HOLGUÍN, Cuba ― “Siempre fui al mercado Los Chinos porque había variedad de productos a diferentes precios. Desde que lo desbarataron paso mucho trabajo porque los vendedores están regados por todo Holguín y los precios son más altos”, dice Yolanda Ruiz, vecina del reparto Lenin y quien durante años hizo allí sus compras de la semana.
Ya se cumplió más de un mes de la decisión que cambió la forma en que miles de holguineros consiguen alimentos.
El 11 de junio pasado, las autoridades desalojaron el mercado informal conocido popularmente como Los Chinos, y 10 días después inauguraron dos bulevares comerciales para reubicar a los vendedores.
El resultado, según relatan compradores y comerciantes, no fue el orden prometido sino una dispersión que encareció los productos y dejó vacíos varios de los nuevos quioscos.
La medida buscaba, según argumentaron las autoridades del Gobierno municipal, recuperar la higiene y despejar la circulación peatonal en una zona que llevaba años ocupada de forma irregular. “La verdad es que aquello estaba feo, muy sucio, con los quioscos montados de cualquier manera. Pero cerrar por cerrar no arregló nada. En Los Chinos había diferentes precios porque había competencia”, explica Yisel Martínez, otra compradora habitual del antiguo mercado.
El mercado informal ocupaba casi un kilómetro de la calle 8, entre las calles 19 y 21, en el reparto Lenin de la ciudad de Holguín, donde se ubica también el Mercado Agropecuario Estatal (MAE) Los Chinos. El nombre, según reza una tarja metálica en el interior del establecimiento, honra a los inmigrantes chinos que se asentaron en Holguín.
El punto de venta informal creció alrededor del estatal, como respuesta a la oferta insuficiente y a los horarios inestables de venta.

El holguinero Jorge Fernández no anda con rodeos al valorar las consecuencias de cerrar ese espacio sin ofrecer antes una alternativa viable para el pueblo: “Si tú quitas un lugar y no pones una opción mejor, entonces el pueblo es el afectado”. Mayra Suárez, por su parte, resalta el descontento popular. “Era un peligro para la salud con tanta suciedad, pero también es cierto que ahí uno encontraba cosas que en otro lugar no aparecían o estaban con precios por las nubes”, reflexiona.
El plan de reordenamiento trasladó a parte de los vendedores a dos bulevares, uno en Pueblo Nuevo y otro en Villa Nueva 2, mientras un tercer grupo fue reubicado en la zona de El Gran Panel, próxima al antiguo mercado informal. Cada quiosco cuesta alrededor de un millón 600.000 pesos cubanos. Los vendedores beneficiados tendrán un año sin impuestos para intentar recuperar esa inversión, según confirmó al periódico estatal Ahora Greyin Estupiñán Reyes, viceintendente de la Construcción del municipio de Holguín.
La cifra, lejos de tranquilizar a los pequeños comerciantes, es justamente lo que muchos señalan como la traba del problema. Ricardo Padrón lo plantea sin tapujos: “Los nuevos espacios suenan bonitos en el papel, pero la realidad es otra. Si a un vendedor le piden una suma altísima de dinero por un quiosco, ahora vende más caro para recuperar la inversión”.
Lisandra Rodríguez, que conoció de cerca a varios de los desalojados, subraya un costo que rara vez entra en las estadísticas oficiales: “Yo vi a varios vendedores desesperados, porque ese era su sustento. No solo les quitaron el puesto sino que afectaron sus ganancias y le crearon un problema a sus familias”.
Con menos vendedores compitiendo entre sí y rentas más altas que pagar, los precios subieron casi de inmediato. Damaris Peña lo advierte: “En Holguín todo el mundo sabe que Los Chinos movía mucha mercancía. Quitarlo así, de golpe, deja un problema grande. Enseguida suben los precios y el que sufre es el pueblo”.
Y agrega después: “Yo no defiendo el desorden, pero tampoco creo que cerrar era la única salida. Si el mercado resolvía comida, había que enderezarlo, no borrarlo”.

Un mes después, la promesa de bulevares limpios y ordenados choca con locales que pocos ocupan. “Muchos de estos quioscos están vacíos porque muy pocos pueden pagar un local caro sin saber si después van a vender lo suficiente para recuperar la inversión. La verdad es que uno ve esos quioscos y piensa ‘Bonito sí, pero, ¿para quién?’”, dice uno de los vendedores que aceptó reubicarse y pidió ser identificado solamente como Joel.
Para las autoridades, el cierre de Los Chinos soluciona la ocupación informal del espacio urbano. Para buena parte de los vecinos y vendedores, en cambio, la solución trasladó el problema sin resolverlo, porque la demanda de alimentos en una provincia con crisis alimentaria sigue intacta, solo que ahora repartida en locales caros y con menos competencia entre quienes venden.
Martha, otra comerciante trasladada, detalla un factor que las autoridades no siempre consideran al concebir estos planes. “Ahora la cantidad de clientes no es la misma. Si tú te vas para un lugar donde la gente no pasa tanto, o donde todavía no hay costumbre de comprar, el negocio no prospera. Entonces, el quiosco puede verse nuevo, limpio y hasta mejor puesto, pero, si no hay ventas, no tenemos ganancia”.










