Cuba: La luz y el agua no son el problema

Tu problema eres tú mismo que aún tienes esperanza de que esos, que son el verdadero problema, encuentren la solución.
Cuba, apagones, luz
Una calle en La Habana. (Foto: CubaNet)

LA HABANA, Cuba.- Quizás habiendo sobrepasado el punto crítico, una pregunta que probablemente nos hagamos es cuándo tocaremos fondo en este pantano donde se ha hundido la Isla. Mientras nos ahogamos, cada cual imagina hoy su final “favorito”. En los extremos de ese imaginario, unos sueñan con una gran rebelión en las calles, incluso con intervención militar, y otros simplemente con sobrevivir, o con un “happy end” donde, de repente, a los castristas les da (de verdad, sin trampas) por “cambiar todo lo que debe ser cambiado” y aquí no ha pasado nada.

Parece que para ser “felices”, evidentemente hay una buena turba de infelices a los que les basta con tener electricidad más de ocho horas y agua, aunque sea una vez al día, para llenar los tanques, y así hasta que les vuelva a tocar, como con los “mandados” de la “libreta”, que ya ni llegan.

Así, es la nuestra una “felicidad” construida con los mismos materiales de la miseria, apuntalada con los restos de lo que alguna vez fuera la esperanza, asumiendo el conformismo como sucedáneo de aquella, como cuando termina uno por convencerse de que la felicidad como tal no es compatible con nuestra realidad. Ya que, al no haber logrado la “normalidad”, basta con alcanzar una “anormalidad” menos agobiante. Y eso se logra con un poco de luz, y agua de vez en cuando.

La comida abundante, la higiene pública y la salud accesible y gratuita, la democracia y la libertad, ok, la agradecerían pero, escuchados los reclamos que más se repiten en los focos de protesta, las publicaciones en redes de los más “atrevidos” que en realidad no se atreven a más, sin duda no son los alimentos y medicamentos que hace años faltan en nuestros hogares (o la represión y la corrupción que acompañan las carencias) lo que más les preocupa, sino dormir con calor, vivir a oscuras, porque al hambre y a las enfermedades, a la suciedad en las esquinas, al silencio y a la violencia ya se adaptaron, ya les encontraron solución en la “luchita diaria”, robando todo lo que pueda ser robado y comprando como lujo en el mercado negro lo que es esencial para vivir.

La electricidad y el agua no hay modo fácil de conseguirlas o de robarlas cuando no se genera ni se bombea. El gas para cocinar puede ser sustituido por carbón y leña, y por eso pocos lo reclaman cuando, al igual que la esperanza y la felicidad, ya lo han dado por extinto, como se extinguió la posibilidad de arreglar lo que pudo haberse arreglado apenas con un par de “medidas” o con una semana plantados en la calle, y los comunistas no quisieron, y nosotros se lo permitimos.

Porque hay que reconocer, aun con todo el dolor que pueda provocarnos, que tampoco muchos de los que hoy reclaman luz y agua tampoco quisieron cambiar “privilegios” por libertad, supervivencia personal por prosperidad colectiva, y solo hoy salen a tocar cazuelas cuando el monstruo que alimentaron se les aparece en medio de la oscuridad para atormentarlos, para recordarles lo que no hicieron cuando las condiciones estuvieron dadas y no habría sido necesario llegar hasta aquí.

Dicen que ahora necesitan 176 medidas para salir del atolladero. Que, si las implementan bien, entre reuniones y discursos vacíos, compondrán lo que adrede desconchinflaron, pero hay tanto encerrado en este nuevo paquetazo, un gato más grande y salvaje que los anteriores, que es evidente la maraña en que nos están enredando.

Son 176 medidas de las que, entre apagones y desconexiones, aún nadie se entera de las verdaderas intenciones que esconden cuando a escondidas han negociado y vendido activos mucho antes de haber dado la orden de vender todo lo que deba ser vendido, y aún sin una legislación y un escrutinio público que les obligue a hacerlo de modo transparente, verificable, puesto que la dura verdad es que se están repartiendo el país entre ellos mismos, a toda prisa antes de que termine de irse a la m…

Las 176 medidas que, según Miguel Díaz-Canel, han sido lanzadas como salvavidas para “salvar la Revolución”, no es que hayan llegado demasiado tarde, sino que llegan en el preciso momento cuando ya no tienen nada que salvar sino las cabezas (y las fortunas) de ellos mismos. Porque, entre “errores” y mediocridades, entre ambiciones personales y prepotencias se han cargado desde la propia Revolución (que murió hace ya demasiados años) hasta la “construcción del socialismo”.

Todo cuanto te prometan son cuentos para calmarte una vez más y ganar tiempo. Porque un par de ellos sabía que este momento les llegaría, el dinero que tenían para arreglar las termoeléctricas se lo gastaron en hoteles, y ahora los están vendiendo por docenas para no irse con las manos vacías si les damos la oportunidad de hacerlo. Deja entonces de reclamar luz y agua, de contentarte y festejar una falsa victoria cuando te llegan juntas o por separado y sal a la calle a reclamar por la libertad que te han negado más que la luz y el agua porque quizás mañana mismo despiertes y hayan vendido hasta tu casa. A fin de cuentas, les pertenece en virtud de todos esos abusos disfrazados de “leyes” por las que tampoco sales a protestar.  

Tu problema, entiéndelo de una vez, no son la luz y el agua que no te van a dar jamás. Porque habiendo tenido el modo de hacerlo eligieron condenarte a la oscuridad y la sed para construirse la burbuja de privilegios donde habitan, alejados de ti y de la basura que rodea tu existencia. Tu problema eres tú mismo que aún tienes esperanza de que esos, que son el verdadero problema, encuentren la solución.

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