MIAMI, Estados Unidos ― La llegada del petrolero ruso Anatoly Kolodkin a la Base de Supertanqueros de Matanzas ofrece a Cuba un respiro momentáneo en medio de la crisis energética, pero los propios reportes disponibles coinciden en que no resolverá el desabastecimiento estructural de combustible ni frenará, por sí solo, los apagones y la parálisis de sectores clave de la economía.
El buque arribó este martes con unas 100.000 toneladas de crudo ruso Urales, equivalentes a alrededor de 730.000 barriles, según BBC News Mundo, aunque otro de los reportes revisados elevó la cifra a 740.000 barriles.
El envío constituye el primer cargamento de petróleo que llega a la Isla tras varias semanas de escasez aguda.
Según BBC News Mundo, Cuba produce aproximadamente 40.000 barriles diarios, mientras su consumo mínimo estimado para funcionar con normalidad ronda los 100.000. Ese déficit había sido cubierto hasta hace poco con envíos de aliados como Venezuela y México, además de cargamentos ocasionales desde Rusia, pero el endurecimiento de la presión de Washington en enero y los cambios geopolíticos en la región agravaron la situación.
La administración de Donald Trump, sin embargo, envió señales contradictorias sobre el alcance político de esta operación. Preguntado por periodistas a bordo del Air Force One sobre el petrolero ruso en Cuba, Trump aseguró: “No nos importa que alguien lleve un cargamento porque lo necesitan (…), tienen que sobrevivir”. El mandatario añadió que Cuba está “acabada” y dijo no tener “ningún problema” con que otros países le suministren hidrocarburos. Pero después, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, matizó que eso no suponía un cambio oficial de política y que las autorizaciones para futuros envíos a la Isla se revisarían “caso por caso”.
Desde La Habana, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, celebró la llegada del buque. “Nuestro agradecimiento al Gobierno y pueblo de Rusia por todo el apoyo que estamos recibiendo. Carga valiosa que llega en medio de la compleja situación energética que enfrentamos”, escribió en redes sociales.
Pese al impacto político y simbólico del arribo, el efecto material del cargamento no será inmediato. El experto en energía Jorge Piñón, investigador de la Universidad de Texas en Austin citado por BBC News Mundo, explicó que el crudo descargado en Matanzas no puede usarse de forma directa y deberá pasar por un proceso logístico y de refinación que demorará varias semanas. “Tras descargarse en la terminal de Matanzas, después, dentro de un par de días, tienen que volver otra vez a cargar todo ese volumen en dos pequeños tanqueros para llevarlo a la refinería de La Habana, que es donde se va a procesar el crudo”, dijo.
A partir de ahí, según Piñón, el refinado del hidrocarburo en gasolina, diésel u otros derivados tardaría entre 15 y 20 días, y la posterior distribución del combustible a los sectores priorizados por el Estado sumaría aproximadamente otros 10 días. Eso significa que el eventual alivio para la economía cubana podría tardar entre 20 y 30 días en sentirse.
El especialista también advirtió que el sistema de refinación cubano limita severamente el provecho que puede sacarse del envío ruso. Sobre la refinería de La Habana, la instalación donde se procesaría el crudo, sostuvo: “Es la antigua refinería de Exxon, fue construida en los años 50. Así que es una refinería simple, antigua, ineficiente”. Ese cuello de botella, añadió, reduciría el volumen de diésel disponible. “Seguro que lo que se va a poder producir no es más de 200.000 o 250.000 barriles de diésel”, pronosticó.
Esa cifra, incluso en el escenario más favorable, apenas supondría un alivio transitorio. El diario Noticias de Navarra (NTM) calculó que ese volumen de diésel cubriría la demanda nacional por “algo más de 12 días”, una estimación que retrata la estrechez del margen con el que operaría el país aun después del refinado. Piñón fue igualmente tajante al valorar el alcance del cargamento: “Se va a terminar pronto. No es suficiente para suministrar a toda Cuba, desde cabo San Antonio a Maisí, todo el diésel que necesita”.
El experto indicó además que, una vez refinado, el combustible probablemente no se distribuirá de forma homogénea, sino según prioridades definidas por el Gobierno. A su juicio, el transporte, la agricultura, los hospitales y otros servicios considerados estratégicos figurarían entre los sectores con mayores probabilidades de recibir parte del diésel. Pero incluso dentro de ese esquema, advirtió que una porción relevante podría no llegar al consumo civil. “Si hubiera un conflicto militar entre Estados Unidos y Cuba, el Gobierno va a necesitar su propia contingencia o sus propias reservas estratégicas de diésel. Así que yo no dudo que se quede con parte de esa producción de diésel”, afirmó.
Más allá del impacto inmediato, el arribo del Anatoly Kolodkin reabre la interrogante sobre si Rusia u otros países volverán a enviar petróleo a Cuba. Por ahora, BBC News Mundo señaló que no se habían detectado nuevos petroleros rumbo a la Isla tras la salida de este buque. Ese mismo reporte apuntó que la incertidumbre sobre posibles represalias estadounidenses y las limitaciones de La Habana para pagar futuros cargamentos —en un contexto de precios altos del crudo y acceso casi nulo al crédito internacional— siguen siendo factores disuasorios.
Desde Moscú, no obstante, el gesto fue presentado como una muestra de respaldo político a un aliado histórico. “En condiciones de un durísimo bloqueo, nuestros amigos cubanos necesitan productos derivados del petróleo”, declaró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.
NTM añadió otro elemento de contexto: la crisis de combustible no solo ha golpeado el transporte y la generación eléctrica, sino también las comunicaciones. Ese medio aseguró que, de acuerdo con datos de la estatal ETECSA, el 47,5% de las radiobases y el 56,5% de los gabinetes de telefonía quedan fuera de servicio cuando falla el sistema eléctrico nacional, debido al deterioro de las baterías de respaldo.
Con todo, la llegada del petróleo ruso puede evitar, por unos días, un agravamiento mayor de la crisis, pero no cambia el cuadro de fondo. Piñón lo resumió así: “Todo el mundo tiene grandes esperanzas por la ayuda humanitaria que trae este petrolero, pero es un capítulo. Es decir, cuando terminas ese capítulo y le das la vuelta a la página, no hay más nada. Ya se terminó, final”.








