Las páginas que siguen están consagradas a la memoria de José Rodríguez Feo. Hombre de audaces empresas culturales, animador, mecenas, editor y crítico de excelentes dotes, Rodríguez Feo constituye, por sí mismo, un capítulo imprescindible de la cultura nacional, desde la fundación de Orígenes, hará en junio cinco décadas (y Pepe, al morir en diciembre pasado, era Presidente de Honor de la Comisión Conmemorativa) hasta sus años finales, vividos con orgullo en su tierra, como trabajador de la Unión de Escritores y Artistas, cuya biblioteca fundó y cultivó.
Hijo de la burguesía cubana, hombre de fortuna él mismo, abrazó muy pronto una cubanía esencial que le permitió desarrollar un pensamiento cultural abierto al mundo y comprometido, al propio tiempo, con las raíces y necesidades de su tierra, y se entregó a esa tarea con la generosidad de un verdadero intelectual revolucionario.
El triunfo de la revolución constituyó para él la garantía de continuidad de sus empeños intelectuales y la posibilidad de que se hicieran realidad sus sueños de creación, justicia y belleza. Pepe no vaciló en incorporarse en 1961 a la campaña de alfabetización y en esta épica se puso en contacto con un mundo hasta entonces ignorado, y se acercó a experiencias humanas y sociales que enriquecieron su imagen de la Cuba profunda y del proyecto emancipador.
La muerte de un escritor sólo ocurre en sus páginas y hoy sabemos que la obra de Pepe va a estar acompañándonos día a día en la conformación difícil y hermosa del destinó de nuestra Isla. Como todo hombre valioso, su vida estuvo rodeada de amigos que lo quisieron entrañablemente, y aquí se reúne un grupo de ellos para recordar la vida preciosa de quien no hizo más que dar de sí, no ya todo cuanto pudo, que fue mucho, sino todo cuanto quiso, que fue aun más.

