LA HABANA, Cuba ― El jefe de la misión de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, se reunió este martes en La Habana con Ángel Santiesteban Prats, exprisionero político y recién elegido soberano gran comendador del Supremo Consejo del Grado 33 para la República de Cuba, para analizar, entre otros asuntos, la posibilidad de que los masones participen en la distribución de la ayuda humanitaria estadounidense en la Isla.
El encuentro tuvo lugar en la vivienda de Santiesteban Prats y contó con la participación de dos funcionarios de la sede diplomática: Leslie Núñez Goodman, consejera de prensa, cultura y educación, y Tim Peltier, consejero de la sección política y económica.
“Reconocemos que la masonería tiene una larga e importante historia en Cuba, por eso estamos valorando que ellos participen en la distribución de la ayuda humanitaria que Estados Unidos entrega a los más necesitados”, declaró Hammer a CubaNet.
La posibilidad de incorporar a los masones a la distribución de asistencia ya había sido abordada por Hammer durante una visita al Supremo Consejo del Grado 33 el pasado 18 de marzo. En aquella ocasión, el diplomático se reunió con el entonces soberano gran comendador José Ramón Viñas Alonso y con Santiesteban Prats.
Según informó entonces la Embajada estadounidense, conversaron sobre los retos que enfrentan los cubanos y sobre el apoyo que los masones podrían brindar en la distribución de ayuda humanitaria.
Ahora, con Santiesteban Prats al frente del Supremo Consejo desde el pasado 26 de septiembre, Washington vuelve a plantear directamente la posibilidad de utilizar la estructura masónica para ampliar la llegada de esos recursos a la población vulnerable.
Santiesteban Prats considera que la fraternidad cuenta con una estructura territorial y una tradición filantrópica que podrían facilitar esa labor.
“Los masones promovemos la filantropía y llevamos décadas apoyando hospitales, hogares de niños sin amparo filial y de ancianos, por ejemplo. El hecho de tener representación en todas las provincias, en todos los pueblos de Cuba, nos permitiría ampliar esa labor social. Por eso manifestamos nuestra mejor disposición para apoyar al pueblo cubano en medio de tantas carencias”, aseguró a CubaNet.
La masonería cubana cuenta con alrededor de 300 logias distribuidas por todo el territorio nacional y unos 20.000 miembros, según cifras de la propia organización citadas en investigaciones.
Esa red territorial, sin embargo, pertenece a la Gran Logia de Cuba, que agrupa a las logias simbólicas, donde se confieren los tres primeros grados. El Supremo Consejo que ahora preside Santiesteban Prats rige los grados superiores, del 4 al 33, y también tiene representación en todo el país. Ambas instituciones forman parte de una misma masonería —el propio Santiesteban Prats asiste a su logia simbólica—, pero cualquier acuerdo que implique utilizar las logias para distribuir la ayuda requeriría también el respaldo de la Gran Logia de Cuba.
El pasado 13 de mayo, el Gobierno de Donald Trump anunció un paquete de 100 millones de dólares de asistencia humanitaria directa al pueblo cubano, con la intención de canalizarla mediante la Iglesia Católica y otras organizaciones humanitarias independientes, siempre que el régimen lo permitiera.
De esos fondos, 60 millones fueron asignados a Catholic Relief Services (CRS), según informó la organización en julio, para trabajar con Cáritas Cuba a través de la estructura de la Iglesia Católica y una red de voluntarios.
El programa contempla alimentos y artículos de higiene para cerca de 200.000 hogares, más de 500.000 personas, además de artículos esenciales, como colchones y mantas, para otras 7.000 personas.
Las entregas comenzaron en julio. Cáritas ha documentado envíos y distribuciones en provincias como La Habana, Villa Clara, Cienfuegos, Camagüey y Ciego de Ávila. La organización ha informado que los beneficiarios son previamente identificados y que voluntarios reciben capacitación para realizar las entregas de forma organizada y transparente.
Los otros 40 millones serán administrados por “organizaciones no gubernamentales de confianza”, según anunció la Embajada en junio, aunque hasta ahora no se han identificado públicamente.
El modelo utilizado hasta ahora consiste en canalizar los recursos estadounidenses mediante organizaciones con estructuras independientes del Estado cubano. La incorporación de la masonería supondría ampliar esa red a una institución con presencia territorial propia y una tradición de asistencia social.
No obstante, hasta el momento no se ha anunciado públicamente un acuerdo definitivo entre Washington y la masonería cubana ni un primer cargamento que vaya a ser distribuido por sus estructuras.
La propuesta se produce además en un momento particularmente complejo para la institución masónica, que mantiene tensiones con el Ministerio de Justicia (MINJUS) por el reconocimiento de sus autoridades. El conflicto se arrastra desde 2025 y ha involucrado tanto a la Gran Logia de Cuba como al Supremo Consejo del Grado 33.
En el caso del Supremo Consejo, el MINJUS desconoció a Viñas Alonso como soberano gran comendador mediante la Resolución 342 de 2025, y el Tribunal Supremo Popular desestimó el recurso de la institución. Sus cuentas bancarias siguen congeladas y los trámites de la elección de Santiesteban Prats no se han completado, según reportó 14ymedio.
Para Santiesteban Prats, pese a esas dificultades, la estructura de la fraternidad podría convertirse en un mecanismo adicional para hacer llegar asistencia a cubanos afectados por la creciente escasez de alimentos, medicinas y otros productos básicos.










