LA HABANA, Cuba ― Para los miles de cubanos que dependen del gas licuado y de la electricidad para cocinar, el carbón o la leña se han convertido en las únicas opciones disponibles para llevar un plato de comida caliente a la mesa. Aunque contamos con hornillas eléctricas ―algunas manufacturadas por artesanos locales, otras, gracias a la solidaridad de familiares o amigos emigrados―, las escasas horas de servicio eléctrico casi nunca coinciden con los horarios de almuerzo y comida. En cuanto al gas licuado, quién sabe si algún día lo volveremos a ver.
De hecho, la última venta de ese combustible, correspondiente al mes de enero del presente año, nos mantuvo en vilo hasta el final: la inestabilidad en el suministro, así como la poca cantidad de cilindros, obligaba a los clientes a permanecer varios días en la cola con la esperanza de poder alcanzar. Aun así, pocos lograron hacerse con la tan necesaria balita. La mayoría, a pesar de no haber comprado desde septiembre de 2025, se quedó esperando por un camión que nunca llegó, hasta que los medios oficiales tuvieron a bien informar la suspensión de la venta. Empero, quienes sí compraron no tuvieron mejor suerte: se trataba de cilindros casi vacíos que no duraron mucho más de cinco o seis usos, en el mejor de los casos.
Desde aquella última venta de gas normado han pasado ya cinco meses. Cinco meses de zozobra. Cinco meses sin que las instancias responsables se hayan dignado a emitir alguna información al respecto. Ante el total desabastecimiento, como es lógico, las personas se desesperan. Qué mejor momento, pues, para lanzar al mercado la “solución”, una supuesta sugerencia de algunos usuarios que, por cierto, está dando vueltas desde hace rato: nada más y nada menos que la opción de comprar en tiendas en línea ―desde el exterior― el cilindro de 10 kg. Para ello, uno de los requisitos exigidos es que la balita vacía entregada esté en relativas “buenas condiciones” técnicas.
El precio del cilindro en este nuevo mercado oscila alrededor de los 30 dólares. Con todo, la necesidad es grande y, como casi siempre ocurre en el paraíso socialista, la demanda supera a la oferta. De modo que la iniciativa ha sido un éxito: de momento quedaron agotadas las existencias. Indiscutiblemente, el castrismo tiene excelente olfato para exprimirles los dólares a los cubanos de la diáspora. Y a los del patio. En el reparto Lawton, municipio Diez de Octubre, uno de los puntos de venta ha sido habilitado para el pago en USD mediante la tarjeta Clásica. Algunos usuarios han querido emplear efectivo, mas esta variante no ha sido implementada aún.
No obstante, muchos opinan que será cuestión de tiempo, dada la enorme demanda existente. Por ejemplo, para los cuentapropistas elaboradores de alimentos la nueva posibilidad les evitaría el riesgo que implica acudir al mercado informal. En cuanto a los precios, ya se ha hecho habitual elevarlos cuando es necesario mantener las ganancias.
De estar en lo cierto, será para los personeros del régimen otra forma de rapiñar esos verdes que tanto les gustan. Al fin y al cabo, a los comunistas cubanos poco les importan las necesidades del pueblo, ni qué comemos o cómo cocinamos los alimentos. Serán muchos los que sigan guisando con leña o carbón mientras los comunistas llenan sus alforjas.









