LA HABANA.- ¿En qué podría ser beneficioso para los BRICS(Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) el ingreso de Cuba al grupo como miembro pleno? La respuesta es obvia cuando se piensa en lo sucedido recientemente con el bufete británico PCB Byrne, aún con la ingenua esperanza de cobrar unas 50 mil libras esterlinas por haber sido contratado por el régimen cubano en el caso contra el fondo de inversión CRF I y el ICBC Standars Bank. O podemos, incluso, recordar las demandas por casi nueve millones de dólares que la empresa rusa Ark Technic ha presentado en un tribunal de arbitraje de Moscú contra la Empresa Cubana Importadora de Aviación (Aviaimport S.A.) y la Corporación de la Aviación Cubana S.A. (CACSA) por las deudas acumuladas durante años, aún sin pagar.
Esos son los dos casos más frescos en el historial de impagos del castrismo pero aún nos mata de la risa la paciencia del Club de París, el aguante y la resignación —muy sospechosas— del empresariado español y en especial de Meliá International Hotels y la intrigante persistencia de China que probablemente podría pagar 100 dólares a cada uno de sus habitantes si algún día lograra recuperar lo que ha echado en Cuba tanto en dinero prestado, millones invertidos y barcos cargados de donativos. ¿O es que lo estaría cobrando de algún otro modo?
Rusia también ha tenido que renunciar varias veces a cobrar lo suyo, pero en cuanto a los BRICS, teniendo en cuenta su experiencia, ha negado el apoyo a su mantenido del Caribe, que ahora queda condenado a desandar el mundo a la caza de alguien que no conozca su añeja historia de estafas.
Si Washington hasta este minuto no sabría en concreto qué hacer con Cuba —que aunque les representa un peligro para la seguridad nacional igual es un desastre descomunal como país que nadie quisiera cargarse a la espalda—, los BRICS sí están muy conscientes de que nada bueno resultaría de permitir que la pandilla del PCC se convierta en un socio de pleno derecho.
Sería como mantener un incinerador encendido en las bóvedas del grupo, y la “solidaridad” incluso para Moscú y el Brasil de Lula da Silva tiene límites muy bien definidos en lo que respecta a La Habana, con una larga “tradición” de deudas acumuladas, pagos aplazados, chantajes políticos, dinero dilapidado, estafas a empresarios extranjeros y otras jugadas sucias que han involucrado no solo a generales fusilados y ministros destituidos sino a la propia familia Castro, ya sea de modo directo o usando a terceros.
Un ex diplomático y oficial de la inteligencia cubana me confesaba hace unos días sobre operaciones en las que participó durante los años 70 y 80, presuntamente ordenadas y orquestadas por Fidel Castro con el fin de obtener dinero rápido y fácil de empresarios y figuras de cierta relevancia política que llegaban a Cuba desde Europa, África y hasta desde los Estados Unidos no con el fin de establecer negocios sino de simplemente hacer turismo.
De acuerdo con su testimonio, los personajes que resultaban de interés para la “dirigencia del país” eran espiados minuciosamente durante la estancia, colocándoseles equipos de grabación tanto en los lugares donde se hospedaban como en aquellos donde se preveía visitaran y hasta en los autos de alquiler, asignándoseles oficiales que se hacían pasar por choferes, personal de servicio, traductores, cocineros y hasta por servidores sexuales, siempre “buscando alguna información comprometedora que luego pudiera ser usada para presionarlos”, de acuerdo con sus propias palabras.
Así, bajo prácticas de chantaje y hasta de tolerancia con el crimen, cuenta el ex oficial, se lograron varios acuerdos políticos y comerciales, y así también se obtuvieron cuantiosas sumas de dinero, y hasta colaboraciones de inteligencia en grupos de interés dentro de los Estados Unidos.
Serían los casos de algunos empresarios europeos y personas influyentes que, a cambio de invertir en Cuba o promover la inversión, como garantía se les permitía estar por encima de la ley, ya sea teniendo sexo con menores de edad, consumiendo y traficando drogas, contrabandeando tabaco o cazando y pescando especies en peligro de extinción en zonas declaradas como áreas protegidas.
Empresarios de renombre aparecen en sus testimonios (y de eso pudiera escribir más adelante) junto con personajes de menor categoría pero que igual han servido a la dictadura para capturar presas mayores. También más de un caso escalofriante, como la historia más conocida del chileno escolta de Salvador Allende que terminó estafado pero antes muy a propósito casado con una de las hijas del comandante Antonio Núñez Jiménez.
Pero uno de los casos más monstruosos fue el de un grupo de oficiales del ejército sudafricano en el año 1987. El propio Fidel Castro los habría invitado a vacacionar en Varadero, proporcionándoles todo tipo de placeres y tolerándoles infinitos excesos, incluido el asesinato por estrangulamiento de una de las jóvenes que, siendo cadete del Ministerio del Interior, fuera reclutada en el papel de prostituta. Todo habría sido grabado en secreto y luego usado, hasta el presente, como chantaje contra los oficiales sudafricanos involucrados en el crimen. Este episodio también lo recoge la novela Dulces guerreros cubanos, escrita por Norberto Fuentes y publicada originalmente en 1999
Es por esa experiencia personal que este ex oficial de inteligencia y diplomático con el cual conversamos se explicaba los millones de dólares que, sin lógica aparente, el régimen ha recibido del ejército y del gobierno sudafricano en los últimos años. De acuerdo con denuncias provenientes de organizaciones dentro del propio país africano, e igualmente, más allá de las fronteras, esas relaciones de chantaje pudieran explicar la confianza con que los funcionarios cubanos aspirarían a ingresar a los BRICS, así como el punto en que hablan de “beneficios mutuos” (quizás dicho esto último con la sonrisa sarcástica que demanda la ocasión).
Si algo de fuerza gravita en la decisión de no haberle permitido a Cuba el ingreso a los BRICS, a pesar de amistades y solidaridades, es sin dudas su extenso historial de mala paga pero mucho más la certeza de que, menos que un verdadero gobierno y que una mafia, lo que gobierna del lado de acá es una pandilla, y nadie que de verdad quiera hacer negocios y que estos prosperen quiere tratos con pandilleros.










