¿Cómo captó el castrismo a sus grandes socios internacionales?

Tras el fin del bloque soviético, el castrismo sustituyó el reclutamiento de guerrilleros por el de inversionistas, utilizando sus redes de inteligencia para atraer capital extranjero a la Isla.
Zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM)
Zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM) (Foto: Radio Reloj)

PUERTO PADRE, Cuba. _ Un libro titulado Crónica del avestruz en Washington, _por aquello del sesgo cognitivo del que desestima la información negativa por peligrosa_ estuve a punto de publicar compilando textos periodísticos que por más de veinte años he escrito y publicado en este sitio y otros o comentado para la radio. Son textos sobre la guerra no declarada por el régimen castrocomunista contra Estados Unidos, cuando en fecha tan temprana como el 5 de junio de 1958, estando todavía en la Sierra Maestra y refiriéndose a “los americanos”, Fidel Castro dijo: “Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”.

Y no sería sólo su destino, sino que Fidel Castro arrastraría con él a todos los cubanos, víctimas unos y victimarios otros, todos por igual lanzados cuales perros de pelea en una lucha inútil, por necesidad mortal y hasta hoy sin final.

Pero, afortunadamente, ya no es necesario compilar esos artículos dispersos para tratar de despabilar esa suerte de avestruces adormilados en Washington durante más de 67 años. ¡Por fin!, el Departamento de Estado lo ha hecho: compiló un informe que funciona alto y claro, como un viejo reloj despertador Big Ben, metido dentro de una lata de galletas.

Y lo que muchos hemos dicho y redicho, desde ex oficiales operativos, periodistas, abogados, académicos o campesinos que vivieron y sufrieron esas experiencias, ya es oficial. El informe se titula, Cuba, la capital del comunismo del siglo XXI, tiene 107 páginas y está subdividido en nueve títulos: El Estado revolucionario, El nacimiento de una nueva izquierda, La exportación de la revolución, Un imperio de espionaje, Turismo revolucionario, La revolución racial, Grupos fachada y camaradas, Antiamericanismo internacional, y, Conclusión.

Pero este artículo va a contar otra historia, la del espionaje comunista en función del dinero capitalista.

Sería demasiado pedir al informe del Departamento de Estado que en 107 páginas nos reseñe más de 67 años de espionaje castrocomunista, y recuérdese que en 1953 ya Raúl Castro venía de Rumania junto con dos jóvenes comunistas guatemaltecos. De los que uno, sería un destacado economista “anti yanqui”; y, otro, fundador y jefe en el Ejército Guerrillero de los Pobres con el seudónimo de “Comandante Rolando”, cuando, por “casualidad”, durante la travesía de regreso a La Habana, se encontraron  con el oficial del KGB Nikolai S. Leonov que venía adscrito a la misión “diplomática” soviética en México, a caballo entre la diplomacia y el espionaje, ¿no?  

Pues, vamos al asunto de esta columna. A caballo va algo o alguien cuando se mueve entre dos realidades distintas, suele decirse. Y, salvo honrosas excepciones, así ha trotado la inversión extranjera en Cuba, traída por la brida de la Dirección de Inteligencia (DI), otrora Dirección General de Inteligencia (DGI), fundada por Manuel Piñeiro Lozada, más conocido por “Barbarroja”, fundador también del Departamento América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), creado con fachada política pero con el mismo propósito de la inteligencia del Ministerio del Interior. Cuyas misiones históricamente han sido el espionaje, las acciones de influencia, y la subversión internacional, pero que en el caso del Departamento América, esas tareas fueron diseñadas para ejercer trabajo operativo específicamente en países de cuatro áreas geográficas: Norteamérica, Centroamérica, Suramérica y el Caribe.

El “internacionalismo proletario” y la “solidaridad internacional” fueron mitos echados a volar personalmente por Fidel Castro y el Departamento Ideológico del PCC, cuando en realidad, todo el actuar internacional del régimen castrocomunista ha tenido un propósito bien definido, que es, la propia sobrevivencia del régimen, para lo cual trazó la estrategia de crear tantos conflictos para Estados Unidos como fueran posible. Y el arquitecto y a la vez ejecutor de esa obra fue Barbarroja, que organizó guerrillas en África, pero con mayor precisión desarrolló el movimiento guerrillero en Latinoamérica. Pero eso es historia y no es el tema de esta columna.

Traje el asunto de la organización del movimiento guerrillero latinoamericano y de subversión en general ideado por Fidel Castro y organizado por Barbarroja en los años 60, 70, y aún en los años 80 del pasado siglo, porque tras el derrumbe de la Unión Soviética en diciembre de 1991, Barbarroja se enfocó en convocar empresarios para que vinieran a invertir en Cuba del mismo modo que poco tiempo antes se había dedicado a reclutar agentes de penetración y a entrenar guerrilleros. Fidel Castro y Barbarroja personalmente dirigieron esa tarea. Y quienes bajo sus órdenes cumplieron esa misión, ya fuere como oficiales operativos, diplomáticos, agentes, relaciones de confianza u otros, lo saben muy bien.

Ya no se trataba de organizar redes de agentes secretos o de reclutar guerrilleros. A partir de diciembre de 1991 _incluso antes de esa fecha y previendo el derrumbe de la Unión soviética_ la prioridad en el trabajo operativo fue, _como hoy es_ traer empresarios extranjeros a Cuba. Y la misión la llevaron adelante abiertamente, mediante accionar “diplomático” o de viejos camaradas de lucha devenidos hombres de negocios, _y el chileno Max Marambio es un ejemplo muy conocido _ o, de forma secreta, haciendo trabajo de influencia sobre empresarios de manera encubierta, mediante colaboradores de la inteligencia, que los indujeron a invertir en Cuba, y como es sabido y para su mal, o quebraron o tuvieron otras desagradables “experiencias”.    

No, no es raro entonces y por aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres”, ver cómo algunas empresas extranjeras, muy reconocidas, hoy se marchan de Cuba para poner a salvo sus capitales; mientras otras, cambian de nombre; y otras “compran” sus activos a GAESA; y otras más, de forma anónima, prosiguen moliendo caña de azúcar a toda máquina, como el central “Coloso”, una sociedad anónima presuntamente guatemalteca que en el municipio Puerto Padre, según el glosario de la Ley Helms-Burton, “trafica” con el central Delicias, expropiado a una expresa estadounidense en 1960.

No. Por supuesto que no. El régimen totalitario castrocomunista no se desintegrará pacíficamente. Tampoco caerá con sanciones económicas porque como en tiempos de corsarios y piratas, siempre habrá alguien que, por hacer dinero, o, por viejos comprometimientos corra riesgos y burle la ley; engages llamaban a los bucaneros ¿no?

Y si el espionaje castrocomunista empleó todas las mañas posibles _que en la caja de herramientas del trabajo operativo son muchas_ para traer inversión extranjera a Cuba, entonces, ¿cómo pensar que no utilicen esos mismos chirimbolos aprieta tuercas para mantener a sus socios en una isla que no sólo lo es geográficamente, cuando algunos son ex guerrilleros, o ex espías comunistas, o lo son sus descendientes o apoderados, haciendo ahora de inversionistas capitalistas disfrazados cuales sociedades anónimas? ¿Y las bridas de Barbarroja dónde las colgamos? ¿A quién le sirve el cabestro?  

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