una amenaza militar convencional. “Esa guerra irregular, a través de la subversión ideológica, la interferencia en nuestra política y el terrorismo político, siempre ha sido el sello del proyecto comunista cubano”, señaló uno de ellos.
Uno de los funcionarios llegó a afirmar que el Estado instaurado por Fidel Castro fue concebido desde sus orígenes para confrontar y debilitar a Estados Unidos. “Cuba es un Estado que, en su esencia, fue fundado con el objetivo singular —y como explica el informe, este fue siempre el objetivo de Fidel Castro— de la degradación marxista y el derrocamiento de Estados Unidos”. También sostuvo que la Isla “siempre fue el puesto de avanzada clave para que los enemigos de Estados Unidos atacaran a Estados Unidos”.
Los funcionarios insistieron en que esa influencia no terminó con la Guerra Fría y que continúa presente en organizaciones políticas, universidades y movimientos de protesta. “Muy pocos estadounidenses son conscientes de hasta qué punto hoy, incluso en su estado degradado, el régimen cubano sigue inextricablemente ligado a estas redes extremistas, a menudo violentas, de izquierda en todo el mundo, en el hemisferio occidental y también en suelo estadounidense”, afirmó uno de ellos.
Entre las organizaciones y movimientos mencionados estuvieron Democratic Socialists of America (DSA) y Code Pink. “Esta misma red cubana sigue viva. Corre a través de organizaciones sin fines de lucro de izquierda en Nueva York, protestas anti-ICE, la DSA, grupos socialistas en todo el país y todos los levantamientos en campus universitarios que hemos visto en años recientes”, declaró uno de los funcionarios.
Sobre DSA, uno de los representantes estadounidenses afirmó que la organización constituye una nueva etapa de las operaciones políticas de La Habana en territorio norteamericano. “La DSA es, para nosotros, la próxima generación de la operación de influencia cubana en Estados Unidos”, declaró. Según el funcionario, el grupo ha ampliado durante los últimos años sus relaciones con el régimen mediante delegaciones y reuniones con altos cargos cubanos.
Los funcionarios también atribuyeron al castrismo un papel central en la formación ideológica y organizativa de sectores de la izquierda radical internacional. Uno de ellos afirmó que estructuras políticas desarrolladas durante las últimas siete décadas “fueron y han sido financiadas por el régimen comunista cubano y su aparato de inteligencia”. Otro señaló que “el régimen cubano, más que cualquier otro gobierno, institución o fuerza social en el mundo, fue el arquitecto central de esta ideología política muy particular”.
Venezuela fue presentada como una de las mayores victorias estratégicas de La Habana después de la desaparición de la Unión Soviética. “La Venezuela de Chávez y, particularmente, la Venezuela de Maduro era[n] esencialmente una colonia cubana”, afirmó uno de los funcionarios. “Es una locura pensar en Venezuela, un país mucho más grande y rico, como una colonia de Cuba, pero eso es lo que era”.
El funcionario sostuvo que Fidel Castro encontró en Venezuela una vía para rescatar económicamente al régimen cubano tras la pérdida de los subsidios soviéticos y extender su influencia regional. “Esencialmente, Chávez y Maduro eran peones de los cubanos”, afirmó. “Eran protegidos por cubanos que también eran sus manejadores”.
Los representantes estadounidenses intentaron diferenciar sus acusaciones contra el régimen de su posición hacia la población cubana. “Los cubanos han sido rehenes de esto”, afirmó uno de ellos. “Les robaron todo. Hundieron su economía en la ruina. Fueron reclutados a la fuerza para estos proyectos ideológicos o lanzados a la cárcel”.
Las declaraciones acompañaron la publicación del informe oficial Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI, en el que el Departamento de Estado acusa a La Habana de desarrollar durante casi siete décadas una infraestructura de espionaje, infiltración, propaganda y apoyo a movimientos radicales. Los funcionarios insistieron en que esas redes no son únicamente un vestigio histórico, sino una estructura que, según Washington, continúa operando dentro y fuera de Estados Unidos.









