abril 7, 2026

El castrismo premia a Amaury Pérez, un cantante discreto, pero aliado del poder

El premio confirma una trayectoria marcada no solo por la música, sino también por la cercanía al poder y la fidelidad política.
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Amaury recibiendo el premio. FOTO: ACN

LA HABANA.-La incondicionalidad al castrismo del cantautor Amaury Pérez Vidal fue recompensada este 4 abril con la concesión por el ministro de Cultura del Premio Nacional de Música, en un acto en el Museo de Bellas Artes al que asistió el presidente Miguel Díaz-Canel.

La presencia de Miguel Díaz-Canel y su esposa en el acto de premiación no es de asombrar, pues se sabe que desde hace años son amigos de Amaury Pérez, al que reciben en su casa y, en tardes de domingo, comparten con él y con la periodista Arleen Rodríguez partidas de dominó.

También estuvo en el acto, sentado en primera fila, junto al mandatario y su esposa Liz Cuesta, el cantautor Silvio Rodríguez, con quien Amaury Pérez se reconcilió y hasta dedicó un par de canciones (“Con dos que se quieran” y “Amigos como tú y yo”), que grabaron a dúo diez años después de las fuertes desavenencias que tuvieron en la década de 1980 y que provocaron que Amaury, producto de las zancadillas que le pusieron sus colegas chivatones, fuera separado del Movimiento de la Nueva Trova.

Amaury Pérez, desde que se inició como cantante en 1972, ha compuesto bellas canciones, con letras poéticas e inteligentes —como “Acuérdate de abril”, “Vuela pena”, “Hacerte venir” y “No lo van a impedir”, entre otras—, recogidas en una treintena de discos, y además ha musicalizado poemas de José Martí y Dulce María Loynaz.

Pero Amaury Pérez canta muy mal, hasta él mismo lo reconoce. Con su voz pequeña y anodina, que se hace peor mientras más se esfuerza —el expresidente mexicano López Obrador, que lo sufrió en vivo y en directo, puede dar fe de ello—, emite gemidos que intentan remedar simultáneamente a Silvio, Barry Manilow, Serrat, Alberto Cortez, Sara González y Mike and The Mechanics.

Tal vez por eso, por lo mal que se le da el canto, Amaury, que es un tipo culto y talentoso —no se le puede negar el mérito—, sin renunciar a cantar, también escribe novelas y poemas, produce discos para otros artistas y funge, desde la década pasada, como conductor del programa televisivo “Con dos que se quieran” (el título de una de las canciones que dedicó a Silvio luego de la reconciliación). Y ha resultado ser entrevistador en un programa de TV que ya va por su tercera temporada, y es lo que mejor hace.

Con Amaury Pérez se cumple el refrán de que “hijo de gatos, caza ratones”. Siendo sus progenitores el director de televisión Amaury Pérez y la destacada actriz Consuelo Vidal, el cantautor devenido en entrevistador se siente ante las cámaras como pez en el agua.

Algunos le reprochan a Amaury la obsequiosidad y la melcocha cuando entrevista a sus amigos en “Con dos que se quieran”. Porque sus entrevistados, personalidades de la cultura oficial, casi siempre son amigos suyos o, al menos, Amaury los califica como tales.

Aun así, y a pesar de su probada incondicionalidad al régimen —en cierta ocasión dijo que Fidel Castro era como si fuese su papá—, a veces Amaury hace preguntas a sus invitados que, más que agudas, resultan peliagudas.

Por Amaury no queda: él les da el pie forzado; allá ellos si desaprovechan su oportunidad en el confesorio… Y es que muy pocos invitados se atreven a desahogarse y quejarse de los agravios y desaguisados que han sufrido. Los que más lejos han llegado en las confesiones han sido un joven director de cine que, sin inhibición alguna, reconoció ser gay y se enorgulleció de ello; una actriz teatral negra y santiaguera que se quejó del racismo; y un músico matancero que recordó las vicisitudes que le hicieron pasar por ser católico practicante.

Los entrevistados, que a veces no pueden contener las lágrimas, prefieren hablar de sus problemas personales, de sus inicios en sus carreras, de sus gustos, amores y mascotas.

Muchos de ellos, ante la mirada complacida de Amaury, proclaman su devoción “a Fidel y la revolución”. Si fueron de los represaliados, de los condenados al ostracismo y luego de muchos años rehabilitados, se muestran esquivos, optan por el olvido de “los errores del pasado”.

Con Amaury, sus invitados se sienten como en casa. Y es que Amaury, pese a su incondicionalidad al régimen, suele mostrarse como un tipo abierto, comprensivo, liberal, desprejuiciado.

Allá por 1988, se escuchó mucho “Amor difícil”, una canción de Amaury Pérez que la gente interpretaba referida a una relación homosexual por aquella estrofa que decía: “más vale la oscuridad para un cariño que no tolera la gente, diferente”.

En 2005, Amaury Pérez, entrevistado por el diario mexicano La Jornada, dijo: “Uno, para ser libre, lo primero que tiene que hacer es creérselo. No importa dónde se esté, la libertad la lleva uno consigo”.

Si Amaury Pérez se hubiera dedicado al béisbol, pudiera haber podido dedicar sus triunfos deportivos a su idolatrado Fidel, porque sus canciones, intimistas y sentimentales, no le sirvieron al Comandante para marchas y tribunas.

En honor a la verdad, Amaury nunca se propuso, entre sus muchas pretensiones, ser el bardo de la revolución castrista. Ese rol le correspondió, luego de la muerte de Carlos Puebla, a Silvio Rodríguez, un rol que el autor de “Ojalá” y “El necio” aún defiende, con uñas y dientes, y hasta con un AKM que le concedió recientemente, a petición suya, el ministro de las FAR.

Lo de Amaury Pérez es diferente. Jovial, simpático, amigo de sus amigos, siempre presto si se trata de recholatas, viajes y privilegios. Según afirma, es libre porque se cree libre. ¿Quién lo duda? Es tan libre como el perro junto al gramófono de los viejos discos RCA Víctor, con toda la libertad del universo para servir a sus amos.

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