LA HABANA, Cuba ― Con frecuencia algunos artistas e intelectuales cubanos que habitualmente comparten las posiciones del castrismo y se alejan de las aspiraciones del exilio cubano de Miami plantean que adoptan semejante actitud porque con ello defienden la existencia de la nación cubana. Claro que se refieren a ese espacio de la conciencia colectiva donde se manifiesta nuestra nacionalidad y que va más allá de los límites de la geografía.
Uno de los intelectuales cubanos que más se interesó por los temas relacionados con el establecimiento de la nación cubana fue sin dudas el catedrático y ensayista Jorge Mañach. Su libro Historia y estilo, aparecido en 1944 recoge el artículo “La nación y la formación histórica”, con el que ingresó en la Academia de la Historia de Cuba.
En ese texto, Mañach expone que la nación es la forma más definida de los pueblos y que cobra forma en la medida en que adquiere, por la cohesión y la concordancia interna, un carácter y un sentido colectivo. A renglón seguido asevera que “un pueblo solo tiene su conciencia colectiva cuando se siente solidarizado en sus recuerdos y aspiraciones”.
Tomemos entonces los casos de dos naciones perfectamente constituidas: Francia y Estados Unidos. Con independencia de matices ideológicos y preferencias políticas, todos los franceses festejan el 14 de julio la toma de La Bastilla como el acontecimiento que marcó el inicio de su gran revolución de 1789. O sea, que mantienen una especie de unidad en torno a un suceso clave en su historia patria.
Algo parecido ocurre en Estados Unidos. Allí la fecha del 4 de julio, día de la Declaración de Independencia, es de general celebración, lo mismo para un demócrata, un republicano o un partidario de otra agrupación política. Los estadounidenses se sienten solidarizados en sus recuerdos alrededor de un hecho capital en el devenir de su país.
Los cubanos, en cambio, no podemos decir lo mismo ante una jornada que significó un hito en el advenimiento de la Isla al concierto de países independientes: la fecha del 20 de mayo de 1902.
Antes de la llegada de Fidel Castro al poder, todos los cubanos festejaban ese día, que se consideraba la culminación de 30 años de luchas contra el colonialismo español. Sin embargo, después de 1959 la situación ha cambiado. Para los cubanos del exilio y también para aquellos que en el interior de Cuba no comulgan con el discurso de la maquinaria comunista en el poder, el 20 de mayo sigue siendo una fecha de amplia recordación.
Mas, hacia el interior de la Isla, las autoridades castristas han borrado la fecha del 20 de mayo del calendario de celebraciones nacionales, al considerar esa jornada como el símbolo de la inauguración de una república mediatizada y sujeta al supuesto dominio de Estados Unidos.
En lo relativo a la solidaridad de aspiraciones tampoco existe concordancia entre los cubanos. Mientras la gran mayoría de los cubanos, dentro y fuera de la Isla, anhelan un futuro de democracia y el establecimiento de un Estado de derecho, la dictadura castrista persiste en su empeño de mantener por la fuerza un régimen contrario al deseo de libertad de la mayoría de la población.
Lo anterior permite corroborar quiénes son los que en este momento están impidiendo el establecimiento de la nación cubana. También queda claro que aquellos que apoyan al actual régimen castrista, bajo el argumento de que así defienden a la nación, no hacen más que aliarse con los que sojuzgan al pueblo y conculcan las libertades en nombre de una nación inexistente.









