MIAMI, Estados Unidos ― Fidel Antonio Castro Smirnov, nieto de Fidel Castro Ruz, reivindicó en una entrevista con teleSUR grabada en Birán una faceta de su abuelo de la que, dijo, “se habla rara vez”: la del “Fidel científico”. Sostuvo que no llegó a ejercer la profesión, pero que aplicaba “un método científico de pensamiento”, el de “un hombre que acumulaba datos y tomaba decisiones, no por intuición”, y que la apuesta estatal por la biotecnología fue consecuencia directa de esa forma de razonar.
En el tramo final de la conversación, dedicada al centenario del nacimiento del dictador —el 13 de agosto de 1926—, el entrevistado intentó apartarse del tono celebratorio del régimen: “Alertar de un peligro que puede existir cuando se cumple 100 años de alguien tan grande es que se le convierta en estatua, que se le admire de lejos, con flores y sin preguntas”, expresó.
El entrevistado es doctor en Ciencias e hijo de Fidel Castro Díaz-Balart, físico nuclear formado en Moscú que se quitó la vida en febrero de 2018. En la entrevista precisó que su madre es profesora de inglés, que su hermana es matemática y que él y su hermano son físicos nucleares.
Castro Smirnov dijo que el objeto de estudio de su abuelo no era una muestra en un tubo de ensayo ni una placa Petri, sino “una nación con todas las consecuencias de tipo histórico, político, económico y social”. De ahí, añadió, que “en esa manera científica de actuar de Fidel no valía la prueba y el error”, porque los experimentos tenían consecuencias muchas veces irreversibles.
El argumento central de la pieza es que Castro Ruz razonaba como investigador aunque no ejerciera la profesión: su objeto de estudio, dijo, no era una muestra en un tubo de ensayo ni una placa Petri, sino “una nación con todas las consecuencias de tipo histórico, político, económico y social”. De ahí, añadió, que “en esa manera científica de actuar de Fidel no valía la prueba y el error”, porque los experimentos tenían consecuencias muchas veces irreversibles.
El punto de partida de esa apuesta, según Castro Smirnov, está en el discurso del 15 de enero de 1960 ante la Sociedad Espeleológica de Cuba, en la Academia de Ciencias, donde Castro Ruz afirmó que “el futuro” de la patria “tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia”.
Para dimensionar lo audaz de la decisión, el entrevistado sostuvo que cuando esa frase se pronunció “en el país todavía había un 30% de analfabetismo”, una cifra que no coincide con la que maneja el propio Estado cubano: el censo de 1953, base de todos los balances oficiales sobre la campaña de alfabetización de 1961, registró un 23,6% de analfabetos.
La parte más personal del relato es la epidemia de dengue hemorrágico de 1981. “Murieron 101 niños. Yo por poco soy el 102”, dijo. Sostuvo que su abuelo envió científicos a formarse en el extranjero para producir interferón y que “gracias al interferón” él mismo se salvó.
El estudio de Gustavo Kourí, María Guadalupe Guzmán y José Bravo publicado en el Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana en 1986 documenta 344.203 casos y 158 fallecidos en aquella epidemia, que estalló a finales de mayo y se concentró en poco más de cuatro meses.
De ahí encadenó la genealogía institucional que atribuye a su abuelo: el Centro Nacional de Investigaciones Científicas en 1965, el Centro Nacional de Sanidad Animal en 1980, el frente biológico en 1981, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología en 1986, el Instituto Finlay y “aproximadamente 50 centros dedicados a las aplicaciones de la biotecnología en la salud”.
Castro Smirnov contó que, en 1993, el director fundador del grupo que trabajaba la resonancia magnética nuclear en la Universidad de Oriente, Carlos Cabal, viajó a La Habana a explicar que era imposible construir un equipo cubano en las condiciones del llamado Período Especial. “Lo que todo el mundo comprobó era que lo realmente imposible era decirle a Fidel que algo era imposible”, dijo el nieto.
Unos 40 años después, esa misma industria atraviesa su peor crisis: la presidenta del Grupo Empresarial BioCubaFarma, Mayda Mauri, reconoció en junio que 300 de los 395 medicamentos del cuadro básico de salud no pueden producirse por falta de materias primas e insumos.
El deterioro alcanza al programa que la propaganda oficial exhibe como intocable. En un taller nacional celebrado del 16 al 18 de junio, organizado por el Ministerio de Salud Pública con acompañamiento técnico de la OPS/OMS y apoyo de la Alianza para las Vacunas, el jefe del Departamento de Enfermedades Transmisibles, José Raúl de Armas Fernández, señaló que el Programa Nacional de Inmunización se desarrolla en condiciones muy adversas, marcadas por el déficit de fluido eléctrico y de recursos humanos. “No podemos perder los altos niveles de cobertura alcanzados ni comprometer la protección de nuestra población, especialmente de la infancia”, advirtió.










