LA HABANA.- “¿Viste? Desde hace días no nos han quitado la corriente”, comenta un vecino. “Eso seguro es para que la gente vaya a firmar la cartica esa”, le responde otro. En efecto, desde la noche del sábado 18 de abril de 2026, los moradores de esta parte de Lawton hemos sido beneficiados con un suministro eléctrico casi constante —salvo algún que otro microapagón de 20 minutos—. Y, dado que, como repiten en las telenovelas brasileñas, “cuando la limosna es mucha, el santo desconfía”, los más suspicaces han comenzado a recelar de tanta “benevolencia”.
Y no andan descaminados: según se anunció en el espacio televisivo Mesa Redonda, los apagones serían pospuestos hasta comienzos de mayo.
En cuanto a la “cartica esa”, mi vecino se refiere a la más reciente movilización urdida por el régimen. Se trata de la campaña “Mi firma por la patria”, creada para recoger las rúbricas de los ciudadanos en apoyo a la Declaración del Gobierno Revolucionario “Girón es hoy y es siempre”. En otras palabras, un intento desesperado del Partido Comunista de Cuba por comprometer a sus simpatizantes —y, sobre todo, a quienes no lo son tanto—.
Así, en barrios, centros de trabajo e instituciones estatales (especialmente en las más allegadas a la cúpula), se han dispuesto mesas y libros para que “el pueblo” y “los trabajadores” puedan plasmar su adhesión al régimen, en un momento marcado tanto por la presión de la Casa Blanca como por la indignación y el descontento popular en el plano interno.
Dicho de ese modo, esta representación podría parecer un contrasentido para cualquier persona normal. Sin embargo, desde el punto de vista de la dictadura, este es precisamente el contexto ideal para semejante pantomima. Los personeros del régimen saben muy bien que las listas obtenidas, por extensas que resulten, no supondrán una diferencia real —ni ellos esperan que la suponga— ni en su ejercicio del poder ni en la vida diaria de los cubanos, ensombrecida por los bajos salarios y pensiones, la escasez de alimentos, medicamentos y servicios básicos, así como por el deterioro general de las condiciones de vida.
Por el contrario, el objetivo de esta movilización “popular”, en tanto herramienta política, es desviar la atención de los ciudadanos de nuestras desgracias cotidianas, al tiempo que nos recuerda que la cadena invisible que nos sujeta sigue intacta, y que el lazo alrededor de nuestros cuellos puede apretarse aún más.
Por desgracia, todavía persiste en muchos el miedo a “señalarse”. Es precisamente ese miedo —más que la complicidad o la ignorancia— lo que mueve a la mayoría de los que dicen “sí” cuando en realidad piensan “no”. Muchos de los que se dejan utilizar, sin estar de acuerdo, creen —erróneamente— que lo importante es oponerse en su interior, aunque en público se le sirva al régimen para “hacer números”.
En realidad, es justamente lo contrario: la verdadera libertad comienza en el individuo, y ser libre significa, ante todo, no dejarse utilizar por el totalitarismo.
Con todo, cada vez son más numerosos quienes cuestionan este teatro y se niegan a participar. Al mencionarles el tema a varios vecinos, una sorprendente mayoría coincide en que añadir su nombre a la lista es suscribir la perpetuación de la pobreza, del hambre, de los basureros, de las enfermedades, de la falta de agua, de la represión y, cómo no, de los apagones.
Porque, si hay algo de lo que todos estamos conscientes, es de que los odiados y temidos cortes de electricidad volverán tan pronto como termine la payasada de turno.









