Está claro que el poder que los lectores experimentaron desde el principio en las obras de Kafka tiene mucho que ver con su incomparable oído para la extraña música del lenguaje.
Tres partes se disputaron durante al menos una década el testamento traicionado de Kafka, fallecido hace cien años, y quien pidió como último deseo la destrucción por fuego de todo su legado escrito.
Los primeros gestos kafkianos de los ‘Diarios’ ensayan un mapa de sus ficciones: la ilusión de realidad, de la realidad al sueño, del sueño a la escritura.