La desfachatez castrista no tiene límites

No respetan la inteligencia de las personas en el mundo. Aspiran a que todos sean como los zoquetes de la izquierda más rancia que, negada a toda evidencia que los contraríe, sigue enamorada del mito castrista y cantándole loas.
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(Foto: Granma)

LA HABANA.-Hace unos años, el mundo se conmocionó con la noticia de que varios talibanes prisioneros en la base naval norteamericana de Guantánamo, desesperados por la ambigüedad del limbo legal en que estaban atrapados, habían iniciado una huelga de hambre.

Pero pocas personas en el mundo se enteran de los presos políticos y de conciencia cubanos que a menudo realizan huelgas de hambre en protesta por las pésimas condiciones de confinamiento y los tratos degradantes a que son sometidos.

Hace años, cuando un prisionero talibán en Guantánamo, luego de entrevistarse con su abogado, se cortó las venas y trató de ahorcarse, la noticia recorrió el mundo. Sin embargo, nada se hablaba en la prensa internacional de las frecuentes automutilaciones e intentos de suicidio en las cárceles cubanas.

Durante décadas, el mundo, empeñado en que la revolución de Fidel Castro fuera perennemente romántica y fotogénica, se negó a escuchar las denuncias que salían de las cárceles cubanas acerca de las palizas, las celdas tapiadas y los castigos arbitrarios. De nada de eso se hablaba en las cumbres presidenciales, los parlamentos ni los congresos académicos. Era un agujero negro en la sensibilidad del mundo.

Las dantescas cárceles cubanas solo preocupaban a las Damas de Blanco, los periodistas independientes, la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, las organizaciones del exilio, Amnistía Internacional y el Departamento de Estado norteamericano a la hora de redactar sus informes anuales.

Para que se revolviera la conciencia mundial tuvo que morir un prisionero político, Orlando Zapata Tamayo, en febrero de 2010, durante una huelga de hambre de 82 días.

Treinta y cuatro años antes, en mayo de 1972, había muerto, tras 53 días en huelga de hambre, el líder estudiantil y poeta Pedro Luis Boitel, pero apenas repercutió en aquel momento en el mundo la denuncia del caso que hizo su madre, Claretta, a una emisora radial europea.

Luego de tantas barbaridades y violaciones sistemáticas de los derechos humanos, tiene la cara dura el régimen castrista de posar de víctima y hablar de una “feroz campaña mediática contra Cuba orquestada por el gobierno de los Estados Unidos y sus lacayos de la Unión Europea”. Como si todos los medios internacionales se hubieran convertido en sucursales de algún periódico similar a Granma, con su sala de redacción planetaria en las oficinas del Comité Central del Partido Único Anticastrista en Washington D. C.

La desfachatez del castrismo no tiene límites. No respetan la inteligencia de las personas en el mundo. Aspiran a que todos sean como los zoquetes de la izquierda más rancia que, negada a toda evidencia que los contraríe, sigue enamorada del mito castrista y cantándole loas.

Menos aún respetan los gerifaltes del castrismo la inteligencia de los cubanos. La situación catastrófica en que se encuentra Cuba actualmente se la achacan enteramente al bloqueo y particularmente al cerco energético impuesto por el gobierno de Donald Trump con la orden ejecutiva del pasado 29 de enero que declaró a Cuba “una amenaza extraordinaria e inusual para la seguridad de los Estados Unidos”.

Es cierto que el cerco energético ha empeorado la situación, pero desde varios años antes de que Trump regresara a la Casa Blanca ya había largos apagones, desabastecimiento, hambre, insalubridad y suficientes calamidades como para que Cuba clasificara como un Estado fallido.

A los que protestan, si no los califican, en el mejor de los casos, como “personas confundidas por la propaganda enemiga”, los acusan de ser mercenarios alentados por los servicios de inteligencia norteamericanos y los condenan a largas penas de prisión.

Los mandamases de la continuidad castrista parece que consideran que los cubanos no somos capaces de pensar con cabeza propia y que tenemos que tragarnos todas las monsergas y patrañas de la prensa oficialista y, repitiendo consignas, resignarnos a la “resistencia creativa”.

Y encima de eso, ahora, cuando se sienten amenazados por los Estados Unidos pero no son capaces de ceder un ápice y hacer cambios para evitar una confrontación, sino que se hacen los duros y extreman su intransigencia, esperan que miles de cubanos den sus vidas para defender su enfermizo apego al poder absoluto. Los castristas son así.

¿De veras los ancianos comandantes históricos y los obesos mandamases de la continuidad posfidelista se creen tan amados como para que millares de cubanos, retrotraídos a fuerza de penurias casi a la comunidad primitiva, estén dispuestos a morir para mantener los privilegios de ellos y sus descendientes y continuar nosotros esta miserable vida que ni siquiera merece ser llamada así?

¡Por favor! Que respeten, ya que no saben respetar otras cosas, al menos la inteligencia de los cubanos. ¿Nos pudieran conceder al menos eso antes de acabar de hundirnos en el mar de una vez y por todas, como parece ser su deseo?

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