MADRID, España.- Rusia ha desplegado un submarino y varios buques de su Armada en el Atlántico Norte para proteger un petrolero vinculado a Venezuela que Estados Unidos intenta incautar en el marco de la aplicación de sanciones internacionales contra el régimen de Nicolás Maduro. El movimiento confirma el respaldo de Moscú a Caracas en un escenario de creciente presión diplomática y militar.
El buque, anteriormente conocido como Bella 1 y recientemente rebautizado como Marinera, es seguido por autoridades estadounidenses desde hace varias semanas, según The Wall Street Journal. La embarcación habría intentado eludir el bloqueo marítimo parcial impuesto por Washington a operaciones petroleras vinculadas a Venezuela, lo que motivó una orden judicial para su detención.
De acuerdo con datos del sistema de rastreo Marine Traffic, el Marinera avanza hacia el noreste del Atlántico, entre Islandia y el Reino Unido. Analistas citados por medios internacionales señalan que el buque podría dirigirse al Mar Báltico o continuar hacia Murmansk, un puerto estratégico del Ártico ruso que permanece operativo durante todo el año.
El incidente se originó el 21 de diciembre, cuando la Guardia Costera de Estados Unidos interceptó al entonces Bella 1 en el Mar Caribe. Según la versión oficial, la tripulación se negó a permitir una inspección a bordo y abandonó la zona, internándose en el Atlántico. A partir de ese momento, Washington inició una operación de seguimiento sostenida para ejecutar la incautación del buque por violaciones del régimen de sanciones.
Tras ese episodio, el petrolero cambió de nombre y pasó a navegar bajo bandera rusa, una maniobra que Moscú ha utilizado como argumento para justificar su intervención naval. El despliegue de fuerzas rusas busca disuadir cualquier intento de abordaje, reforzando la protección de un barco señalado por transportar crudo asociado a redes que benefician al régimen venezolano.
Para Rusia, el caso se inscribe en su estrategia de respaldo político, militar y energético a Venezuela, uno de sus principales aliados en América Latina. Moscú ha sido clave para sostener a Caracas frente al aislamiento internacional, ya sea mediante cooperación petrolera, acuerdos financieros o apoyo diplomático en foros multilaterales.
El despliegue naval ruso en aguas internacionales eleva la tensión con Washington, pero también evidencia hasta qué punto el régimen de Venezuela depende de sus aliados para mantener a flote su industria petrolera, pese a las sanciones. Analistas advierten que el uso de escoltas militares para proteger buques cuestionados por la comunidad internacional marca un precedente preocupante y expone el papel de Rusia como garante externo de las operaciones energéticas del chavismo.








