Los pueblos “rojos” comienzan a “rebelarse”

La ideología ha ido quedando en un segundo plano para quienes pasan el día intentando cocinar, dormir o simplemente llegar al siguiente amanecer.
"Trump coje [sic] el control", un grafiti aparecido en un muro público de La Maya
"Trump coje [sic] el control", un grafiti aparecido en un muro público de La Maya (Foto: Cortesía)

LA MAYA, Cuba ― La paciencia de muchos cubanos parece estar llegando a un punto límite. Durante años, el régimen ha pedido sacrificios constantes en nombre de la Revolución, pero para buena parte de la población ya no queda margen para seguir resistiendo. Sin electricidad durante jornadas enteras, sin agua estable, sin medicinas, sin combustible y sin posibilidades reales de mejorar sus condiciones de vida, sobrevivir se ha convertido en la principal preocupación cotidiana.

Las protestas y manifestaciones que se han extendido por Cuba durante las últimas semanas han tenido como detonante inmediato los apagones, pero sería simplista reducirlas únicamente a la falta de corriente. En muchos lugares, incluso después del regreso de la electricidad, las personas han permanecido en las calles gritando consignas y exigiendo cambios más profundos, como ocurrió el pasado 24 de mayo en La Habana Vieja. Lo que se está viendo hoy parece responder menos a una coyuntura puntual y más a un cansancio acumulado durante años.

Ese malestar ya no se concentra únicamente en grandes ciudades como La Habana o Santiago de Cuba. También está alcanzando pueblos del interior que históricamente fueron considerados bastiones del oficialismo. Uno de esos lugares es La Maya, cabecera del municipio santiaguero Songo-La Maya, conformado además por Alto Songo y otros consejos populares rurales. Durante décadas, La Maya cargó con la reputación de ser un poblado profundamente identificado con el sistema político cubano. De allí salieron decenas de militares, policías y funcionarios estatales; para muchos jóvenes de este poblado, vincularse a las estructuras del Estado representaba una oportunidad de ascenso social o una forma de escapar de las zonas más aisladas del municipio.

Por eso, lo que ha comenzado a ocurrir allí durante las últimas semanas resulta significativo. “Quien antes era comunista y se sentía orgulloso de eso, hoy es de los primeros que protesta cuando se va la luz”, comentó Ana Lidia Gómez a CubaNet.

La frase resume un cambio visible en el ambiente social del pueblo. No significa necesariamente que todos hayan roto con el sistema o que exista una oposición organizada, pero sí evidencia una fractura en sectores que antes reaccionaban con obediencia o silencio frente a las carencias.

A mediados de mayo, comenzaron a aparecer carteles antigubernamentales en distintos puntos de La Maya. Según varios vecinos consultados por este medio, algunos fueron colocados en la carretera del Manguito y otros cerca del centro del pueblo. También apareció escrita en una pared la frase “Abajo Fidel”. Aunque las autoridades cubrieron rápidamente los mensajes con pintura, los habitantes alcanzaron a verlos antes de que desaparecieran. Algunos incluso describieron el movimiento inusual de policías y agentes de la Seguridad del Estado desde primeras horas de la mañana.

Dos días después aparecieron nuevos mensajes. Uno de ellos, visible cerca del punto de gas, decía: “Trump, coge el control”. Más allá de la frase en sí, lo relevante es lo que revela sobre el estado emocional de muchas personas. En La Maya, como en otras partes de Cuba, comenzaron a circular rumores y expectativas alrededor del 20 de mayo, fecha histórica sensible dentro de la narrativa política cubana. Algunos vecinos llegaron a comentar, medio en serio y medio desesperados, que “los americanos vendrían” o que “algo iba a pasar”.

Ese tipo de conversaciones, impensables años atrás en un pueblo como este, reflejan el nivel de desgaste y desesperanza acumulados.

El 20 de mayo, aunque no ocurrió ningún hecho extraordinario, muchos residentes notaron un despliegue policial y militar poco habitual. Según testimonios recogidos por CubaNet, agentes armados permanecieron durante la noche cerca de la estación de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y aumentó la vigilancia en el parque central y otras zonas concurridas. Varias personas interpretaron aquella presencia como un intento de disuadir posibles protestas.

“Parecen auras paradas con una escopeta afuera de la estación”, comentó Ibis, vecina de la calle Pedro Ibonet. “Ellos saben que la gente está cansada y que cualquier cosa puede explotar”, agregó.

El contraste resulta llamativo. En marzo de 2024, Miguel Díaz-Canel visitó La Maya y ofreció un discurso rodeado de simpatizantes en el mismo parque que hoy permanece bajo vigilancia por temor a una escalada a causa del malestar popular.

Las autoridades no temen en vano una explosión social: en esta zona los apagones superan frecuentemente las 16 horas diarias. En numerosos barrios no llega agua potable, lo que obliga a las familias a comprar pipas por precios que alcanzan hasta los 15.000 pesos. El transporte estatal prácticamente ha desaparecido y muchas personas dependen de transportistas privados que cobran tarifas imposibles para salarios estatales o pensiones.

Los alimentos continúan disparados: una libra de carne de cerdo ronda los 900 pesos, el pollo supera los 500, el arroz puede costar 350 pesos por libra y un litro de aceite alcanza hasta 1.400 pesos en el mercado informal. Mientras tanto, trabajadores estatales y jubilados enfrentan enormes dificultades para cobrar sus salarios debido a la falta de efectivo en los bancos. Residentes consultados por este medio aseguran que las colas comienzan desde el día anterior y que varios ancianos han sufrido desmayos esperando turno.

A todo esto se suma el deterioro de la conectividad. Durante semanas enteras, La Maya ha permanecido prácticamente incomunicada por los cortes simultáneos de electricidad e internet. El pasado 16 de mayo, por ejemplo, el poblado pasó más de 50 horas casi completamente desconectado.

En medio de ese escenario, comenzaron a producirse acciones que años atrás habrían parecido improbables en este pueblo. Además de los carteles, esta semana residentes reportaron que la fachada del museo local fue incendiada en un acto de rebeldía. Esta semana también trascendió que, en Alto Songo, un funcionario habría sido apedreado cuando intentaba abastecer de combustible su vehículo en un servicentro. Según testimonios recogidos por CubaNet, el hombre tuvo que abandonar rápidamente el lugar.

Aunque muchos vecinos no justifican la violencia, sí describen un clima de irritación creciente. Lo que se percibe hoy no es necesariamente una transformación política organizada, sino algo más elemental: el agotamiento de personas que sienten que ya no pueden sostener la vida cotidiana bajo estas condiciones. Muchos jóvenes hablan abiertamente de irse del país; otros simplemente aseguran que ya no tienen paciencia para seguir esperando mejoras que nunca llegan. “Cualquier cosa es mejor que esto”, dijo a CubaNet una estudiante de Medicina que pidió proteger su identidad. “Que hagan lo que quieran, pero que esto cambie”, concluyó.

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