septiembre 29, 2026

“Si han sobrevivido en Cuba, imaginen lo que harían con libertad”: Santiago Álvarez a los emprendedores

El empresario y exiliado cubano defiende a los emprendedores de la Isla, advierte del riesgo de que la élite se apropie de los activos en una transición y explica por qué hoy apuesta por la no violencia.
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Santiago Álvarez. (Foto: CubaNet)

MIAMI.- El empresario y exiliado cubano Santiago Álvarez llegó a Estados Unidos a los 18 años y comenzó lavando platos en un hotel de Miami. Después hizo carrera en la construcción, mientras mantenía su actividad a favor de la democracia en Cuba.

En esta entrevista habla de lo que aprendió al levantar un negocio, de los emprendedores que hoy operan dentro de la Isla y de las garantías que, a su juicio, necesitaría una transición. También explica por qué dejó de considerar la vía armada para el cambio político.

Usted llegó a Estados Unidos muy joven. ¿Cómo comenzó su carrera empresarial?

Llegué a los 18 años, cuando terminé el bachillerato en Cuba. Mi primer trabajo fue lavando platos en el hotel Fontainebleau, a un dólar por hora. Después trabajé en otras cosas y empecé a manejar camiones. Llegué a comprar dos o tres camiones de volteo.

Más tarde me uní a una empresa estadounidense. Vendía concreto y bloques a contratistas de origen cubano que estaban surgiendo entonces en el sur de la Florida. Estudié, obtuve mi licencia de contratista general y desde 1971 sigo activo. Siempre he ligado mi vida empresarial con mis actividades a favor de la democracia en Cuba.

¿Qué le enseñó esa experiencia sobre cómo crear y sostener una empresa?

Primero tienes que saber lo que quieres y aprender a trabajar en ese campo. Después, tener mucha constancia. Para mí, lo más importante para triunfar en un negocio no es tanto la inteligencia como la tenacidad.

Si algo sale mal, no te eches atrás. Si eres honrado y construyes buenas relaciones con las personas vinculadas a tu negocio, ellas también te van a ayudar, porque pueden prosperar contigo. Pero tienes que cumplir y no dejarte caer ante el primer problema.

Santiago Álvarez. (Foto: CubaNet)

¿Cuánto influye el libre mercado en la posibilidad de emprender?

Muchísimo. Sin libre mercado, las personas tienen que operar como ocurre en Cuba: cerca del poder o de manera clandestina. Muchos emprendedores se ven obligados a comprar o vender cosas a espaldas de los inspectores.

Cuando me reuní con empresarios cubanos les dije que hoy pueden funcionar porque el Gobierno no tiene capacidad para hacer lo que ellos hacen. Son una necesidad para el Gobierno. Pero, a medida que crecen, también les ponen más trabas. Por eso necesitan defender el espacio que han ganado.

Usted ha tenido contacto con emprendedores dentro de Cuba. ¿Ve diferencias entre los negocios de La Habana y los del resto del país?

Sí. En el interior he conocido emprendedores que comenzaron sin dinero y han crecido porque son parte de la comunidad. Algunos venden a crédito a los campesinos para que les paguen después. Eso crea una relación distinta con la gente.

No pondría a todos en el mismo grupo. Hay negocios muy próximos al poder, sobre todo entre los más grandes de La Habana, pero también hay personas que están trabajando y ayudando a sus vecinos en condiciones muy difíciles.

¿Qué podrían hacer los emprendedores cubanos si tuvieran libertad?

¿Cómo mantiene esos vínculos con personas dentro de la Isla?

A través de la Fundación Rescate Jurídico ayudamos a familiares de opositores y presos políticos. Según nuestra experiencia, hemos podido organizar esa ayuda con recursos que ya están dentro de Cuba.

Hace años también realizamos seminarios en Estados Unidos para jóvenes cubanos, opositores y no opositores, en colaboración con personas vinculadas a la Universidad de Miami y la Casa Bacardí. Vinieron distintos grupos durante dos semanas. Aquellos encuentros nos permitieron conocer mejor a personas que hoy siguen viviendo y trabajando en Cuba, y mantener el contacto con ellas.

Si Cuba iniciara una transición democrática, ¿estaría dispuesto a desarrollar negocios allí?

Si Cuba empieza a transitar hacia un régimen de derechos, yo estaría allí. Es difícil que yo llegue a un lugar y no piense en hacer negocios, porque es lo que sé hacer. Pero mi objetivo principal no sería construir apartamentos ni ejercer como contratista.

Quisiera ayudar a institucionalizar la democracia, el respeto a la ley y la justicia. No aspiro a formar parte de un gobierno, pero sí creo que podría contribuir.

¿Contaría en esa transición con personas que hoy trabajan para el Estado?

No se puede decir que todo el que ha trabajado para el Gobierno es corrupto o responsable de lo que ha ocurrido. En Cuba hay gente que ha tenido que vivir y trabajar dentro del sistema. No descarto compartir una transición con personas de la administración, siempre que no formen parte de la cúpula del castrismo.

Hay profesores universitarios, médicos, economistas e incluso funcionarios con capacidades que el país necesita. No podemos llegar a construir una Cuba nueva excluyendo a todo el que piense distinto. La ciudadanía debe tener derecho a disentir.

¿Cuáles serían las reformas indispensables para que los emprendedores pudieran prosperar?

Para mí hay dos condiciones fundamentales: justicia y progreso. El progreso requiere libertad económica y respeto a la empresa privada. La justicia exige un sistema jurídico que no esté manejado por el Gobierno.

Tiene que haber separación entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Sin garantías constitucionales reales, un empresario no puede estar seguro de que conservará lo que construya.

Muchos empresarios del exilio tienen capital. ¿Qué tendría que ocurrir para que invirtieran en Cuba?

Una transición hacia un sistema verdaderamente democrático, con garantías constitucionales. Los cubanos que viven fuera de la Isla pueden desempeñar un papel importante en su reconstrucción. Yo conozco a muchos que regresarían para trabajar e invertir si se sintieran seguros.

Hoy puede haber una Constitución escrita, pero si el Partido Comunista está por encima de las demás instituciones, ¿qué garantía tiene quien quiera hacer una inversión?

¿Cómo impedir que una privatización termine beneficiando a quienes ya controlan los recursos del país?

Ese riesgo existe. En Rusia, personas que tenían poder dentro del sistema terminaron apropiándose de empresas que pertenecían al Estado. Cuba no debería repetirlo.

Habría que estudiar cómo restituir propiedades a quienes fueron despojados de ellas y bajo qué condiciones podrían ponerlas nuevamente a producir. Hay fincas abandonadas que, con inversión y trabajo, podrían recuperarse. Lo esencial es que el proceso tenga reglas claras y no se convierta en un reparto entre quienes ya están cerca del poder.

¿Qué les diría a los pequeños empresarios que siguen trabajando en Cuba pese a las restricciones?

Que sigan remando. Han sobrevivido durante años en un ambiente hostil y eso demuestra una tenacidad enorme. Algunos han crecido aun cuando las reglas les impiden operar plenamente o acceder a financiamiento.

A quienes piensan que un cambio no les conviene porque hoy tienen un negocio, les preguntaría qué podrían lograr si pudieran trabajar legalmente, obtener un préstamo y ampliar su empresa sin miedo a perderla. Si han podido avanzar con tantas limitaciones, imaginen lo que podrían hacer con libertad y garantías.

Durante años usted defendió otras formas de lucha contra el Gobierno cubano. ¿Por qué apuesta ahora por apoyar a los emprendedores y promover la no violencia?

A principios de este siglo yo pensaba que había que usar las armas para cambiar Cuba. Fui condenado en Estados Unidos y me declaré culpable. Cuando me sentenciaron, le prometí al juez que seguiría trabajando por mi país, pero que no volvería a violar la ley estadounidense.

Con el tiempo he ido más lejos en esa reflexión. Me convencí de que la fuerza no es el camino para Cuba. Hay que usar la no violencia, educar y ayudar al cubano que comienza a trabajar en la empresa privada. El progreso económico tiene que avanzar junto con la justicia. Sin justicia, Cuba no va a ninguna parte.

Nota: Esta entrevista se realizó como parte de una colaboración con el proyecto de Cuba Siglo 21  «Cuba: reconstruir y reinventar».

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