Una exposición en el Museo de Arte de las Américas (AMA, por sus siglas en inglés), en Washington DC, denuncia el oprobio de la prisión política en Cuba a través del arte de sus propias víctimas. Hasta el 11 de julio próximo, decenas de piezas realizadas por activistas y opositores actualmente en celdas de la isla desnudan de diversos modos esa zona liminal en que convergen la opresión del Estado y la resistencia física, moral, imaginativa del individuo.
La prisión invisible –que acoge el Art Museum of the Americas, adscrito a la Organización de Estados Americanos– incluye nombres tan conocidos como los del artivista Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Castillo Pérez (Osorbo), ambos del Movimiento San Isidro y condenados a cinco y nueve años, respectivamente, o bien a Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez, impulsores del podcast audiovisual El4tico, quienes fueron encarcelados a inicios de este año.
Pero también presenta obras de prisioneros de conciencia menos conocidos fuera de cierta parcela de la llamada sociedad civil cubana independiente: a saber, Leonard Richard González Alfonso, Dayán Gustavo Flores Brito, Yasmany González Valdés, Duannis Dabel León Taboada, María Cristina Garrido, Yasmany Gonzále Valdés (El Libre), Fernando Almenares (Nando Obdc), Eliezet Sesma Diago, Juan Enrique Pérez Sánchez y Virgilio Mantilla Arango.
La historiadora de arte y defensora de derechos humanos Anamely Ramos, una de las curadoras de la muestra, aseguró a través de redes sociales que la misma se armó “en tiempo récord” y que resultó “un desafío y a la vez una satisfacción mayúscula”.
“La motivación principal fue honrar lo que estos cubanos inmensos hacen hoy desde el interior de las cárceles cubanas. Honrar su sacrificio, su capacidad para encontrar belleza y tener fe en la vida y en el futuro e incluso su capacidad de mover los corazones y las mentes de los que estamos libres”, expresó, convencida de que “nada más justo que darles el espacio que se han ganado, y que sus nombres, sus rostros y sus historias sean conocidas por todos, mientras seguimos empujando para que su libertad llegue más temprano y llegue plena”.
De acuerdo con la curadora, exiliada en Estados Unidos tras sufrir ella misma represión gubernamental en la isla, estos artistas fueron privados de libertad, sobre todo, por “ejercer su derecho a la libertad de expresión y de manifestación”.
Algunos de ellos, de hecho, fueron detenidos en la estela del estallido social sin precedentes ocurrido el 11 de julio de 2021, al que sobrevino no solo una escalada directa de la violencia estatal, sino además una campaña de judicialización que condujo a condenas consideradas injustas y despreoporcionadas por múltiples observadores y entidades de derechos humanos.
Ramos insistió en la representatividad de la exposición, cuyo mensaje estaría formulado en nombre de “todos los presos políticos cubanos, los actuales y los antiguos, y [de] todo un pueblo aterrorizado por la tiranía”.
Por su lado, el Observatorio Cubano de Derechos Culturales (OCDC) –que también auspicia la exhibición– destacó que cada uno de estos autores crea “en condiciones de extrema vulnerabilidad, y que aun así dan muestras de una fortaleza de espíritu y una fe inquebrantable en el futuro de su país”, al tiempo que llamó la atención sobre las crcunstancias de “alta tensión” que atraviesa Cuba, un momento en que a todas luces “se hace más necesario que nunca continuar empujando por su #liberación”.
“El Observatorio agradece a la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la @cidh_iachr por concebir la idea de esta exposición y por patrocinarla; al Museo de las Américas por servir de anfitrión; y, de manera especial, a su curadora Adriana Ospina por cocurar la exhibición junto a @anamelyramos; así como a @raceandequality por las coordinaciones y el acompañamiento durante todo el proceso”, agregó la entidad, que a fines de 2025 contabilizaba en la isla hasta 17 artistas encarcelados y otros diez con “condenas sin internamiento”.
Esas cifras –que a menudo constituyen un subregistro dadas las nulas garantías para hacer trabajo de campo y acceder directamente a las víctimas dentro del país– no incluían, por ejemplo, a los miembros del proyecto El4tico, quienes fueron detenidos a principios del mes de febrero.


