¿Será “El Cangrejo” el enviado a la Casa Blanca por su abuelo Raúl Castro?

Pocas dudas caben de que, por sus pocas luces, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alías “El Cangrejo”, es ante la administración Trump cualquier cosa, menos que un enviado de lo que debía ser el Estado cubano.
Marco Rubio / Raúl Castro y su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro
Marco Rubio / Raúl Castro y su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro (Collage: Alas Tensas)

PUERTO PADRE, Cuba. _ Hay un barullo en Cuba y Donald Trump, Marco Rubio y John Ratcliffe, el director de la CIA, deben estar frotándose las manos. En este guirigay por un lado están los defensores del archipiélago-cárcel y como salido de una burbuja, un anodino “negociador” con la administración Trump. Sí, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alías “El Cangrejo”, y, por el otro extremo de la controversia, van quienes todavía creen que Cuba es una “república libre y soberana” y no una finca con máscara de país. ¡Los pobres! Unos engañados y otros desengañados.

Pero, aunque John Ratcliffe vino a La Habana y como si hubiera sido un sastre debió tomarle las medidas a “El Cangrejo”, para saber qué sayo ponerle a la hora del cuajo, pues no, el conflicto no es obra de la CIA para dividir, como dicen algunos cipayos. No. El trajín es de Raúl Castro. O, más propiamente dicho, el enredo obedece a que sobre los poderes del Estado y la supuesta soberanía nacional, está, sentado a horcajadas como en un taburete campesino con cuero de chivo, el jefe supremo, el “líder histórico”. Raúl Castro, genéticamente, con propensión a desconfiar de todo y de todos, hasta de su sombra, “paranoia agravada por senilidad”, diría un psiquiatra.

Resulta que, desde 1959 y hasta el presente, todas las administraciones de Estados Unidos han sostenido conversaciones secretas con el régimen de los hermanos Castro. Y, en esas platicas, si invariablemente fueron los presidentes estadounidenses y Fidel Castro _incluso enfermo no se apartó de esa tarea hasta su muerte en 2016_ los emisores, receptores y decisores de esos mensajes encubiertos, llevados y traídos siempre por la parte cubana a través de diplomáticos y oficiales de inteligencia muy experimentados, o por integrantes del Gobierno con cargos públicos importantes, ahora no resulta así, y tal pareciera como si el “presidente” de la “república” estuviera al margen de las relaciones Cuba-Estados Unidos. Y en su lugar, por la preeminencia de esa tarea, se estuviera construyendo una figura pública, la de “El Cangrejo”, para a la muerte de Raúl Castro, ocupar su puesto de poder real, y gobernar a la sombra, aunque los cargos formales los continúen ocupando los comisarios del Partido Comunista y de eso que llaman “Asamblea Nacional del Poder Popular”.

Pero lo dicho, y lo mostrado por “El Cangrejo” a USA Today, vaya… ¡No tiene nombre! Pocas dudas caben de que, por sus pocas luces, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alías “El Cangrejo”, es ante la administración Trump cualquier cosa, menos que un enviado de lo que debía ser el Estado cubano. En todo caso es un delegado de la familia Castro, un lleva y trae personal de su abuelo, como ya lo fue ante la administración Obama Alejandro Castro Espín, alías “El Tuerto”, hijo de Raúl Castro.

Esas sospechas, vienen a corroborarlas un análisis comparado y a modo de ejemplo de algunos de los que antecedieron a “El Cangrejo” y a “El Tuerto” en esas consuetudinarias pláticas secretas, entre los que estuvo por cierto, el coronel Antonio “Tony” de la Guardia Font, acusado por “narcotráfico” y fusilado junto al general Arnaldo Ochoa Sánchez y otros oficiales en julio de 1989, diez años. Todas las administraciones estadounidenses contemporáneas, comenzando por el presidente Eisenhower y concluyendo ahora con Donald Trump han dialogado secretamente con el régimen totalitario castrocomunista.

Y de tan vieja data son esos conciliábulos, que es a Raúl Roa, que fuera decano de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de La Habana, y desde enero de 1959 quien representó a Cuba ante la Organización de Estados Americanos y luego como ministro de Relaciones Exteriores, a quien se atribuye el inicio de los llamados “diálogos discretos”. El primero de ellos ocurrido en la primavera del propio año 1959, durante un almuerzo en Nueva York, invitado Roa por R. Richard Rubboton, subsecretario de Estado para asuntos Interamericanos.

Y fue en Punta del Este, Uruguay, el 18 de agosto de 1961, durante la conferencia inaugural de Alianza para el Progreso, cuando el representante de Cuba, el mismísimo Ernesto Che Guevara, luego de pronunciar sus diatribas contra el “imperialismo yanqui”, recurrió a diplomáticos argentinos y brasileños para que lo ayudaran contactar con Richard Goodwin, un asesor de la Casa Blanca, a quien pidió trasmitir a la administración Kennedy, la voluntad del “gobierno revolucionario” para mantener un modus vivendi con Estados Unidos. Ver para creer, ¿no?

Pero, si ni “El Cangrejo” , ni “El Tuerto” están al nivel intelectual de Raúl Roa o al palabreo y a las mañas de la Stasi y el KGB aprendidas por el Che Guevara, habría que preguntarse cuán más lejos intelectualmente todavía está Raúl Guillermo Rodríguez Castro de Gabriel García Márquez, utilizado por Fidel Castro como su enviado personal ante el presidente Clinton, supuestamente, para establecer Cuba cooperación antiterrorista con Estados Unidos. Pero que indudablemente, fue una misión de sonsacamiento económico cuando el Premio Nobel de Literatura, no en la Oficina Oval, sino en una del extremo oeste de la Casa Blanca, _el Presidente no recibió a García Márquez. Dijo no regresaría a Washington en varios días_ al filo del mediodía del 6 de mayo de 1998, dijo a Thomas McLarty, uno de los asesores de política exterior de Clinton a Richard Clarke, jefe de antiterrorismo y a Jeff DeLaurentis, especialista en Cuba del Consejo de Seguridad Nacional que si “la cooperación en materia de seguridad podría abrir paso a un clima propicio para que se autorizaran de nuevo de manera irrestricta los viajes de estadounidenses a Cuba”. Esto es miles de millones de dólares para el castrismo limpios de polvo y paja, turismo, y no de mochila.

Y, por supuesto, McLarty, Clarke, DeLaurentis, ni Berger ni Dobbin, especialista de seguridad nacional que también allí estaban, según dijo García Márquez a Fidel Castro, “no tenían o no quisieron revelar ningún propósito inmediato de reanudar los viajes de estadounidenses a Cuba”. Esto es, embargo puro. Cabe entonces preguntar: ¿Si Gabriel García Márquez, enviado personal de Fidel Castro no fue recibido en la Oficina Oval por el presidente Clinton, qué esperanzas tiene de ser recibido por el presidente Trump en la Casa Blanca Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alías “El Cangrejo”, enviado por su abuelo?                

Biografía del autor:

ARTÍCULO DE OPINIÓN Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Sigue nuestro canal de WhatsApp. Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de Telegram.