LA HABANA.- El preso político Carlos Alain Abrahantes Valdés denunció vía telefónica una serie de violaciones a los derechos humanos que, según afirma, se cometen cotidianamente en la Prisión Provincial de Camagüey, conocida como Kilo 8.
Abrahantes Valdés se encuentra recluido en el destacamento uno de ese centro penitenciario de máximo rigor. Según explicó, “para la gran mayoría de internos, incluido él mismo, debido a la excesiva distancia a la que se encuentran de su provincia o lugar de origen, resulta imposible recibir asistencia de su familia”. “Por lo general”, añadió, “esta carencia se ve agravada por la insolvencia económica de los familiares”.
Unido a ello, recalcó el prisionero político, “hace mucho que las autoridades pertinentes no cumplen con las normas dietéticas establecidas para la alimentación de las personas privadas de libertad. Como resultado, en los últimos meses esta ha experimentado un acelerado deterioro”.
Para ejemplificar esta afirmación, Abrahantes Valdés apuntó que “el alimento que les están dando no cubre ni el 30 % de las calorías necesarias, menos del 10 % de las proteínas, minerales y vitaminas que necesita el ser humano”, y comentó que “la desnutrición es una enfermedad, y cuando se provoca conscientemente por las autoridades, es un genocidio”.
El prisionero político denunció asimismo “la complicidad de las autoridades de salud, tanto las de la prisión como las que actualmente inspeccionan la misma, las cuales son parte consciente y encubridores de estos delitos de lesa humanidad”.
En relación con ello denunció además “la falta total de asistencia médica, no solo por desabastecimiento absoluto de medicamentos e insumos médicos, sino por el desprecio que expresan algunos médicos hacia los reos, justificando su conducta con una serie de racionalizaciones falsas y cobardes”.
De igual modo, Abrahantes Valdés deploró que “obligan a los presos políticos a convivir con presos comunes sabiendo que con ello los exponen a peligros, dado que los militares omiten sus funciones cuando se trata de establecer y mantener el orden interior estipulado en sus normas, o cuando dan órdenes claras a sus paramilitares de crearles problemas a los presos políticos para fabricarles causas penales o justificar golpizas que pueden llegar a ser mortales”.
El prisionero político denunció también “los métodos de tortura psicológica y verbal a los que los someten a diario”. Como ejemplo citó que “les obligan a organizar sus pertenencias de manera que no pueden hacer uso de ellas y los mantienen en esa incomodidad todo el día”. Además, afirmó que “otorgan permiso de ofensa a los paramilitares sobre el resto de los reos. Son quienes les crean los problemas y luego pasan preguntándoles qué problemas tienen; al plantearlos les dan respuestas demagógicas y los problemas continúan, y si insisten, los amenazan, los coaccionan, los torturan y los ofenden”.
Antes de terminar, Abrahantes Valdés denunció además “la complicidad no solo de todos aquellos gobiernos de igual naturaleza, esos que defienden la no injerencia en los asuntos internos para poder esclavizar a sus pueblos, sino, lo que es más doloroso, de aquellos gobiernos que se hacen llamar demócratas y defensores de la libertad y, sin embargo, han contemplado con inacción —o con acciones que lejos de resolver el problema crean estructuras para que los aprovechados ganen millones— el terrorífico régimen genocida de los Castros”. “En fin”, concluyó, “es tan culpable de asesinato el que mata como el que no lo impide”.








