LA HABANA, Cuba.- La integración de tecnologías digitales en las aulas y la transición hacia la educación a distancia se han promovido a nivel global como la gran revolución pedagógica del siglo XXI, pero en Cuba, este modelo choca frontalmente con la falta prolongada de electricidad, el colapso del transporte público y una conectividad a internet intermitente, lo que lleva a un desafío constante para la continuidad del proceso educativo.
En los últimos dos años, en especial durante la crisis actual, el sistema educativo cubano ha tenido que reorganizar sus ciclos lectivos para migrar aceleradamente hacia esquemas de semipresencialidad y aprendizaje virtual, de acuerdo con los calendarios oficiales del Ministerio de Educación (MINED) y el Ministerio de Educación Superior (MES), difundidos por el diario Granma. La medida busca sostener el curso escolar frente a la severa escasez de combustible y al déficit de generación eléctrica, pero informes del Observatorio de Libertad Académica (OLA) y reportes de la prensa independiente señalan que la brecha entre el diseño curricular institucional y la infraestructura tecnológica real en los hogares genera tensiones diarias entre estudiantes, profesores y directivos.
La contingencia afecta a más de 1,53 millones de alumnos en la educación general y a más de 220.000 estudiantes en la Educación Superior, repartidos entre cursos diurnos, por encuentros y a distancia, según declaraciones oficiales de la ministra de Educación, Naima Trujillo Barreto.
La estrategia gubernamental contempla el uso de plataformas como el Entorno Virtual de Aprendizaje (EVA), desarrollado por la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), y el impulso de la política de transformación digital del Gobierno cubano. Según ha explicado la ministra de Comunicaciones, Mayra Arevich Marín, en espacios oficiales como la Mesa Redonda, la transformación digital comprende ejes prioritarios como la conectividad, la infraestructura y la educación digital con el objetivo de lograr una mayor eficiencia e inclusión.
Sin embargo, en la práctica los docentes se enfrentan a aulas desiertas y a aulas virtuales inaccesibles. El ministro de Educación Superior, Walter Baluja García, en declaraciones transmitidas en la cadena nacional, ha reconocido que el período lectivo ha debido reajustarse a la semipresencialidad atendiendo a las condiciones de cada territorio, recomendando el empleo de guías de trabajo a distancia e itinerarios flexibles.
La viabilidad de esta alternativa es fuertemente cuestionada por analistas e investigadores. Leonardo Fernández Otaño, historiador e integrante del Observatorio de Libertad Académica (OLA), advirtió sobre las marcadas limitaciones tecnológicas del país.
«Es una situación alarmante la transición forzada de la presencialidad a escenarios de semipresencialidad. La alternativa de enseñanza virtual resulta ineficaz cuando en las viviendas no existen condiciones mínimas: faltan horas continuas de luz, los datos móviles sufren caídas por los cortes en las radiobases y los alumnos no tienen los dispositivos adecuados», explica.
Elena Carmenate, profesora de Literatura en un instituto preuniversitario de La Habana, señala que el impacto se siente tanto en los centros educativos de enseñanza media como en la educación superior. Comenta además que la paralización o reducción del transporte público dificulta que los profesores lleguen a sus centros escolares de forma regular, mientras que las fallas en los servicios básicos castigan las rutinas de estudio en los hogares.
«Diseñamos guías digitales, enviamos tareas por WhatsApp o Telegram cuando hay señal, pero la atención del alumno se dispersa. Cuando se va la luz en su barrio por doce o catorce horas, no pueden cargar el teléfono ni revisar la materia. Al día siguiente llegan fatigados, preocupados por el transporte o por la comida en casa. Enseñar en esas condiciones exige más que pedagogía: exige contención emocional», agrega.
Por su parte, Yunieska Montoya, residente de Centro Habana y estudiante universitaria, relata el impacto del desabastecimiento en la conectividad directa. «Cuando ocurre un apagón largo, los datos móviles se desconectan por completo o la velocidad cae al mínimo. Para poder descargar una bibliografía en PDF o entregar un trabajo en la plataforma EVA, tengo que trasladarme caminando a zonas que tengan fluido eléctrico o señal de antena. Se pierde muchísimo tiempo y el desánimo generalizado es enorme».
Según reportes institucionales del sector de las telecomunicaciones emitidos por ETECSA y el Ministerio de Comunicaciones (MINCOM), la red de telecomunicaciones del país depende primariamente de la estabilidad del sistema eléctrico nacional. Al interrumpirse la corriente por períodos largos, las estaciones base celulares detienen paulatinamente su funcionamiento tras agotar el respaldo de sus baterías, dejando amplias zonas incomunicadas o con severos problemas de datos móviles.
Esta fragilidad estructural impacta directamente en la motivación estudiantil. Irina Montoya Benítez, subdirectora docente de la secundaria básica República Popular de Angola, en Alamar, coincide en que el éxito de la educación a distancia no depende únicamente de subir contenidos a una plataforma, sino del mantenimiento de una comunidad interactiva de aprendizaje. Cuando el canal de comunicación se fractura diariamente por apagones o falta de transporte para asistir a tutorías presenciales, aumenta el riesgo de deserción y el rezago académico.
«El desafío para el sector educativo radicará en encontrar fórmulas flexibles que no transfieran toda la carga tecnológica al hogar del estudiante, garantizando la equidad formativa en medio de uno de los entornos más complejos de la historia reciente de la región», concluye.










