LAS TUNAS_ El presidente Donald Trump, promulgó este jueves una orden ejecutiva declarando emergencia nacional por “amenaza inusual y extraordinaria”, que pone en riesgo la seguridad nacional de los Estados Unidos por parte del régimen totalitario castrocomunista, imperante en Cuba ya por 67 años. Cabe preguntar: ¿Esta “amenaza inusual y extraordinaria” que pone en riesgo la seguridad nacional de los Estados Unidos conllevará una cuarentena sobre Cuba?
Personalmente, y porque en demasiados momentos de la historia las situaciones de peligro abstracto pasaron a ser peligros concretos, discrepo con los términos “inusual” y “extraordinario” empleados por la administración Trump para calificar la amenaza que constituye el totalitarismo castrocomunista, y no sólo para la seguridad nacional de Estados Unidos, sino también como un peligro real, de existencia política, económica, moral, de derechos cívicos y de derechos humanos todos. Los cuales han sido rebajados o usurpados a la nación cubana por una dictadura de clan, que, eufemísticamente, se hace llamar “dictadura del proletariado”. Pero en realidad es militarismo puro, de punta a cabo, y por militarismo compréndase, el predominio del estamento militar en la composición del Estado, que en el caso de Cuba ya ha puesto en riesgo la vida de los cubanos.
En octubre de 2017, el Archivo de Seguridad Nacional (NSA) de la Universidad George Washington, publicó los hasta entonces inéditos planes de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos para ocupar Cuba y establecer un gobierno provisional, a las órdenes de un “comandante y gobernador militar”, intervención cuyo casus belli (motivos de guerra) fuela Crisis de los Misiles,(1962), cuando el territorio cubano y con la anuencia del régimen fue utilizado como base nuclear apuntando a las principales ciudades estadounidenses por la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). De la cual es heredera política, económica, militar, doctrinaria y jurídicamente, la Federación Rusa de Vladimir Putin.
Con el objetivo de preparar a los cubanos para la invasión y minimizar muertes y daños en la población civil, el ejército de EE UU planeó lanzar miles de volantes sobre las ciudades y el campo cubano, avisos en los que decía:
“En los próximos días las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos se harán cargo temporalmente de su país”, advirtiéndoles a los cubanos que se quedaran en casa porque “todo lo que se mueva será un objetivo”.
La “Proclama No. 1 del Gobierno Militar” publicada por NSA, aconsejaba a los cubanos obedecer “de inmediato y sin cuestionamientos todas las promulgaciones y órdenes del gobierno militar”, advirtiendo que, “la resistencia a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos será eliminada por la fuerza, y los responsables de quebrantamientos graves serán tratados con severidad”.
“Mientras usted permanezca en calma y cumpla con mis órdenes, no estará sujeto a mayores interferencias que las demandadas por las exigencias militares”, decía la proclama del gobernador militar, afirmando: Una vez que el “régimen agresivo de Castro haya sido completamente destruido” y que Estados Unidos instale un nuevo gobierno “receptivo a las necesidades del pueblo de Cuba”, las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos “se retirarán” y “la tradicional amistad entre Estados Unidos y el gobierno de Cuba estará una vez más asegurada”.
El 20 de octubre de 1962, y en atención al peligro mortal en que se había convertido el régimen castrocomunista para los Estados Unidos,el presidente Kennedy aceptó el proyecto del “bloqueo” naval a Cuba, en el que debían emplearse 183 barcos de guerra incluidos ocho portaaviones, previéndose, además, bombardeos mediante ataques aéreos sucesivos para propiciar desembarcos anfibios y helitransportados. En previsión de esos planes, fueron concentrados en Florida 579 aviones de combate, 40 mil infantes de marina y cinco divisiones, entre las que se encontraban la 82 y la 101 división aerotransportada.
Entrecomillé la palabra “bloqueo”, porque así y todo ese despliegue militar alrededor del archipiélago cubano, la administración Kennedy no utilizó ese término, sino que conceptuó la operación como una “cuarentena”, expresión tomada del Pacto de la OEA, y que es menos coercitiva que el bloqueo, operación bélica táctica o estratégica según su alcance y que impide todo el tráfico aéreo, terrestre o marítimo con el Estado en conflicto sitiado. Y para impedir que prosiguiera llegando armamento nuclear o en apoyo a esas armas, la cuarentena sobre Cuba comenzó a partir de las dos de la tarde del 24 de octubre de 1962, pero los preparativos finales para la invasión y ocupación estadounidense de Cuba fueron descontinuados cuatro días después, el 28 de octubre, cuando el presidente Kennedy anunció que Nikita Jruschov, jefe de la nomenclatura soviética, había accedido a retirar los cohetes nucleares de la isla.
Y del mismo modo que jurídicamente en 1962 la administración Kennedy no dispuso un bloqueo sobre Cuba, habiéndose emplazados en ella cohetes nucleares que podían alcanzar ciudades de los Estados Unidos como Dallas, Atlanta, Washington, o Cincinnati, que podían destruir Nueva York, Chicago, Los Ángeles y San Francisco, personalmente, yo no creo que ahora la administración Trump disponga un bloqueo sobre el archipiélago cubano, “bloqueo”. El cual sólo existe en el discurso castrocomunista, para justificar el desastre socioeconómico en que han empantanado a Cuba y las violaciones de derechos humanos ocurridas en ella durante 67 años, ininterrumpidamente. Incluso, (aunque no quiere decir que no la ejerzan) ni el presidente Trump ni el secretario de Estado Marco Rubio, han mencionado la palabra “cuarentena” respecto a Cuba y a su régimen luego de promulgarse la orden ejecutiva declarando emergencia nacional.
¿Pero acaso no está Cuba en cuarentena, otra vez, como en 1962? Pues claro que lo está. Y, por esta “cuarentena” entiéndase cuaresma, penitencia.
Sí, ¡cómo no! Una cuarentena viene a ser para un Estado en conflicto lo que una penitencia en la escuela para un chico díscolo: un ¡detente! Y la Crisis de los Misiles aunque pudo desatar una confrontación nuclear de nefastas consecuencias para el mundo, así y todo, legó valores didácticos, entiéndase, pedagógicos en referentes políticos y militares en lo que hoy conocemos como modelo de control o de dirección operativa de crisis, entendida cómo obligar al adversario a retroceder, ofreciéndole una salida honorable, y que tiene su génesis en la estrategia de respuesta gradual (Robert McNamara, mayo de 1962).
Ese modelo de control o de dirección operativa de crisis, que empleó una cuarentena, recién fue aplicado por la administración Trump en Venezuela, pero Nicolás Maduro, que, como crimen mínimo tiene el de haber robado las elecciones en su país, no aceptó una salida honorable: irse; y ahora está entre rejas.
Ahora, cuando la guerra se hace de otros modos y es poco probable que sobre las ciudades maltrechas y el ocioso campo cubano se esparzan advertencias como las de la “Proclama No. 1 del Gobierno Militar”, en octubre de 1962, es útil otra pregunta: Siendo como es, aunque ya nonagenario, el único con mando real en el régimen… ¿El general Raúl Castro optará por una “salida honorable” según el concepto McNamara que públicamente ha ofrecido la administración Trump o hará que de la cuarentena Cuba pase a la tristísima condición de país invadido y ocupado?








