HOLGUÍN, Cuba ― “Vengo a pescar porque mi salario no da ni para dos libras de carne. Si no saco una claria del río, me acuesto con hambre”, dice Lorenzo Frómeta, quien a menudo lanza el anzuelo en el río Jigüe de la ciudad de Holguín.
Como él, decenas de holguineros pescan en ríos contaminados arriesgando su salud para obtener lo que el mercado y salario ya no le garantizan. “Hace años que a ese río no lo limpian. Todas las aguas contaminadas y la basura las echan ahí. Siempre hay gente pescando en esa suciedad. Es que mientras la comida siga cara, la gente comerá lo que sea”, sentencia Luis Ernesto Valdés, un holguinero que observa a los pescadores improvisados en la orilla del Marañón, otro río que atraviesa la ciudad.
El salario mínimo general subió en julio pasado de 2.100 a 3.210 pesos, un 53%. La pensión mínima, en cambio, pasó en septiembre de 2025 de 1.528 a 3.056 pesos. El propio Gobierno reconoció que el nuevo salario mínimo seguía siendo insuficiente para cubrir la canasta básica.
Pescar… ¿para sobrevivir o enfermar?
“Aquí nadie de Salud Pública ha dicho si el pescado está contaminado”, afirma un pescador que pidio ser identificado solo como Carlos por temor a represalias de las autoridades. El holguinero pesca en El Jigüe. “Tú lo sacas [el pescado]; no apesta tanto, y [lo tiras] pa’ la jaba”.
“Si estuviera tan malo ―aclara―, pondrían un cartel prohibiendo la pesca”, cree él. “La gente se lo come porque ‘ojos que no ven, corazón que no siente’”.

Un experto del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología de Holguín, que también pidió anonimato por temor a ser despedido, lo explica: “El peligro no es que todo pez de los ríos de la ciudad esté envenenado, sino que no hay garantía sanitaria y existen fuentes conocidas de contaminación. Lo mejor es evitar pescar allí, no entrar en el agua y lavarse inmediatamente con agua limpia y jabón si se produce contacto”.
“La contaminación no elimina toda la fauna acuática. Que se capturen peces demuestra que existe vida en el cauce, pero esto no garantiza que sean aptos para el consumo”, agregó.
Cocinar el pescado, prosiguió el profesional, tampoco elimina el riesgo. Los metales pesados concentrados sobre todo en el sedimento son resistentes al fuego de un fogón. Por otro lado, el peligro no se limita a ingerir el pescado: el simple contacto con el agua de los ríos puede provocar infecciones cutáneas, también precisó.
Odalis Rodríguez, vecina del reparto Santiesteban, recuerda un caso conocido en la ciudad: “Mi vecino sacó unas clarias de El Jigüe, se las comió y le dio diarrea. Vendió algunas cosas de la casa para comprar medicamentos en la calle, porque la farmacia está pelá. Lo que supuestamente se ahorró en comida lo gastó en medicinas y estuvo como 15 días sin trabajar”.
Y fueron aguas cristalinas…
El Jigüe y el Marañón nacen en las laderas de la Loma de la Cruz. En fecha tan lejana como el año 1756, el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz describió ambos ríos como de aguas cristalinas y saludables. Hoy, ambas corrientes funcionan prácticamente como drenaje y vertedero común.
El Jigüe y el Marañón, junto al Miradero y el Milagrito, arroyos que también recorren la ciudad, durante años han recibido aguas residuales, basura y desechos de un crecimiento urbano que avanzó sin control. Viviendas sin conexión adecuada al alcantarillado descargan de forma directa en los ríos, que acumulan plásticos y escombros. Además, en la capital provincial existen más de 15.000 fosas sépticas con baja cobertura de evacuación, de acuerdo con la emisora Radio Angulo. Muchas de ellas descargarían en ríos y arroyos cercanos.

“Hace años los ríos de Holguín son basureros y el Gobierno no hace nada”, afirma Lázaro Domínguez, un señor de 74 años, vecino del reparto Pueblo Nuevo. “No me acuerdo de la última vez que comí pescado; desde hace muchos años no hay en las carnicerías del Gobierno y tampoco los he visto en las tiendas que venden en dólares”, afirma Domínguez.
La Ley de Pesca entró en vigor el 5 de agosto de 2020, pero no logró los resultados esperados, según Miladys Naranjo Blanco, viceministra del Ministerio de la Industria Alimentaria. La escasez de pescado también fue admitida por Miguel Díaz-Canel ante la Asamblea Nacional del Poder Popular en diciembre de 2022, cuando reconoció que Cuba contaba con una ley de pesca pero no tenía pescado.
Hace más de 10 años, en 2014, el periódico Granma reconoció el deterioro constructivo y la obsolescencia tecnológica de buena parte de la flota pesquera. Una década después, en 2024, pescadores consultados por la agencia IPS denunciaron la falta de hielo, combustible y artes de pesca.










