Amigos y colaboradores cercanos del artivista Luis Manuel Otero Alcántara, prisionero político en Cuba desde hace casi cinco años, aseguran este martes que se encuentra, física y psicológicamente, en “un punto límite”, y aun así ha decidido comenzar una huelga de hambre de una semana, luego de que –según trascendió– fuera amenazado de muerte por un agente estatal durante una revisión en la cárcel de máxima seguridad de Guanajay.
“Hoy Luis Manuel decidió que en vez de terminar su ayuno de 12 horas al día, que empezó el pasado jueves 26 de marzo y tenía planeado finalizar mañana martes 31 de marzo, comenzará una huelga de hambre hasta el próximo lunes 6 de abril. Solo tomará agua”, informó esta mañana en Facebook la activista e historiadora de arte Anamely Ramos, quien se mantiene en contacto con él. “Y el cuerpo de Luis ya no está para esas cosas. Perdí la cuenta de las huelgas que ha hecho en prisión, más las que había hecho afuera. Hasta una parálisis facial parcial sufrió en una ocasión. Esta vez, la decisión está catalizada por la recién amenaza de muerte que le hicieron, y porque él ya sospecha que querrán alargar su condena más allá de los cinco años, que terminan íntegramente en julio”.
Un post anterior en las redes sociales del performer, artista visual y líder del Movimiento San Isidro subrayaba las razones detrás de estos gestos extremos: “son las mismas que venimos denunciando desde que fue encarcelado INJUSTAMENTE el 11 de julio de 2021: Luis Manuel no es un criminal y, por tanto, DEBE SER LIBERADO”.
Asimismo, sus allegados han denunciado una “reciente cadena de arbitrariedades legales en su contra”, incluidas un par de negativas del Tribunal de Artemisa a acoger un recurso de habeas corpus según el cual ya se han cumplido los cinco años de su condena si se tiene en cuenta el tiempo de detención previo a la sentencia y las rebajas previstas por ley en caso de buena conducta.
“Cada huelga de Luis es una nueva autolesión para impedir que su cuerpo sea usado como burda mercancía. Es su manera de resistirse al chantaje que renueva el poder cada vez que se siente acosado o temeroso”, insistió este martes Ramos, exiliada en Estados Unidos. “Y Luis no quiere ser instrumento de ese chantaje, Luis siempre va a apostar por ser instrumento de libertad”.
Por su parte, la curadora Claudia Genlui recordó que “su cuerpo ha sido llevado al extremo durante años” y que han pasado cinco años en que “han jugado con su vida, manipulándolo, desgastándolo, torturándolo de forma sistemática”.
De modo que Otero Alcántara habría tomado esta decisión como un nuevo “acto de resistencia”, dada la plenaconciencia de que “su vida ha sido consumida en este proceso”.
Así, la huelga de hambre, sostiene Genlui en la distancia, “también es un grito desesperado frente a una amenaza de muerte que no es aislada”.
Según el testimonio de Daniel Alfaro, igualmente recluido en Guanajay, Otero Alcántara fue amenazado de muerte durante un intercambio con autoridades en prisión, las cuales habrían respondido que con “las AKM que tenían lo iban a matar”.
Detenido el 11 de julio de 2021, mientras se desarrollaba un estallido social sin precedentes en la isla, y condenado casi un año después a cinco años de privación de libertad –junto al rapero y opositor Maykel Osorbo, sentenciado a nueve años– Luis Manuel Otero Alcántara no solo es considerado un preso de conciencia por entidades internacionales, sino que es una de las figuras más prominentes del activismo político frente al régimen de La Habana en la última década.
Desde la cárcel ha continuado creando y haciendo arte político: en febrero último, se conoció un nuevo performance suyo, Maferefum, en que “una marcha de santos” del panteón yoruba tomaba una calle de la barriada habanera de Párraga, a manera de ejemplo simbólico para una ciudadanía limitada en sus derechos cívicos y sometida a las penurias de una crisis multidimensional que dura años.
En 2021, el artista cubano fue incluido entre las cien personalidades más influyentes del mundo, según la revista Time, y, en 2024, mereció en Noruega el Premio Rafto de Derechos Humanos en virtud de “su valiente oposición al autoritarismo a través del arte”.

