febrero 22, 2026

Rey Anthony: “Ser cubano me hace mejor americano”

Nieto de cuatro exiliados, hoy es el jefe de gabinete del congresista Carlos Giménez.
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Foto: Cortesía del entrevistado

MIAMI.-Con una trayectoria sólida en la política, a pesar de su juventud, y una identidad marcada profundamente por el exilio cubano, Rey Anthony acaba de asumir como Jefe de Gabinete del congresista Carlos Giménez. El nombramiento consolida el ascenso de este consultor político de Miami, quien ha pasado por posiciones clave tanto en el Congreso como en el Senado, y que recientemente se desempeñó como asesor principal de la senadora Ashley Moody, además de haber sido Director de Asuntos Públicos de la Fiscalía General de Florida y Director de Comunicaciones de la congresista María Elvira Salazar.

Pero más allá de los cargos y los títulos, Anthony se define desde un lugar mucho más íntimo. “Lo digo con mucha honra: soy pinareño. Nací en Miami, pero soy pinareño”, afirma, reivindicando unas raíces campesinas que ubican sus orígenes en Pinar del Río y en una familia de guajiros y maestras marcada por el destierro. Nieto de cuatro exiliados cubanos —uno de ellos preso político—, creció escuchando historias de una Cuba perdida que, según recuerda, “era un tema diario, a veces sin que ellos se dieran cuenta”.

Esa memoria familiar, tejida entre el campo cubano, la represión y la imposibilidad del regreso, es la que explica por qué Anthony habla de Cuba no como un asunto distante, sino como una causa personal.

—¿De dónde vienes y cómo defines tus raíces?
—Lo digo con mucha honra: soy pinareño. Nací en Miami, pero soy pinareño. Vengo de una familia de guajiros, campesinos y maestros. Todas las mujeres de mi familia —mi madre, mi hermana, mis abuelas— fueron maestras; los hombres trabajaban la tierra, cultivaban frutas y verduras. Crecí con ese legado muy presente.

—¿Qué te enseñó tu familia sobre Cuba?
—Muchísimo. Soy Rey Anthony, nacido y criado en Miami, y me siento profundamente orgulloso de ser nieto de cuatro exiliados cubanos. Tuve el privilegio de crecer con mis cuatro abuelos, que me inculcaron gratitud por Estados Unidos, pero también la esencia de lo que somos: cubanos. Eso ha marcado toda mi vida.

Junto a la opositora Rosa María Payá
Junto a la opositora Rosa María Payá

—¿Qué recuerdos de tus abuelos te marcaron más?
—Es imposible pensar en mi familia sin pensar en Cuba. Cuba era un tema diario, a veces sin que ellos se dieran cuenta. Todo era mejor en Cuba: las frutas, los mameyes, las guayabas, la vida en el campo de Pinar del Río. Mis abuelos eran guajiros y esas anécdotas estaban siempre presentes.

—¿Ellos te contaron su salida de Cuba?
—Sí. De niño era muy curioso y prefería hablar con mis abuelos antes que con otros niños. Me contaron cosas que ni siquiera mis padres sabían, como que uno de mis abuelos fue preso político. Con el tiempo fui conociendo esas historias durísimas, y eso me impactó profundamente.

—¿Cómo recuerdas la Cuba previa a 1959 a través de ellos?
—Mi abuela nació en un batey azucarero; describe una niñez bonita, diversa, con trabajadores, bodegueros, vendedores, campesinos. Ella estaba en La Habana el 1 de enero de 1959 y vio la euforia del pueblo. Siempre recordaba una frase: “Lo bueno que tiene esto es lo malo que se está poniendo”. Esa esperanza inicial que luego se traicionó.

—¿Cómo fue tu infancia en Miami?
—Muy feliz. Crecí rodeado de mis abuelos, padres, tíos y primos. En mi familia siempre se nos enseñó que el fracaso no es una opción. Había cariño, disciplina y ambición sana. Viajábamos mucho y teníamos una finca en los Redlands, donde mi madre organizaba guateques campesinos. Ahí me conecté profundamente con la música y la cultura cubana.

—¿Cuándo decides entrar en la política?
—Siempre fui inquieto e inconforme. Desde niño quería entender y participar en las decisiones. Al crecer, empecé a cuestionar decisiones de gobierno y entendí que, en vez de quejarme, debía involucrarme. Si no estás en la mesa, otros deciden por ti. Y en mi caso, el tema de Cuba fue decisivo.

Rey Anthony con Marco Rubio

—¿Pensaste en otra profesión?
—Jamás. La política siempre me apasionó, precisamente por las historias de mis abuelos, por lo que vivieron y por la injusticia de que personas que admiro hayan sido desterradas de su país.

—¿Qué te motiva hoy respecto a Cuba, Anthony?
—Ver a los jóvenes dentro de la isla alzando su voz con valentía. Me duele ver jóvenes como yo, que podrían tener las mismas oportunidades, viviendo bajo una dictadura cruel que humilla al pueblo. Eso me indigna profundamente.

—¿Qué le dirías a alguien que defiende el régimen?
—Que nosotros no pudimos regresar nunca. Mientras otros latinoamericanos viajaban cada verano a su país, nosotros no teníamos esa opción. Esa herida marca. A solo 30 minutos de aquí hay personas como nosotros, pero sin libertades básicas. Eso no se puede justificar.

—¿Cómo ves el papel del exilio en la política del sur de la Florida?
—Es inseparable. No se le puede pedir a un desterrado que olvide. El exilio cubano ha moldeado esta política desde los años 80, cuando muchos se hicieron ciudadanos para votar, especialmente motivados por figuras como Ronald Reagan.

—Hoy trabajas en el Congreso. ¿Qué significa eso para ti?
—Es un honor inmenso ser jefe de gabinete de un congresista federal como Carlos Giménez. Representamos a la comunidad, ayudamos a resolver problemas cotidianos y trabajamos en temas clave como seguridad nacional, frontera y la amenaza del comunismo, especialmente el papel de China en Cuba.

—¿Cómo manejas el estrés?
—Duermo poco, pero hago lo que amo. No lo siento como trabajo. Lo haría gratis. Lo más duro es ver que, tras 67 años, Cuba siga sin ser libre. Eso frustra, pero no me rindo. Soy un optimista incorregible.

—¿Dónde trazas tu línea roja en política?
—La libertad de Cuba. Eso no se negocia. Los derechos humanos, los principios, la democracia no son moneda de cambio. Todo lo demás puede debatirse.

—¿Cuál es tu mayor sueño personal?
—Ir a Cuba con mis abuelos. Cerrar ese círculo. Caminar por los lugares que ellos conocieron. Sería un momento de realización absoluta.

—Para terminar: muchos sienten que hablas como alguien nacido en Cuba. ¿Por qué?
—Porque Miami es Cuba. Es la séptima provincia. Crecí con las costumbres, la música, el idioma, la radio del exilio, Martí, el dominó. Ser cubano me hace mejor americano, y ser americano me hará mejor cubano cuando llegue el día de reconstruir nuestra isla.




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Augusto César San Martín

Graduado en Licenciatura en Derecho Penal. Comenzó a ejercer el periodismo en 1996, colaborando con el periódico Cubafrepress. Superó los estudios de estándares internacionales de periodismo, lo que le posibilitó su trabajo en diferentes medios de comunicación en Cuba y el extranjero, haciendo prensa escrita, audiovisual y multimedia. ¨Poder hacer periodismo es una necesidad que le agradezco al destino¨.

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