La escuela hace tiempo dejó de tener calidad. Antes, un error ortográfico era un escándalo; ahora es como si no pasara nada”, dice Gloria Martínez, haciendo referencia a la proliferación de carteles con faltas de ortografía en Holguín.
“No hechar basura”, “cerdo azado”, “tullo”, “Se yenan fosforeras”, “vendo bisicleta”, “cillita”, “por fabor”, “jolleros”, son palabras con faltas ortográficas escritas en carteles públicos que conforman una galería del deterioro lingüístico que avanza sin que a nadie parezca importarle.
Los errores ortográficos escritos en paredes y cartones son la parte visible que muestra el descenso sostenido del sistema educativo cubano, impulsado por una crisis económica que vacía las aulas de maestros y los empuja a emprender otras profesiones que les permiten una supervivencia básica.
El millonario presupuesto destinado por el Gobierno al sistema de Educación choca frontalmente con una realidad donde la correcta escritura pasó de ser un aprendizaje garantizado a una rareza.
La acumulación de residuos sólidos en las calles, consecuencia de la deficiente recogida de basura, ha traído consigo la aparición de carteles que prohíben arrojar desperdicios con una falta ortográfica recurrente. “Hay muchos carteles de ‘no hechar basura’. Todos escriben echar con h y nadie arregla los carteles”, dice Ariel Ramos.

Y es que esa falta de asombro ante los errores ortográficos alarma a los padres que ven el futuro de sus hijos comprometido. María del Carmen Méndez no oculta su malestar al respecto. “La falta de ortografía demuestra que la educación en Cuba no está bien. Es verdad que aquí la educación es gratis, pero también es verdad que aquí la educación es de mala calidad”, advierte Méndez, para luego denunciar el deterioro institucional desde su entorno familiar. “Hay mala calidad de la educación porque no hay maestros. Mi hija, que está en una escuela primaria, deja de recibir clases porque no hay maestros”.
Los medios oficiales se han visto obligados a publicar sobre el tema. “En no pocas escuelas de Holguín late una preocupación: la falta de maestros. Hace más de una década el territorio viene afrontando dificultades con la disponibilidad de maestros. La situación de la cobertura docente, lejos de encontrar una solución definitiva, se consolida como uno de los desafíos más complejos y persistentes para el sector educacional”, escribió la periodista Yanela Ruiz González en Ahora, el periódico oficialista de la provincia.
Las cifras actuales anulan cualquier proyección optimista. El artículo periodístico reconoce que “con la inflación, la migración y todos los problemas que hostigan la vida socioeconómica del país, se ha convertido en una prioridad a resolver. Al comparar el comportamiento de los últimos cinco años es notable la tendencia a seguir agudizándose el problema. En el curso 2024-2025 la cobertura alcanzó el 92 por ciento y la presente etapa lectiva inició con un 83,5; en estos momentos, 80,1 por ciento, según se informó en el reciente Consejo de Gobierno, lo que significa que hacen falta cerca de 3 mil maestros”. La repercusión de esta crisis recae directamente sobre el alumnado, ya que “afecta globalmente la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje”, concluye la periodista.
Las causas de esta deserción profesional responden casi por completo a la supervivencia económica. “Soy licenciada en Español y Literatura y trabajé tres años en una escuela secundaria, pero me fui porque el salario era bajo”, confiesa Dayami Rodríguez, una universitaria que actualmente se desempeña como vendedora en una Mipyme, donde percibe una mejor remuneración.
La decisión de Rodríguez obedece a un entorno monetario adverso. El economista Pedro Monreal detalla la gravedad de los ingresos de los empleados públicos en la Isla. “El 100% de los trabajadores estatales de Cuba está en situación de pobreza extrema”, sentencia Monreal en un análisis publicado en su perfil de Facebook.
Monreal cita la metodología internacional para fundamentar su afirmación. “Si se aplica a Cuba la línea internacional de pobreza extrema del Banco Mundial (2,15 dólares diarios), el 100% de los trabajadores estatales del país caería en la categoría de pobreza extrema”, recalca el experto. Para avalar este cálculo, el economista puntualiza que “utilizó el salario medio estatal de 6.685 pesos cubanos (CUP) y el tipo de cambio oficial de 1 USD = 120 CUP que mantiene el Gobierno”.
El presupuesto aprobado en enero de 2026 por la Asamblea Nacional del Poder Popular —presentado por el ministro de Finanzas y Precios, Vladimir Regueiro— destina 71.983 millones de pesos a educación, el 20% de un total de 550.590 millones. Sobre el papel, la cifra parece significativa.
Sin embargo, los holguineros contrastan la cifra millonaria con la deficiencia académica que perciben. “El presupuesto que le dan a Educación no se corresponde con la calidad”, argumenta el holguinero Abel Lescano. “No solo se nota en la falta de ortografía; la mala calidad de la educación en Cuba se ve en las vulgaridades de los jóvenes, en el desconocimiento de temas científicos elementales, en el mal gusto musical”, detalla Lescano.
Las distracciones provocadas por el uso de la tecnología complican el aprendizaje ante la falta de guías escolares. “Antes en la escuela se leían libros; ahora solo leen mensajes cortos en el teléfono. Y eso se nota”, dice Rosa Jiménez. “Cuando escriben, se confunden todo el tiempo. La ortografía no se aprende de un día para otro; se aprende leyendo, escribiendo, repitiendo. Los carteles no pueden estar bien escritos si la gente no lee”, afirma.
La aceptación pasiva del error gramatical anula el valor de la instrucción básica.
“La gente ya no se sorprende por los errores de ortografía. Antes, uno se fijaba y decía: ‘Qué vergüenza’. Ahora pasa inadvertido. La escuela perdió calidad”, afirma Lilia Márquez. “Y el Estado, en vez de corregir, lo que hace es justificar. Pero la crisis no es excusa para escribir mal”.










