LA HABANA.- Este lunes, el colega Luis Cino publicó, en las páginas de este mismo diario digital, un interesante artículo consagrado a dar respuesta a la pregunta que le sirve de título: “¿Qué socialismo defienden los inmovilistas del castrismo?”. Desde su inicio mismo, el eminente colega consigna su punto de partida: “Es de suponer que la unidad en las filas del castrismo tardocastrista no debe ser tan monolítica como pudiera pensarse, a juzgar, por ejemplo, por la invariable unanimidad a mano alzada en las votaciones de la Asamblea Nacional del Poder Popular”.
Me complace sobremanera constatar que, en ese punto tan importante, las ideas de don Luis y las mías coinciden en lo esencial. Sí, es enorme la catástrofe en la cual, como consecuencia ineludible de dos tercios de siglo de régimen castrocomunista, está hundida nuestra Cuba. Y en tan gran medida, que considero sencillamente imposible que, a pesar de los irritantes privilegios de los cuales disfrutan, en el seno de la dirigencia del régimen no haya un número apreciable de mayimbes conscientes del callejón sin salida en el que sus compañeros de banda han metido al pueblo de la Isla.
Otra cosa —¡claro!— es que esos señores se animen a exteriorizar sus discrepancias. Ya se sabe que, al caracterizar la vida interna de las agrupaciones comunistas, podemos pensar en cualquier cosa menos en encontrar tolerancia o respeto por los criterios de aquellos que discrepan de las opiniones de los jefes…
También es razonable suponer que, mientras el hermano menor del fundador de la dinastía siga dando muestras de su increíble longevidad, parece poco probable que los discrepantes se animen a exteriorizar su inconformidad. Pero el escenario cambiará cuando —algo que, por ley de la vida, deberá suceder más temprano que tarde— el General de Ejército ya no esté presente.
Otro factor que considero no menos importante es el interés mostrado por la actual administración estadounidense en los asuntos de Cuba. Han sido tres los países sometidos a regímenes dictatoriales por los que el presidente Trump y su equipo han expresado especial interés: me refiero a Venezuela, Irán y nuestra Isla. De ellos, los dos primeros han constatado ya la contundencia trumpista…
En el caso de Cuba, determinados órganos estadounidenses (citados por la prensa independiente cubana) hablan de intimaciones realizadas por interlocutores de habla inglesa. Este mismo diario digital fue ejemplo de ello cuando publicó el titular siguiente: “EE. UU. da ultimátum al régimen cubano para liberar presos políticos, según USA Today”.
Desde las filas del castrocomunismo, el subdirector general a cargo de Estados Unidos en el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Isla (MINREX), Alejandro García del Toro, reaccionó: “Puedo asegurar que recientemente se celebró aquí, en Cuba, un encuentro entre delegaciones de Cuba y Estados Unidos”, a nivel de viceministros cubanos y subsecretarios de Estado.
Y puntualizó el portavoz castrocomunista: “En el marco de la reunión, ninguna de las partes estableció plazos ni realizó planteamientos conminatorios, como ha sido mencionado por medios de prensa estadounidenses”. A mayor abundamiento, el vocero del MINREX habanero concluyó: “Todo el intercambio se produjo de forma respetuosa y profesional”.
Aquí cabe destacar una obviedad: los órganos masivos que responden a la política castrocomunista —que son, como se sabe, todos los que existen oficialmente en territorio de la Isla— no reciben “filtraciones” provenientes de los representantes cubanos que participan en las conversaciones. Estos prefieren limitarse a reaccionar ante informaciones que, invocando fuentes anónimas, se divulgan desde Norteamérica.
En el ínterin, para los cubanos de a pie “no escampa”. Cuando se observa una mejora en alguna de las situaciones calamitosas que padecen los ciudadanos —como, por ejemplo, lo sucedido recientemente en la capital con respecto al suministro de energía eléctrica—, se hace inevitable constatar un decidido empeoramiento en otro frente.
Ahora mismo casi 200.000 habaneros padecen la falta de agua. Estamos hablando de “cerca del 11 % de la población capitalina”, que se encuentra “sin servicio y sin respuesta”, y sufre un impacto particularmente severo debido a la ausencia de alternativas reales.
En medio de esas calamidades a las que no puede ponérseles coto, a los mayimbes del habanero Palacio de la Revolución, con el presumible objetivo de “demostrar” el indeclinable “apoyo” de la población, no se les ha ocurrido nada mejor que organizar una nueva recogida de firmas como forma de respaldar el más reciente mamotreto ideado por el Departamento Ideológico del Comité Central del partido único.
Este modus operandi ha sido empleado más de una vez durante sus decenios de dominio omnímodo por los bonzos castrocomunistas. Hasta ahora, las operaciones de ese tipo han resultado, en lo fundamental, exitosas. Por supuesto que, al conminar a los ciudadanos a estampar sus firmas en los libros confeccionados al efecto —para lo cual sí aparece el papel necesario—, los jefes cuentan con la intimidación que puede generar en cualquier cubano de a pie el simple hecho de que su superior lo “invite” a participar.
Pero es forzoso reconocer que, en medio del cataclismo actual, surgen serias dudas sobre el resultado de este nuevo empeño del régimen. Si una parte considerable de los ciudadanos cede una vez más a la coacción comunista, ello no despertaría mayor extrañeza. Pero habrá que ver qué sucede en la práctica. Porque la catástrofe actual es de tal magnitud que hay motivos para pensar que muchos invocarán cualquier pretexto para no estampar su firma. ¡Por supuesto que eso es lo que merecen los castrocomunistas!









