septiembre 2, 2026

De profesor a limpiador de ollas: “Hace tiempo que estoy sobreviviendo”

Licenciado y antiguo docente en Guantánamo, Marco Antonio Morán enfrenta una vida marcada por los bajos ingresos, la enfermedad y la escasez, que lo ha llevado incluso a quemar muebles y libros para cocinar.
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Marco Antonio Morán. (Foto: CubaNet)

MADRID, España.- Marco Antonio Morán trabajó durante años como profesor, pero hoy sobrevive limpiando ollas, calderos, sartenes y otros utensilios de cocina en Guantánamo.

Licenciado en Estudios Socioculturales y con formación pedagógica, cuenta que abandonó las aulas después de dejar de sentirse identificado con el sistema educacional.

“Abandoné la docencia porque ya no me sentía identificado con la docencia, porque el sistema educacional cambió completamente, no fue el que me enseñaron en el pedagógico”, relató a CubaNet.

Desde entonces se dedica a limpiar y blanquear todo tipo de recipientes de cocción. Lo hace de manera manual, con herramientas rudimentarias y durante largas jornadas que pueden comenzar a las siete de la mañana y extenderse mientras haya luz solar.

“Desde las más grandes hasta las más chiquitas, con eso me estoy ganando la vida, con instrumentos rústicos”, explicó. “No trabajo con ningún tipo de maquinaria eléctrica. Trabajo a mano, todo es manual”, detalla.

Entre la comida y los medicamentos

Morán asegura que no le falta trabajo, pero que sus ingresos resultan insuficientes para cubrir sus necesidades básicas.

Según su testimonio, algunos días solo consigue ganar entre 300 y 400 pesos. Con ese dinero debe decidir entre alimentarse y comprar medicamentos, que afirma adquirir en el mercado informal ante la dificultad para conseguirlos por otras vías.

El hombre afirma además padecer diversos problemas de salud y trabajar prácticamente todo el día con dolores. Asegura tener nódulos en el hígado y el páncreas, además de una afección del aparato digestivo.

También atribuye a su oficio un aumento de los niveles de plomo en sangre. Pese al malestar, continúa trabajando.

“Hay veces que los trabajos me llueven una montona y no doy abasto”, contó. Un joven lo ayuda ocasionalmente mientras aprende el oficio.

Muebles y libros para cocinar

Las dificultades se extienden también a la preparación de los alimentos. Morán explica que cocina con leña en un fogón improvisado en el portal de su vivienda debido al precio del carbón.

Según relata, buena parte de esa leña ha salido de sus propios muebles, de marcos de puertas y de hojas de persianas. También recoge trozos de madera que encuentra en la calle. “He cocinado con libros”, afirmó.

Un saco de carbón puede costarle unos 1.000 pesos, una cantidad muy superior a lo que consigue ingresar durante algunas jornadas. Con el dinero que gana en ocasiones apenas puede comprar un pan o algún alimento barato para pasar el día.

Para Morán, su historia no constituye un caso aislado, sino una expresión de las dificultades que atraviesan otros cubanos. “Esta es la realidad que vivo yo como cubano, y como vivo yo viven unos cuantos”, afirmó.

Y resume el deterioro de sus condiciones de vida con una expresión propia: una “metamorfosis invertida”. “En vez de una metamorfosis para bien, es una metamorfosis invertida: estaba bien y ahora estoy mal”, concluyó.

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