Gottschalk y Ruiz Espadero: la amistad que sobrevivió a la muerte

La novela La caja de cedro, de Roberto Fernández-Rizo, reconstruye la intensa amistad entre los pianistas Louis Moreau Gottschalk y Nicolás Ruiz Espadero, así como la lucha del músico cubano por preservar el legado de quien revolucionó la música del siglo XIX con ritmos afrocaribeños.
Collage: Cubanet

LA HABANA.- Dos extraordinarios pianistas del siglo XIX —el estadounidense Louis Moreau Gottschalk (1829-1869) y el cubano Nicolás Ruiz Espadero (1832-1890)— son los protagonistas de La caja de cedro, la novela más reciente de Roberto Fernández-Rizo, ya disponible en Amazon.

Gottschalk, compositor de piezas como Bamboula, A Night in the Tropics, Le Bananier y Le Banjo, fue el primer pianista estadounidense en alcanzar reconocimiento internacional y uno de los primeros músicos en introducir ritmos cubanos y afrocaribeños en Estados Unidos.

Mucho menos conocido fuera de los círculos especializados es Nicolás Ruiz Espadero, también un virtuoso del piano y maestro de Ignacio Cervantes, considerado uno de los compositores cubanos más influyentes del siglo XIX.

En La caja de cedro, Fernández-Rizo —cubano radicado en Colombia y estudioso de la música afrolatina— reconstruye, apoyado en hechos históricos y elementos de ficción, la profunda amistad entre ambos músicos y el empeño casi obsesivo de Ruiz Espadero por preservar el legado de Gottschalk tras su muerte en Brasil, el 18 de diciembre de 1869, a los 40 años.

Según algunas versiones, Gottschalk murió de peritonitis; otras apuntan a la fiebre amarilla. Pero más allá de las causas, la desaparición del músico dejó en manos de Ruiz Espadero manuscritos, cartas y partituras que la familia del pianista reclamaba desde Estados Unidos.

La novela cuenta cómo, presionado por los insistentes pedidos de Sara Gottschalk, hermana del compositor, Ruiz Espadero terminó entregando parte de aquella papelería. Sin embargo, decidió ocultar los documentos más íntimos —entre ellos los relacionados con los amores del músico con una dama habanera a quien dedicó la pieza Ojos criollos— en un doble fondo construido en la base de su piano, cerca de los pedales.

La amistad entre ambos comenzó en 1859, durante una visita de Gottschalk a La Habana. Allí conoció a Manuel Saumell, Ignacio Cervantes y Ruiz Espadero. Pero fue este último quien más lo impresionó. Al escucharlo tocar, Gottschalk sintió haber encontrado a su alma gemela musical: alguien capaz de entender no solo su música, sino también sus silencios.

Ruiz Espadero, extremadamente tímido y poco dado a los escenarios, poseía sin embargo una extraordinaria sensibilidad musical. Mientras Gottschalk desbordaba pasión e intuición frente al piano, el cubano ordenaba, estructuraba y daba forma a aquel torrente creativo.

La influencia de Ruiz Espadero fue decisiva en A Night in the Tropics, estrenada por Gottschalk en 1860 en el habanero Teatro Tacón. Para aquella obra, el músico estadounidense incorporó a una orquesta filarmónica de 135 músicos los tambores de la tumba francesa interpretados por esclavos traídos desde Santiago de Cuba. Fue la primera vez que tambores africanos se utilizaron dentro de una composición sinfónica.

Nacido en Nueva Orleans, Gottschalk estaba fascinado por la música de origen africano. Había recorrido Luisiana y Alabama buscando ritmos y sonoridades para sus composiciones, pero sentía que faltaba algo esencial: los tambores.

En Estados Unidos, los esclavos tenían prohibido tocarlos porque los amos temían que sirvieran para preservar cultos africanos o facilitar rebeliones. Por eso Gottschalk viajó al Caribe, atraído por los sonidos que sobrevivían en Haití, las Antillas y Cuba.

Fue en la Isla donde encontró finalmente la riqueza rítmica y los colores musicales que llevaba años buscando. Y para traducir aquella explosión sonora al lenguaje sinfónico contó con la complicidad y el talento de Ruiz Espadero.

La caja de cedro rescata no solo una amistad excepcional, sino también la silenciosa batalla de Nicolás Ruiz Espadero por proteger la memoria y la obra de Louis Moreau Gottschalk, aun a costa de sacrificar parte de su propia carrera.

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