LA HABANA.- En los barrios de La Habana, el calor sofocante del verano se mezcla con el murmullo incesante de las plantas eléctricas que mantienen en funcionamiento negocios privados. Mientras los bloques residenciales permanecen sin electricidad durante 12, 16 o más horas consecutivas debido a la falta de combustible y el mal estado de las termoeléctricas, muy cerca de sus viviendas otros tienen luz. Desde que el régimen dividió el acceso al fluido electrico por circuito y no por bloques, apagar una cuadra y encender la siguiente es mucho más factible. Y lo que también ha sido factible es el desvío ilegal de fluido eléctrico hacia micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) y comercios particulares en detrimento del servicio destinado a los hogares.
Lo que había sido un comentario recurrente en colas y esquinas dejó de ser un simple rumor para convertirse en una denuncia pública. Vecinos de Calabazar, en el municipio Boyeros, así como residentes de Guanabacoa, San Miguel del Padrón y Diez de Octubre, han denunciado en redes sociales y en protestas a trabajadores de la Empresa Eléctrica por supuestas irregularidades que favorecen a negocios privados durante los apagones.
Según estas denuncias, el esquema funciona mediante acuerdos informales entre trabajadores de la Empresa Eléctrica y administradores de negocios. A cambio de pagos periódicos —con frecuencia en divisas o elevadas sumas en pesos cubanos— se manipularían circuitos de distribución, se realizarían conexiones directas a líneas priorizadas o se postergarían deliberadamente los cortes programados en los bloques donde operan estos establecimientos.
La Unión Eléctrica (UNE) reconoció parte de estas irregularidades al informar que abrió una investigación interna y un proceso penal contra linieros y otros trabajadores de la Empresa Eléctrica de La Habana por los hechos ocurridos en Calabazar (Boyeros). La empresa estatal condenó la actuación de sus empleados, acusados de manipular el servicio y desviar carga eléctrica hacia establecimientos privados a cambio de dinero en efectivo e insumos.
«En mi cuadra la luz se va a las ocho de la mañana y no regresa hasta bien entrada la noche, pero el bodegón privado de la esquina pasa el día entero con los refrigeradores encendidos sin usar planta», relata Carmen Rosa, vecina de Boyeros. «Cuando preguntamos a la Empresa Eléctrica nos dicen que la línea está fuera por déficit de generación, pero cruzas la calle y el negocio tiene corriente. Es una burla para las familias que ven cómo se les pudre la poca comida que consiguen».
«Lo que más indigna no es solo el calor, sino la desfachatez», añade Roberto, jubilado y residente en Diez de Octubre. «Aquí hay niños pequeños y ancianos enfermos que pasan la noche en vela, sofocados. Mientras tanto, en la misma cuadra ves un congelador privado repleto de helados funcionando a toda capacidad. Hemos denunciado la situación varias veces, pero cuando avisan que viene una inspección, misteriosamente bajan el interruptor por un rato y después todo sigue igual».
Para las mipymes y comercios dedicados a la venta de alimentos, la refrigeración y la gastronomía, los apagones representan pérdidas económicas considerables. El combustible para alimentar generadores privados escasea y alcanza precios prohibitivos en el mercado informal. Es en ese contexto donde, según varias denuncias, prosperan las ofertas de conexiones irregulares.
Un administrador de un bar-restaurante privado en Playa, que pidió permanecer en el anonimato por razones de seguridad, explica la dinámica desde la perspectiva empresarial:
«Mantener una planta eléctrica encendida durante diez horas seguidas me cuesta más de lo que gano en una jornada. Cuando se te acerca alguien que conoce el sistema eléctrico y te propone conectarte a un circuito priorizado o garantizarte que no te corten la corriente a cambio de una cuota mensual, muchos dueños aceptan. No es legal, pero para algunos es la diferencia entre mantener el negocio abierto o quebrar».
Un empleado de mantenimiento de un minimarket privado en el Vedado ofrece un testimonio similar:
«El problema es que las plantas chinas que compramos no aguantan el ritmo de los apagones actuales; se queman o consumen hasta 20 litros de diésel al día. Mi jefe habló directamente con la gente que maneja la pizarra en la zona. Nos cobraron una tarifa por fuera para conectarnos al cable que alimenta la clínica cercana. A nosotros nos beneficia porque no perdemos el empleo ni la mercancía, pero sabemos perfectamente que los vecinos nos miran con rabia porque ellos siguen a oscuras mientras nosotros permanecemos iluminados».
Las consecuencias van más allá de la percepción de injusticia. Un operario de una brigada móvil de la Unión Eléctrica en La Habana explicó a CubaNet que las conexiones irregulares y la sobrecarga de circuitos priorizados pueden saturar transformadores, desequilibrar las cargas de las subestaciones y provocar averías adicionales, lo que termina prolongando los apagones en las zonas residenciales.
El descontento popular por esta situación ha ido en aumento. En distintos barrios habaneros, vecinos han increpado a brigadas de la Empresa Eléctrica mientras realizan maniobras en los postes, exigiendo transparencia y denunciando presuntas irregularidades en la distribución del servicio. De hecho, los favorecidos no solo parecen ser los dueños de negocios, una vecina del barrio conocido como El Fanguito, en el municipio Plaza, aseguró a Cubanet que uno de los motivos por los que cerraron varias madres la calle 23 del Vedado fue para protestar por el desvío de electricidad.
Según su testimonio, desde hace aproximadamente dos o tres meses los vecinos observan que un vehículo llega a la zona y desconecta su sector para suministrar electricidad a varias viviendas cercanas.
“Entonces, aparecemos en el circuito como que tenemos luz, pero a nosotros nos desconectan y nos dejan 24, 40, 50 horas sin luz”, denunció.
La entrevistada ubicó el área supuestamente beneficiada entre la calle 32 y Pasaje A y afirmó que comprende 19 viviendas. También señaló que entre los inmuebles que conservarían el servicio se encuentran una casa que identificó como perteneciente al ministro de Salud Pública y un campo de tiro.
La crisis del sistema electroenergético cubano, marcada por el deterioro de las centrales termoeléctricas y el déficit crónico de combustible, ha colocado a la población en una situación de extrema vulnerabilidad. Cuando a esas carencias estructurales se suma la corrupción en la distribución local de la electricidad, el fluido eléctrico deja de ser un servicio público para convertirse, en la práctica, en un privilegio al alcance de quienes pueden pagarlo.









