Muchos inmuebles que en otro tiempo representaron el esplendor arquitectónico, cultural y comercial de La Habana hoy sobreviven entre el abandono, la ruina o, en el peor de los casos, han desaparecido por completo. De aquellas estructuras, que en su momento fueron sinónimo de modernidad y elegancia y que marcaron épocas y estilos de vida, apenas quedan vestigios: terrenos vacíos o edificios que resisten el paso del tiempo en condiciones precarias.
Así ha sucedido con el edificio que albergó a El Mundo, uno de los periódicos más influyentes y de mayor circulación en Cuba, reconocido como “el periódico de los hogares cubanos”.

El Mundo fue fundado en 1901 y su sede, ubicada en la calle Virtudes, albergaba la redacción, la administración y modernos talleres. También destacaba por una sobria fachada de estilo art decó, con altas ventanas y líneas verticales.
El periódico fue un referente del periodismo nacional, hasta que un devastador incendio ocurrido el 19 de febrero de 1969 arrasó con gran parte de sus instalaciones. Del fuego, que destruyó archivos históricos, colecciones completas de publicaciones, miles de fotografías y grabados, solo se salvó la imprenta y el almacén. Este suceso precipitó su cierre definitivo en 1969 y su legado fue absorbido por otros medios.
Tienda Sears
Ubicada en la céntrica intersección de Reina y Amistad, frente al Parque de la Fraternidad, esta tienda por departamentos, de la cadena norteamericana Sears Roebuck and Company, introdujo nuevos estándares de consumo y modernidad.

La llegada de Sears a La Habana en noviembre de 1942 marcó un hito en el comercio minorista de la Isla. El edificio, que tenía tres niveles y un sótano comercial, destacaba no solo por su amplitud sino también por contar con la primera escalera mecánica en funcionamiento en Cuba.
Tras décadas de actividad, el local atravesó distintas etapas: desde mercado paralelo en los años 80 hasta su cierre por falta de abastecimiento. Posteriormente, fue restaurado y transformado en el actual Palacio de la Computación, cambiando completamente su función original.
RCA Victor
Situada en la calle Neptuno, la tienda RCA Victor abrió sus puertas el 21 de abril de 1930, aunque fue fundada en enero de 1929; rápidamente se convirtió en un símbolo del avance tecnológico en Cuba. El local se especializó en la venta de radios, televisores y equipos de sonido y también funcionó como estudio de grabación, siendo clave en la difusión de la música cubana.
Durante años, fue punto de encuentro entre innovación y cultura, en una etapa en la que la radio comenzaba a consolidarse en la Isla. Sin embargo, tras décadas de abandono y deterioro, el inmueble terminó en condiciones críticas, hasta ser convertido en un basurero. Finalmente, el inmueble fue demolido en septiembre de 2024, poniendo fin a uno de los espacios más emblemáticos de la industria cultural habanera.
Cafetería El Polo
Ubicada en la esquina de Reina y Ángeles, la cafetería, bar y fonda “El Polo” formó parte de la vida cotidiana habanera como un sitio de encuentro popular. Aunque hoy apenas se menciona entre los grandes hitos de la ciudad, su presencia refleja la importancia de estos espacios en la dinámica social urbana de su tiempo.
Cine Alkázar
El cine Alkázar, en la intersección de Consulado y Virtudes, fue uno de los grandes centros culturales de La Habana durante gran parte del siglo XX. El cine surgió tras el derrumbe del antiguo Teatro Alhambra en 1935, heredando incluso su relevancia simbólica.
De estilo art decó, formó parte del Circuito Smith, que estaba conformado por los cines Riviera, Encanto, Fausto, Alkázar, Favorito, Florencia, Universal, Strand y Arenal, entre otros.

El Alkázar acogió importantes presentaciones artísticas y cinematográficas, llegando a congregar a miles de espectadores en sus estrenos. Con el tiempo, el espacio alternó entre teatro y cine, y tras varias transformaciones pasó a ser sede del Teatro Musical de La Habana, en 1962.
Cerrado definitivamente en la década de 1990 por problemas técnicos, el edificio ha sufrido un acelerado deterioro y hoy sus ruinas reflejan la pérdida de uno de los grandes templos culturales de la capital.
Hotel New York y Cuban Telephone Company
El Hotel New York fue inaugurado en 1920 en la calle Dragones. Durante años fue un punto estratégico para viajeros y comerciantes gracias a su cercanía con El Capitolio y el Parque de la Fraternidad.
Al alojamiento, originalmente de tres pisos y 100 habitaciones, luego se le añadió una cuarta planta igual que las demás y las recámaras se ampliaron a 200. Fue concebido con influencias de la arquitectura estadounidense y llegó a ser uno de los alojamientos más destacados de su época, con comodidades modernas y una estructura ampliada hasta cuatro niveles; pero, tras décadas de uso y posteriores cambios administrativos, el hotel cayó en decadencia hasta quedar completamente abandonado.
Muy cerca de allí se alza el edificio de lo que fue la Compañía de Teléfono, Cuban Telephone Company, inaugurado en 1927 y considerado uno de los primeros rascacielos de La Habana, con sus 62 metros de altura. El inmueble fue diseñado por el arquitecto Leonardo Morales y simbolizó el desarrollo urbano y tecnológico de la ciudad en el siglo XX, manteniéndose como una de sus referencias arquitectónicas más notables.
Hotel Isla de Cuba
El Hotel Isla de Cuba, situado en la calle Monte, fue durante años un referente del auge hotelero habanero. Poseía una arquitectura ecléctica que combinaba elementos renacentistas, barrocos y neoclásicos, y una ubicación privilegiada que lo convirtieron en un espacio destacado dentro de la vida social de La Habana.
A lo largo del tiempo, el local sufrió un progresivo deterioro hasta quedar en estado de abandono. Actualmente, sus restos evidencian el paso del tiempo y la falta de conservación, aunque su historia permanece ligada al desarrollo turístico de la ciudad.
Colegio de las Ursulinas y Hotel San Carlos
El Colegio de las Ursulinas fue fundado en el siglo XIX por la madre Ursulina Antonia de Santa Mónica Ramos y otras religiosas llegadas desde Nueva Orleans, en Luisiana, y destacó por su singular estilo neomudéjar, poco común en la Isla.

Durante décadas fue una institución educativa de prestigio, especialmente para la formación femenina, hasta que dejó de funcionar tras los cambios en el sistema educativo en los años 60. Desde entonces, el conjunto arquitectónico ha tenido diversos usos y hoy presenta un notable deterioro, convertido en un solar.
Colindando con el Colegio de las Ursulinas se encontraba el Hotel San Carlos, construido en la década de 1920 para alojar a viajeros atraídos por la cercanía de la estación ferroviaria y el centro urbano.
Con el tiempo, perdió relevancia frente a hoteles más modernos, y tras años de deterioro estructural fue demolido en 1996. En su lugar quedó un vacío urbano que aún recuerda la magnitud de la edificación original.
El deterioro de estos inmuebles refleja una profunda transformación en el paisaje urbano de la capital. Aunque muchos conservan aún rasgos de su antigua grandeza, la desidia y el paso del tiempo han marcado su destino. Muchos de estos inmuebles emblemáticos de La Habana pasaron del esplendor al abandono con la llegada del régimen de Fidel Castro.










