SANTA CLARA, Cuba ― Un meme que circula desde hace cerca de un mes en los grupos de redes sociales de Villa Clara muestra a un hombre atiborrado de cadenas de oro al que se le pregunta cómo logró semejante fortuna y él responde, con ironía, que vendiendo cigarros H. Upmann. Aunque parezca increíble, cada cajetilla de esta y otras marcas, como Popular (rojo), está siendo comercializada a 1.000 pesos o más en el mercado informal.
La crisis generalizada en el país ha golpeado también a los fumadores, que recorren media ciudad en busca de cigarrillos sueltos a 40 o 50 pesos cada unidad, ante la evidente imposibilidad de pagar una cajetilla completa a esos precios desorbitados. En las últimas semanas, Gilberto González, un jubilado especialista textil que ahora trabaja como custodio, calcula haber desembolsado más de lo que gana en una quincena tan solo para “mantener el vicio” adquirido en su juventud.
“Antes compraba una caja para dos días, pero ahora me tengo que conformar con cinco diarios”, asegura. “Los dejo para las guardias de la noche por la ansiedad que me entra al estar solo. Sé que es algo negativo para mi salud, pero es muy difícil dejarlo ya cuando han pasado tantos años, y aquí se vive con mucho estrés”. Gilberto recuerda la historia de un amigo ingeniero que en el llamado Período Especial esperaba en lugares públicos que alguien terminara de fumar para recoger los restos, una práctica común entre los fumadores en los años 90.

“Le hizo un hueco por debajo al maletín de trabajo y se iba para las colas de las guaguas a esperar que alguien tirara los cabos”, cuenta. “Ponía el maletín arriba del cigarro y hacía como que buscaba algo, los apagaba en el piso y después se los fumaba en su casa”. Gilberto apunta que aún en esos “tiempos malos” al menos suministraban cigarrillos por la libreta de abastecimiento de vez en cuando. “No alcanzaban para el mes, pero por lo menos podías fumar para engañar al hambre”, apunta.
Hasta el mes pasado, en las bodegas de Villa Clara entregaban cuatro cajas de cigarrillos sin filtro marca Popular por cada integrante mayor de 18 años del núcleo familiar, pero en lo que va de este mes de agosto, el surtido no ha arribado a las referidas unidades. Al preguntar en algunas bodegas de la zona centro de Santa Clara, sus dependientas confirmaron que ni siquiera les han informado si entrarán o no. Suponen que se debe a la imposibilidad de trasladarlos desde los almacenes.
El (des)ordenamiento de los cigarros
Esta no es la primera vez en los últimos años que la escasez de cigarros ha derivado en un alza descontrolada de sus precios. Entre 2019 y 2020 desaparecieron de la red de comercios por moneda nacional. En aquel entonces, los medios nacionales achacaron la crisis de los cigarrillos calificados como de “línea económica” de las marcas Criollo, Titanes y Popular a la paralización de las fábricas por el impacto de la pandemia de COVID-19 y a roturas imprevistas en la Fábrica “Lázaro Peña” de Holguín, que debe concentrar más del 50% del plan nacional. También dijeron que no contaban con insumos imprescindibles como las marquillas (cajas) o el papel de envoltura (rueda o paquete), así como otros problemas logísticos y de transportación.

Mientras la nueva crisis golpeaba los bolsillos de los fumadores, los cigarros de la empresa mixta Brascuba Cigarrillos, S.A., fabricados en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, comenzaron a comercializarse exclusivamente en las tiendas por moneda libremente convertible, por lo que no parecían estar afectados directamente por la falta de materias primas. De hecho, una nota de Granma que intentaba justificar la escasez de cigarros en el país publicada en 2022 menciona, casi al final, que los cigarrillos de las marcas H. Upmann, Popular (con filtro), Rothmans, Dunhill y Cohiba, con sus respectivas líneas, habían cumplido sin contratiempos su plan de producción al 86%.
En un intento por racionalizar la venta de cigarrillos y frenar el acaparamiento, los gobiernos locales decidieron distribuir el producto nuevamente mediante la libreta de abastecimiento. Poco después, a nivel nacional, se fijó un precio minorista más elevado a través de la Resolución 63 del Ministerio de Finanzas y Precios, dando pie a un negocio de reventa que terminó superando con creces el valor original de las cajetillas.
La distribución normada de los cigarrillos de las marcas Popular y Criollos trajo mayor abundancia al mercado informal, pero condujo a que se elevara el precio de las cajetillas a más de 300 pesos cubanos cada una a principios de este año. Ahora se dispararon a cifras que van de los 550 hasta los 700 pesos en casi todas las provincias del país. Por lógica, quienes no fumaban y los recibían mediante la canasta básica optaban por venderlos incluso en sus propias viviendas para suplir otras necesidades, sobre todo de alimentación.
Sin nicotina para relajarse
Cuatro industrias en Cuba se encargan de producir los cigarrillos de la línea económica: se ubican en La Habana, Sancti Spíritus, Holguín y Villa Clara. La “Ramiro Lavandero” del municipio de Ranchuelo fue fundada en 1921 por los hermanos Trinidad Velasco y se consolidó como una de las fábricas más prósperas del país, la mayor del interior y el punto de partida de la carrera empresarial y radiofónica de Amado Trinidad. La planta, que en su momento produjo millones de cajetillas de marcas como Trinidad y Hermano y Vegueros, se encuentra prácticamente paralizada.

Según la información que CubaNet pudo recabar de tres fuentes residentes en Ranchuelo, allí se comenta que la interrupción responde principalmente a los apagones diarios de más de 20 horas que afectan a esta localidad, situada a tan solo unos 25 kilómetros de la cabecera provincial. Otros dos ranchueleros contactados también han escuchado decir que el paro productivo guarda alguna relación con la reciente epidemia de dengue que afectó al municipio.
Aunque la combinación de causas resulta difícil de precisar, en el perfil de Facebook de la fábrica —que aparenta ser su cuenta oficial— no se publican actualizaciones desde el mes de julio. En una de las últimas se afirmaba que la empresa contaba “con todos los recursos necesarios para satisfacer los retos productivos”, pero que el déficit de energía eléctrica impedía avanzar en “la ejecución de producciones comprometidas”. Ningún medio local ha explicado el motivo del atraso en la venta de cigarrillos normados en las bodegas de Villa Clara, pero todo apunta a que obedece a la recesión que atraviesa la fábrica de Ranchuelo.
El propio artículo citado de Granma explicita que los planes de distribución mensual están determinados “por la oferta que sea capaz de generar la empresa suministradora” y que “las marcas comercializadas dependen del vínculo fábrica-provincia, así como de las capacidades productivas”. En otras palabras, si no arranca la “Ramiro Lavandero”, no habrá cigarros que distribuir en las bodegas de Villa Clara. “La realidad que se ve en las calles es que los fumadores están desesperados a punto de ingreso psiquiátrico porque necesitan la nicotina para relajarse”, publicó en Facebook el santaclareño José Luis Artiles.

¿De dónde salen los cigarros de reventa?
En pleno bulevar de Santa Clara un comerciante muestra los cigarros a los transeúntes bien organizados sobre una caja de cartón. El stock incluye los Popular (rojo), H. Upmann (sin filtro) y marcas similares a las producidas por fábricas cubanas. Por una cajetilla de los primeros pide 1.000 pesos; los segundos solo los vende por unidad, a 45 pesos cada uno. Asegura que los de Brascuba se los proporciona un intermediario que, a su vez, se los compra a otra persona que viaja con frecuencia a La Cuevita de La Habana.
Las cajetillas de los supuestos cigarros Popular están abiertas y carecen del sello identificativo de la empresa que, por norma, garantiza su procedencia oficial. Todo indica que se trata de los cigarros conocidos en el argot popular como “Tupamaro” o “rompe-pulmón”, los cuales se producen en fábricas clandestinas con recortes de tabaco como materia prima principal.
“Se reconocen fácil, porque esos no hay quien logre aspirarlos, pero son los más baratos y solo el que tiene vicio los compra”, ilustra Marisol, una vendedora de cigarros de 75 años que fuma desde la adolescencia. La anciana afirma que ella también ha vendido los “Tupamaro” en el último mes, pero acostumbra a probarlos antes de adquirirlos en grandes pacas. Al preguntarle de dónde provienen los cigarrillos tan parecidos a los de la misma fábrica de Ranchuelo, incluso con nailon cobertor, evita dar pistas de sus proveedores. Acota, sin embargo: “No hay que ser Sherlock Holmes para saber de dónde sale el papel o la picadura para fabricarlos por la izquierda. Aquí nadie tiene tabaquerías particulares”, ironiza.

En marzo pasado, perfiles gestionados por el Ministerio del Interior en Holguín informaron sobre el desmantelamiento de tres fábricas clandestinas de cigarrillos Criollos que habían funcionado durante años con grandes cantidades de materias primas valoradas en más de dos millones de pesos, aunque no especificaron si estas procedían directamente de la industria del territorio. A principios de agosto, una mujer denunció que fue estafada en La Cuevita de La Habana con pacas de cigarros que se hallaban selladas y lucían exactamente igual a las producidas por Brascuba: las mismas cajas y envoltorios, pero rellenos de lana.
Mientras escasean los llamados “cigarros de los pobres”, los de Brascuba siguen subiendo de precio cada día según la oferta y la demanda en el mercado informal. Si en las calles pueden hallarse a 1.000 pesos, en bares y cafeterías particulares llegan a costar entre 1.500 y 2.000 pesos cada cajetilla. Antes de la crisis actual, en las tiendas por dólares de Santa Clara se comercializaban estas marcas a más de un dólar por cajetilla, pero hace meses que no se ven a la venta. Resulta tremendamente llamativo que los vendedores dispongan de cajetillas almacenadas por ruedas, como si contaran con un canal estable paralelo de abastecimiento.
“Eso es lo más sospechoso del asunto”, piensa Gilberto González, el fumador santaclareño citado antes. “Para que haya tanto cigarro de los caros en las calles, ahora que está malo el transporte para todas partes, tienen que estar saliendo de algún almacén más cercano, porque si no ¿dónde estaría la ganancia?”, se pregunta. “Debe de haber mucha gente empapada con el negocio de los cigarros”.









