Una gran exposición, Ubú pintor. Alfred Jarry y las artes, pone de relieve la poderosa influencia de un autor tan subversivo como universal y, sin embargo, a menudo olvidado. Hasta el 5 de abril próximo, el Museo Picasso de Barcelona presenta 489 piezas que de alguna manera rescatan la corrosiva, libérrima creatividad de Jarry y su círculo en el París del penúltimo cambio de siglo, aquellos precursores de la imaginación dadaísta, las visiones del surrealismo, el teatro del absurdo y, por supuesto, el ilustre Colegio de Patafísica.
Con un timing aparentemente inmejorable, vista la deriva política a nivel global, la muestra sería también una evocación crítica de lo que constituye un “personaje conceptual” a todas luces fertilísimo: “Entre provocación, humor y lucidez, Alfred Jarry (1873-1907) inventa con Ubu roi una figura universal: grotesca, violenta y absurda, un espejo deformante del poder y del ser humano. Ubú, el «rey de ninguna parte», anuncia la brutalidad del siglo XX y encarna el humor negro que atraviesa la modernidad”, señala la pinacoteca catalana.
Y pronto hace notar, en su presentación, que –desdichadamente– “más de un siglo después, el universo ubuesco perdura: una mezcla de sátira y fantasía donde el exceso revela la verdad. Ubú, espejo grotesco del hombre y sus abusos, aún se ríe en las entrañas del arte contemporáneo”.
Las nueve secciones de Ubú pintor. Alfred Jarry y las artes –comisariada por Emmanuel Guigon– combinan pautas de orden cronológico y temático. Pero Ubú es el centro de ese microcosmos: “Ubú se ha convertido en un arquetipo universal”, ha declarado el curador principal, quien advirtió asimismo que para su autor está a la altura Ulises, Don Quijote o Madame Bovary. “Pero, a diferencia de sus predecesores, el personaje desborda todos los tabúes. Desde su primera aparición en Ubú rey, su figura grotesca, desmesurada y cómicamente cruel escandalizó al público y abrió paso a un mito moderno. Simboliza una palabra sin freno, un poder desatado y una libertad provocadora, rasgos que incluso Jarry adoptó en su propia vida como prolongación del personaje. Ubú se ha impuesto como una estrella moderna, no exenta de humor”.
Obras teatrales, libros, piezas gráficas y dibujos de Alfred Jarry (Laval, 1873 – París, 1907) se suman en esta exposición a creaciones de artistas cercanos como Pierre Bonnard, Paul Gauguin, Henri Toulouse-Lautrec, Charles Filiger, George Rouault y los pintores nabis.
También se puede constatar ahí su huella entre los surrealistas y los patafísicos; en gente como Jean Dubuffet o Enrico Baj, además de creadores contemporáneos como William Kentridge, interesado en “sus personajes despóticos, corruptos y totalitarios”.
El breve texto introductorio de la muestra define en estos términos a su protagonista: “Poeta, dramaturgo y dibujante, amigo de los pintores nabis, Jarry vivió su personaje hasta confundirse con él, convirtiendo la literatura en una aventura vital y estética”, se lee ahí. “La huella de Jarry fue decisiva para las vanguardias. Picasso, fascinado por el espíritu subversivo de Ubú, lo reinventó como símbolo del dictador moderno en Sueño y mentira de Franco (1937). Los surrealistas –André Breton, Michel Leiris, Max Ernst, Joan Miró– lo reconocieron como precursor de su revuelta poética. En 1948, el Collège de Pataphysique prosigue su legado, transformando su «ciencia de las soluciones imaginarias» en un laboratorio de libertad”.
Ubú pintor. Alfred Jarry y las artes se antoja un subrayado urgente sobre el fondo de la actualidad.
El Museo Picasso de Barcelona resume en dos trazos el destino y el lugar de la obra original y su memorable personaje en el mundo del arte: “La pieza se representó dos tardes”, leemos. “Pero la falta de aplausos no impidió que en el ámbito artístico la obra se reconociera como una parodia del Macbeth de William Shakespeare y hasta hoy, en plenas turbulencias políticas locales y mundiales, Ubú sigue estando de plena actualidad”.


