MIAMI, Estados Unidos ― El gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel, descartó este jueves apartarse del poder en una entrevista concedida en La Habana al canal estadounidense NBC News. Ante la pregunta de si estaría dispuesto a hacerse a un lado para “salvar” a Cuba, el gobernante respondió: “Renunciar no forma parte de nuestro vocabulario”.
En la misma entrevista, Díaz-Canel defendió su permanencia en el cargo como un asunto de soberanía política frente a Washington. “En Cuba, las personas que ocupan posiciones de liderazgo no son elegidas por el Gobierno de Estados Unidos y no tienen un mandato del Gobierno de Estados Unidos. Tenemos un Estado libre y soberano. Tenemos autodeterminación e independencia y no estamos sometidos a los designios de Estados Unidos”, afirmó.
La respuesta del gobernante llega en medio de una escalada de presión desde la Administración Trump. El 16 de marzo, Trump dijo que esperaba tener el “honor” de “tomar Cuba de alguna manera” y aseguró que podía hacer “lo que quisiera” con la Isla. El 27 de marzo volvió a subir el tono al afirmar que Cuba sería “la próxima” y ya antes había deslizado la posibilidad de una “toma amistosa”, para añadir enseguida: “Puede que no sea una toma amistosa”.
El secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, ha endurecido todavía más ese discurso. En declaraciones del 27 de marzo, sostuvo: “No existe un bloqueo naval alrededor de Cuba. La razón por la que Cuba no tiene petróleo y combustible es porque lo quiere gratis”. En la misma comparecencia añadió que la situación del país debía cambiar y que, para lograrlo, había que “cambiar a las personas que están a cargo, (…) el sistema que dirige el país y (…) el modelo económico”.
La defensa de Díaz-Canel de que los líderes cubanos son “elegidos por el pueblo” debe leerse dentro del propio diseño institucional del régimen. La Constitución de 2019 establece en su artículo 5 que el Partido Comunista de Cuba es “la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”, y en su artículo 126 dispone que el “presidente de la República” es elegido por la Asamblea Nacional del Poder Popular de entre sus diputados, no por voto directo de los ciudadanos.
La Habana ya había dejado claro, antes de la entrevista de Díaz-Canel con NBC, la segunda a un medio estadounidense en solo una semana, que no aceptaría discutir la continuidad del gobernante como parte de sus contactos con Estados Unidos. El 20 de marzo, el viceministro de Relaciones Exteriores Carlos Fernández de Cossío declaró a Reuters: “Puedo confirmar categóricamente que (…) el sistema político de Cuba no está sujeto a negociación y, por supuesto, tampoco lo están el presidente ni el cargo de ningún funcionario en Cuba con Estados Unidos”.
Aun así, ambas partes mantienen contactos exploratorios. Esta semana, la viceministra de Relaciones Exteriores Josefina Vidal dijo a AFP que las conversaciones para desescalar tensiones siguen en una etapa embrionaria: “Estamos en una fase muy preliminar, muy inicial, y todavía no hay negociaciones estructuradas entre los dos gobiernos”.
La entrevista de Díaz-Canel ocurrió en medio de una crisis energética cada vez más grave en la Isla. Tras perder a sus dos proveedores de combustible, Cuba recibió a finales de marzo un cargamento de crudo proveniente de Rusia que apenas alcanzaría para entre siete y diez días bajo racionamiento.









