Regis Soler y Lourdes Chong integran un dúo de artistas a los que une de manera indisociable la vida y la creación. Soler es un escultor que a través de exposiciones como Convivencia (1990) La fortaleza traslúcida (1995) Fragmentos deseados (1999) y Perspectiva del alma (2005) alcanzó una poética en la que su propia experiencia ha desempeñado un papel primordial. Sobre ello, Regis en una ocasión me comentó: “Mi mundo subjetivo está lleno de prejuicios, frustraciones, desencantos, convicciones, virtudes y defectos marcados por la huella que deja el medio social”.[1] Lourdes Chong, en cambio, es arquitecta, diseñadora y practicante de la metafísica china. Colabora con Regis en su reciente proyecto de exposición El momento observado, en la galería Espacio Bop de Madrid, donde se retoman obras realizadas en el año 2020 que no pudieron ser exhibidas por la pandemia y que ahora se exponen en una muestra integrada por 17 esculturas de pequeño formato.
Acerca de dicha muestra, ellos señalan: “Sobre la base de la interpretación del libro del I Ching hemos elaborado este proyecto, como una invitación a acercarnos a aquellos momentos que en detalle no siempre notamos, y que son capaces de mostrarnos mundos llenos de símbolos y emociones, si son observados en su esencia”. Como parte de su creación, han indagado en la sabiduría ancestral del libro oracular chino, teniendo como propósito, según se dice en el statement del proyecto: “ir desentrañando a través de las imágenes tridimensionales un mundo oculto a los sentidos”. De esta manera, estudiando el I Ching, se han apropiado de sus máximas para crear obras que nos transmitan ese conocimiento ancestral.
En este caso, la referencia de las piezas que integran la exposición se vincula con los hexagramas que componen dicho libro. De un total de 64 hexagramas (agrupación de declaraciones oraculares), seleccionaron 17 para evocar situaciones y circunstancias que históricamente han estado presente en la vida cotidiana del ser humano, “confeccionando varias imágenes y seleccionando materiales y soluciones formales acordes con la expresión de los signos, de forma tal que su exégesis tiene como principal propósito activar los sentidos del espectador”.[2]
En términos formales, las esculturas sintetizan contenidos intensos mediante un uso mínimo de recursos. Entre sus rasgos más distintivos destaca la presencia de la figura humana, presentada en ocasiones de manera fragmentada o incompleta, pero siempre integrada en una totalidad que orienta la interpretación hacia una reconexión con ese saber ancestral. A ello se suma la relación entre los títulos y la apariencia de las piezas, en las que intervienen materiales como piedra artificial, madera, fieltro, hormigón, metal, así como objetos cotidianos, cuerdas o hilos, incorporados al lenguaje plástico.
Cada hexagrama tiene una cadencia propia, su particular ritmo interno que los artistas logran traducir en una síntesis visual de notable fuerza expresiva. La apropiación de un sistema de conocimiento de esta naturaleza es un reto para la creación de cualquier artista, sin embargo, en el caso de Regis y Lourdes, lo asumen construyendo piezas que serán la consecuencia de hábiles combinaciones de materiales, texturas y apariencias, convertidas en formas que dialogan entre sí armónicamente para expresar los instantes humanos encarnados.
Aunque el espectador no necesariamente conozca este trasfondo ni esté entrenado en su lectura, el valor de las obras como expresión de conflictos, tensiones y experiencias humanas facilita su vínculo con el presente. La observación de ellas revela la composición sutil y efímera de cada momento, mientras que su sucesión dentro de la muestra remite a una idea fundamental: nada es permanente, salvo el cambio.
Deseo citar algunas piezas que nos aproximen a lo explicado como una vía expedita que fundamenta una poética y su estética particular, obras en las que la apropiación opera como un mecanismo que viabiliza la conciencia sobre ese presente.
Empecemos por el Hexagrama 23. La Desintegración que nos sumerge en el tiempo donde todo lo conocido se desmorona. La obra muestra a un hombre confeccionado en madera, sentado sobre un bloque de cemento gris y ligeramente inclinado. ¿Observa lo que le puede suceder o está conforme con la circunstancia que lo rodea, lo inmoviliza y lo absorbe? Su base de cemento está agrietada avanzando hasta las piernas, ocupando la mayor parte del espacio de la obra, sus muslos y el resto de su cuerpo son de madera, dando la impresión de que todo está siendo dominado por un cemento fragmentado y entonces puede ocurrir lo que el título nos anuncia.
Citaré algunos Hexagramas que han sido elaborados en madera y acrílico. El Hexagrama 2-línea 6, cuyo título es Lo Receptivo, nos recuerda valorar nuestra esencia y no pretender ser quienes no somos. La obra presenta un panel de madera en amarillo en su parte superior, dejando la parte inferior en color natural. Este mismo acabado cubre el rostro que corona la pieza, un rostro incompleto oculto hasta el comienzo de unos ojos que nos miran fijamente, dispuestos a la comunicación.
El Hexagrama 35, llamado El Progreso, representa un proceso gradual que conlleva preparación y constancia. La pieza hace descansar su atractivo en bandas rojas verticales colocadas una al lado de la otra, alternando con la madera, que terminan avanzando hacia la mitad de la espalda de un hombre desnudo y que evocan las flechas que debemos portar listas para atrapar las oportunidades que se nos presenten.
El Hexagrama 32, La Duración, el cual sobresale por su elegancia, nos habla de lo que permanece inmutable en el cambio. En este se aprecia un rectángulo pintado de azul entre dos líneas blancas, como si encerrara el cuerpo de la cabeza que lo corona. Con sus ojos cerrados transita por el centro del río vital sin apegarse a ninguna orilla, fiel a sí mismo, guiado por su corazón. La duración a que se refiere la obra es la que induce la calma que demanda el conocimiento.
En la pieza 7, El Ejército, se vislumbra un cuadrado formado por veinticuatro cuadrículas en negro, que simbolizan el orden, la disciplina, las normas, coronadas por el fragmento de una cabeza, que alude al líder.
En otro sentido, se encuentra la obra Hexagrama 56, El Andariego, de madera y cemento. Aquí el cemento sugiere el hogar abandonado y sobre él se levanta la figura en madera, que se proyecta en el borde de la pieza interrumpiendo su andar. Los artistas conocen las incertidumbres por las que pasa un emigrante en su transitar, sin que sepamos cuál será el punto de llegada, ni cómo se aproximará a él, cómo será su adaptación a ese destino cuando la imagen del hombre solo alude al movimiento.
La pieza Hexagrama 49, La Revolución, constituida por madera, metal oxidado y acrílico, presenta una figura humana sintetizada, que, en esta ocasión, se extiende hacia su base, dividida en dos partes, una envejecida y oscura por el óxido del metal y otra nueva roja y vibrante. El encuentro de estos materiales expresando la tensión entre lo viejo y lo nuevo, nos anuncia la necesidad de un cambio.
Hexagrama 16, El Entusiasmo, usa madera y cuerda. Un rectángulo de madera presenta en su extremo izquierdo una oreja de las que emergen unas cuerdas que se abren hacia el extremo opuesto, vaticinando un agrado, una complacencia por lo que se oye y que genera un exaltado estado de ánimo que eventualmente puede ser aprovechado para controlar al oyente.
Por último, deseo acercarme al Hexagrama 47 cuyo título es El Encierro de lo firme, compuesto por madera, cemento blanco y gravilla. El bloque alcanza la cabeza hasta el mentón, el rostro está de perfil, pero con la combinación de los materiales empleados para crearla, los autores han conseguido una imagen exquisita, que transpira la fortaleza y la determinación que en el hombre forja la crudeza del encierro.
Las obras quedan suspendidas en sus interpretaciones y, a su vez, definidas en ellas. Las piezas comentadas las he extraído del conjunto, buscando acercarme a la diversidad de sentidos que la inspiración en una tradición tan poderosa ha provocado en Regis y Lourdes, ideando imágenes que como ellos sentencian: “son momentos materializados” que esperan la contemplación del espectador para ser completadas.
En la tradición zen la unidad de cuerpo y espíritu se canaliza buscando una máxima simplicidad, no hay pasado ni futuro, solo un eterno presente y ese sentido de lo temporal se expresa con elementos muy simples, omitiendo lo que no es esencial y buscando la mayor emoción estética a través de la precisión técnica, junto a la cuidadosa selección de los elementos representados.
Los títulos elegidos recorren nuestra vida en distintas direcciones, desde las circunstancias que nos paralizan, las que interpretan el presente o aquellas ante las que no sabemos qué decisión tomar. Este sentido de lo temporal se traduce en la omisión de lo superfluo y en la búsqueda de una emoción estética depurada, sustentada en la precisión técnica y en la selección rigurosa de los elementos que componen las piezas.
Tal propósito sería suficiente para validar estas obras, pero insuficiente si dejamos de considerar la belleza de cada composición, la armonía que los autores alcanzan compensando y poniendo en diálogo materiales diferentes, a veces opuestos en textura y en posibilidades expresivas. Son obras delicadas en su apariencia, pero duras e intensas en lo que nos quieren decir, oposición que constituye su mayor validez.
Notas:
[1] Algunos fragmentos del texto “Regis modela su sensibilidad”, aparecido en la revista CdeCuba, n.o 29, 2021, pp.108-113, se han incorporado con modificaciones al texto presente.
[2] En el statement del proyecto, se dice, además: “El I Ching más que un libro oracular, es un libro único en varios sentidos: es ciencia, religión, poesía, política, filosofía, sociología y arte. Y su fuente de sabiduría de la vida consiste en lograr la armonía del individuo con el cambiante fluir de la vida y sus manifestaciones”.





