El poeta, editor y traductor argentino Aníbal Cristobo murió el martes pasado a los 54 años en Barcelona, España, y dejó “inesperadamente” huérfano uno de los proyectos editoriales independientes más inspiradores en el ámbito de la lengua española, Kriller71, que supo definirse como “un vector entrópico, autogestionado en el remolino”, en pos de compartir la mejor poesía contemporánea.
“Gracias, Aníbal, por el corazón de la belleza. Por la poesía, por el entusiasmo”, dice una breve nota en el Instagram de la editorial. “Por la comunidad inmensa de lectorxs y amigues que te acompañaron y que te acompañan. Por el amor, por la sensibilidad de tu inteligencia, de tu conversación imparable. Por sostenernos a todes en este mundo oscuro, iluminándonos desde dentro de la magia del lenguaje. Recogemos el legado que nos dejas: libros, diálogos, amistad, amor. Te prometemos que vamos a cuidarlo. Te queremos, te queremos para siempre”.
Sus colaboradores y amigos invitaron a la comunidad en torno a Kriller71 Ediciones –un proyecto fundado en 2012, en tiempos en que Cristobo luchaba para sobrevivir económicamente, según relata este jueves Fruela Fernández en El País— a reunirse el próximo domingo para celebrar su memoria.
“Será un acto abierto a todas las personas que lo amaron y que amaron a la editorial. Os invitamos a venir, leer poemas, abrazarnos”, anunció Kriller71, que evocaba estos versos de la “Autobiografía literaria” del estadounidense Frank O´Hara: “Y aquí estoy, ¡el/ corazón de la belleza!/ ¡Escribiendo estos poemas! / ¡Quién lo diría!”.
Justamente, la editorial se caracterizó en estos años por atender tanto a la poesía latinoamericana (incluidos autores brasileños como Arnaldo Antunes, Carlito Azevedo Angélica Freitas) como a la traducción de grandes voces de la poesía moderna y contemporánea estadounidense y de otras naciones: el propio O’Hara, John Ashbery, Kenneth Koch, Mark Strand, Charles Bernstein, Allen Ginsberg, Gertrude Stein, Charles Reznikoff, Ted Hughes, Mary Jo Bang, James Tate, Mary Ruefle, Ben Lerner… y Joseph Brodsky, Edoardo Sanguineti, Valerio Magrelli, Gonçalo M. Tavares, Svetlana Cârstean…
“A veces somos una multitud, y otras veces solo se oye al viento: en el fondo aspiramos a que solo sea el catálogo quien hable. Eso sí: nunca nos fortalece la valentía, sino el placer de desarrollar nuestra legítima rareza, como quería Char”, declara en su web, a contrapelo de los tiempos, Kriller71.
En su obituario de El País, Fernández definió a Aníbal Cristobo como “un gran editor precario” cuyo motor vital era, ni más ni menos, “un entusiasmo torrencial, desmedido, al que era imposible resistirse”.
“Ese entusiasmo, pese a todo, no habría llegado muy lejos si Aníbal no hubiese tenido también una gran generosidad, unida a un cierto don para detectar sensibilidades afines”, anota más adelante. “Así, desde esa fragilidad solidaria, un tanto amateur pero siempre jovial, Kriller montó un catálogo que desacredita al de otras editoriales mucho mejor financiadas (e infinitamente más conformistas)”.
Cristobo publicó en español y portugués los poemas de Teste da iguana (1997), Jet-lag (2002) y Krill (2022) –todos recopilados luego en Miniaturas kinéticas (2005)–, así como Krakatoa (2012), Minha vida como bacteria (2014), Una premonición queer (2016) y La ruta de la tos (2018).
Nacido en Lanús, Buenos Aires, en 1971, el poeta y editor vivió en Río de Janeiro, Brasil, entre 1996 y 2001; residió en Barcelona desde el año 2022.

