Puerto Padre, Cuba, viernes 15 de mayo de 2026. — Error es, y garrafal es la pifia, creer —según dicen los medios de propaganda del régimen— que el director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió este jueves en La Habana con su “contraparte”: el general de cuerpo de ejército Lázaro Alberto Álvarez Casas, ministro del Interior, y con la dirección operativa superior de la Seguridad del Estado, los generales de brigada Ramón Romero Curbelo y Norge Fermín Enrich Pons, jefes de las direcciones de inteligencia y contrainteligencia, respectivamente.
Y digo que es un disparate afirmar que el director de la CIA se reunió en La Habana con su “contraparte” cubana —entiéndase, con sus homólogos— porque frente a John Ratcliffe esos generales que vimos en las fotografías fueron mera escena de teatro; sí, ¡cómo no!, simples piezas de utilería, como en un teatro de títeres.
¿O acaso olvidaron que el director de la CIA vino a Cuba con un mensaje personal del presidente Donald Trump? Y ese mensaje iba dirigido a Raúl Castro. Y sabido es: los ojos y los oídos de Raúl Castro no son los del ministro del Interior, Álvarez Casas, ni los de ningún otro ministro, general de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) o de Díaz-Canel, jefe del Partido Comunista de Cuba (PCC). Los cinco sentidos de Raúl Castro son los de su nieto, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias “El Cangrejo”, quien, como en la familia Corleone, además de nieto dilecto es su ayudante personal.
¿O acaso se olvidó que el mando real en Cuba lo detenta Raúl Castro, por encima del PCC y de la llamada “Asamblea Nacional del Poder Popular”?
Recordemos a qué vino Ratcliffe a La Habana: traía un mensaje de Trump para Raúl Castro. Reseñemos entonces por qué ese recado, y estos son los hechos:
Según información de CBS News, autoridades judiciales de Estados Unidos estarían avanzando en la imputación contra Raúl Castro por su presunta participación en el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, crimen de lesa humanidad ocurrido el 24 de febrero de 1996. El fiscal general de Florida, James Uthmeier, dijo el mes pasado que existía una investigación estatal en curso.
Este lunes, Axios publicó lo que constituye una alerta. Según advirtió ese medio, aunque no existen señales de que esto ocurra, sí existe la posibilidad de una intervención militar inminente de Estados Unidos en Cuba. Y Axios, según el propio régimen totalitario castrocomunista, difunde información que el Departamento de Estado tiene interés en que se conozca.
Y este martes, interpelado por el congresista Díaz-Balart, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó en el Congreso que el régimen cubano representa una amenaza para la seguridad nacional estadounidense. Aunque evitó ofrecer pormenores de información clasificada, Hegseth respondió “sí” cuando fue preguntado sobre los desafíos que La Habana constituye para Washington, entre los que se incluyen la presencia en Cuba de potencias hostiles a Estados Unidos —como Rusia y China— en los terrenos militar, político y geopolítico en general.
Con esos antecedentes llegamos a este jueves, cuando el director de la CIA, John Ratcliffe, llegó a La Habana y permaneció allí unas seis horas. Y, sobre el porqué de esa visita, no vamos a reiterar —por archiconocidas— las declaraciones públicas del presidente Donald Trump y del secretario de Estado, Marco Rubio, respecto a Cuba y al régimen castrocomunista. Basta decir que, según Fox News, Ratcliffe fue portador de un mensaje personal del presidente Trump concerniente al compromiso de Estados Unidos —que no es por tiempo infinito— de colaborar “si Cuba realiza cambios fundamentales”.
Y esos cambios, según están codificados jurídicamente, debemos verlos a la luz de la Ley Libertad (Helms-Burton). Por tanto, el mensaje del presidente, traído por el director de la CIA, también aclara que Washington no permitirá que La Habana cruce “líneas rojas”.
Ahora resulta útil preguntar: ¿para qué Washington envió a La Habana un avión considerado como una oficina aérea de la Casa Blanca y, en ese despacho volante, a un emisario de tan alto nivel, nada menos que al director de la CIA, organismo que en Cuba —según la propaganda del régimen— es presentado como sinónimo del mal?
La respuesta a esa interrogante constituye una anécdota. Ayer, desde Estados Unidos, me escribió mi amiga Patricia diciéndome: “Cuba ha informado que el director de la CIA visitó La Habana. Creo que hay un acelerador. Pero no sabemos si es para bien o para mal”.
A mi amiga le respondí lo que ahora les digo a los lectores: “Por lo antes dicho por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio, pienso que, hablando en términos operativos, esta visita es una profilaxis que huele a advertencia oficial. Me explico: Ratcliffe diría a su ‘contraparte’, El Cangrejo: ‘Ustedes están en esto y en esto otro, y solo tienen dos opciones: o lo cortan ustedes o lo cortamos nosotros’”.
Y concluí el mensaje a Patricia como ahora concluyo esta columna: “A estas alturas del partido, le queda muy grande a la administración Trump un doble juego; es decir, repetir una cosa para luego hacer otra. Eso sería muy costoso para Trump, para su partido y para la credibilidad de Estados Unidos, tanto ante sus amigos como frente a sus enemigos”.









