abril 3, 2026

Alina Fernández: “En Cuba es hora de un cambio de régimen desde finales de los años 80”

“En el momento en que murió Fidel Castro, todos pensábamos que [su régimen] había llegado a su fin (...), pero sobrevivió”, asegura la hija exiliada del dictador cubano.
Alina Fernández Revuelta y su padre, Fidel Castro Ruz
Alina Fernández Revuelta y su padre, Fidel Castro Ruz (Foto: Cortesía de AFR con The Epoch Times)

MIAMI, Estados Unidos ― Alina Fernández Revuelta, la hija exiliada de Fidel Castro y Natalia Revuelta, afirmó que en la Isla el cambio de régimen debió ocurrir hace décadas. En una entrevista publicada este miércoles por The Epoch Times, sostuvo: “Para mí, es hora de un cambio de régimen desde finales de los años 80”. 

También recordó que, tras la muerte de su padre biológico, muchos pensaron que el sistema se derrumbaría con él, pero eso no ocurrió: “En el momento en que murió Fidel Castro, todos pensábamos que [su régimen] había llegado a su fin, porque era un Gobierno muy personalizado y paternalista… narcisista… pero sobrevivió”.

Fernández, nacida en 1956, salió de Cuba en 1993, cuando tenía 37 años, y se estableció en Miami, donde, según The Epoch Times, ha llevado una vida modesta, similar a la de otros exiliados cubanos. En la entrevista dijo que se convirtió públicamente en disidente a finales de los años 80 y que entonces vivía con miedo por las consecuencias que eso podía traerle a su hija: “Me convertí en disidente, quiero decir, públicamente… a finales de los años 80. Así que tenía miedo. Temía por mi hija, que pudiera pasarle algo”.

Fernández describió la crisis de los años 90, el llamado “Período Especial”, como un tiempo de “miseria total”, marcado por la ausencia de electricidad, alimentos y transporte público, así como por el cierre de las escuelas. “Algunas personas dicen que ahora es peor, pero en los años 90 era terrible, terrible”, declaró. 

La hija de Fidel Castro relató que empezó a comprender la naturaleza del sistema comunista desde niña, a partir de una experiencia que presentó como reveladora: el llamado “trabajo voluntario”. “Fui a mi madre para decirle: ‘No quiero ir al trabajo voluntario’. (…) Ella dijo: ‘No, tienes que ir’”, recordó. A partir de ahí, según explicó, entendió la lógica coercitiva del régimen: “Así descubrí que en Cuba ‘voluntario’ significaba obligatorio”. Y remató: “Me di cuenta muy temprano de que me estaban mintiendo”.

La entrevista también repasa su historia familiar. Fernández es hija de Fidel Castro y de Natalia Revuelta, con quien el líder cubano sostuvo una relación mientras ambos estaban casados con otras personas. Creció con su madre y con el cardiólogo Orlando Fernández Ferrer, a quien creyó su padre hasta los 10 años. Según contó, no adoptó el apellido Castro por las leyes vigentes en Cuba. Su padrastro abandonó el país con su hermana a inicios de los años 60, y ella asegura que desde entonces tuvo que convivir con el estigma oficial sobre los familiares que emigraban: “Así que ya tenía que escribir en mis papeles de la escuela y en todos los papeles oficiales, tenía que sentir que tenía traidores en la familia”.

Fernández describió además a su madre como parte del núcleo original de la Revolución cubana. “Ella estuvo allí desde el principio… desde la preparación de la Revolución”, afirmó. Y agregó sobre la lealtad de Natalia Revuelta a Fidel Castro: “Había sido una simpatizante y una súbdita muy, muy fiel del rey”.

Otro de los momentos que identificó como decisivo en su ruptura con el régimen fue la crisis del Mariel en 1980. Entre abril y octubre de ese año, unas 125.000 personas salieron de Cuba rumbo a Estados Unidos desde el puerto del Mariel, después de que más de 10.000 cubanos pidieran asilo en la Embajada del Perú en La Habana. Fernández dijo que presenciar el trato contra quienes querían irse terminó de abrirle los ojos. “Se alentaba a la gente a ir a golpear a esas personas y gritarles y humillarlas y, en algunos casos, matarlas porque estaban dispuestas a irse del país”, declaró. “Y para mí, [eso] fue un punto de inflexión muy, muy duro: ver que a la gente la trataban así oficialmente. Eso me mató”.

Cuando finalmente decidió escapar, lo hizo con el pasaporte de una turista española que accedió a ayudarla. Primero viajó a España y luego recibió asilo político en Estados Unidos por medio de la Embajada estadounidense en Madrid. Llegó a Atlanta el 21 de diciembre de 1993. Su hija quedó inicialmente en Cuba, pero pocos días después, tras una visita del reverendo Jesse Jackson a la Isla, Fidel Castro autorizó la salida de su nieta. Fernández calificó ese episodio como una “intervención divina”.

La entrevistada volvió a La Habana por primera vez en 2014, tras 21 años fuera, con permiso de las autoridades cubanas, para visitar a su madre, que estaba gravemente enferma y hospitalizada. Desde entonces no ha regresado. Según dijo, espera volver cuando caiga el régimen. También aseguró que ya no mantiene contacto con sus familiares en Cuba, incluido su tío Raúl Castro. Sobre el efecto político del castrismo en la vida privada de los cubanos, afirmó: “Una de las mayores tragedias cubanas… es que esta locura dividió a las familias de la manera más dramática. Así que si no pensabas igual, te convertías en el enemigo”. Y añadió: “Es terrible. Ha sido así desde el principio”.

En la parte final de la entrevista, Fernández se mostró escéptica sobre la posibilidad de un cambio próximo generado desde dentro de la Isla. Dijo que protestas como los cacerolazos no bastarán para derribar al sistema, porque el poder sigue profundamente centralizado y el entramado comunista continúa en pie. 

Tras su salida de Cuba, se convirtió en una activa defensora de la libertad en la Isla y publicó en 1998 sus memorias, Castro’s Daughter: An Exile’s Memoir of Cuba (La hija de Castro: memorias de una exiliada cubana). También participó recientemente en el documental Revolution’s Daughter (Hija de la Revolución), cuyo estreno en Miami está previsto para este 10 de abril. Sobre su alejamiento de los medios hasta ahora, explicó: “He guardado silencio durante muchos, muchos años ya. Tenía la sensación de que ya había dicho todo lo que tenía que decir”. 

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