LA HABANA.- El recluso Martín Silveiro Sánchez denunció que funcionarios de la Prisión Provincial de Camagüey, conocida como Kilo 8, lo mantuvieron durante 24 horas sujeto al llamado «potro de tortura». La denuncia fue realizada por vía telefónica a Cubanet.
De acuerdo con el testimonio de varios internos, el llamado «potro de tortura» consiste en una cama Fowler fijada al piso dentro de un pequeño cubículo del hospital de la prisión. Allí los reclusos son esposados de pies y manos, con los cuatro miembros completamente estirados, boca arriba o boca abajo, durante varias horas o incluso días.
Los testigos también aseguraron que, mientras permanecen inmovilizados, los prisioneros deben orinar y defecar sobre sí mismos, ya que no son liberados para satisfacer sus necesidades fisiológicas. Según relataron, únicamente les desatan una mano cuando reciben los alimentos, aunque muchos se niegan a comer en esas condiciones.
Silveiro Sánchez, de 68 años, se identificó como campesino y natural del batey Tienda Ortigal, en el municipio Florida, provincia de Camagüey. Permanece encarcelado desde el 20 de mayo de 2017, donde cumple una condena de 28 años de prisión por el delito de asesinato.
El recluso aseguró que padece trastornos nerviosos, además de encontrarse desnutrido y con bajo peso. Por esa razón, ha solicitado en varias ocasiones ser trasladado a la prisión de Kilo 7, donde permanecen los internos de la tercera edad y aquellos con problemas de desnutrición.
Según su testimonio, el pasado 10 de junio fue castigado por quejarse de las condiciones de reclusión. Afirmó que el jefe de Reeducación, mayor Diornis Torné Báez, y el jefe de Orden Interior, primer suboficial Daniel Primelles Cala, ordenaron sacarlo del destacamento y sujetarlo al denominado «potro de tortura», donde permaneció inmovilizado hasta el día siguiente.
Al regresar a su celda, relató, tenía las manos y los pies inflamados, además de lesiones en las muñecas y los tobillos provocadas por las esposas. Agregó que solicitó un certificado médico a la doctora del puesto de salud de la prisión, identificada como la teniente coronel Carmen Rosa, pero esta le respondió: «Aquí no hay ningún certificado».
Las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos, conocidas como las Reglas Nelson Mandela, establecen entre sus principios fundamentales que «todos los reclusos serán tratados con el respeto que merecen su dignidad y valor intrínsecos como seres humanos».
Asimismo, prohíben que cualquier persona privada de libertad sea sometida a tortura o a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, y señalan que ninguna circunstancia puede invocarse para justificar esas prácticas. Además, disponen que las autoridades deben velar en todo momento por la seguridad de los reclusos, del personal penitenciario, de los proveedores de servicios y de los visitantes.









