Qué pasaría si Meliá cierra operaciones en Cuba

La crisis en Cuba, agravada por nuevas sanciones de EE.UU. y los impagos del régimen, pone en duda la continuidad de cadenas como Meliá.
El hotel Meliá Cohíba, en La Habana, administrado por la española Meliá
El hotel Meliá Cohíba, en La Habana, administrado por la española Meliá (Foto: Infotur)

La pregunta circula a toda velocidad en los despachos profesionales que defienden los intereses del régimen comunista en Madrid, donde hay más que preocupación por lo que pueda ocurrir antes del verano. En La Habana, entretenidos con la FIT virtual de este año, parecen estar ajenos a lo que se cuece.

La salida de la canadiense Sherritt de Cuba y el cierre de sus operaciones en la minería del níquel, tras la publicación de la orden del presidente Trump del 1 de mayo, ha hecho saltar las alarmas. Cierto que el negocio del níquel en Cuba había estado en caída libre desde hace años, y la empresa no ha encontrado mejor solución que tirar la toalla.

Algunos sostienen que el turismo es otra cosa, y que la apuesta por este negocio es a medio y largo plazo. Sí, más o menos lo mismo que decía el ministro Matutes cuando anunció el desembarco de la hostelería española a comienzos de los años 90 del siglo pasado, justo en el momento en que Fidel Castro decidió personalmente que había llegado el momento de promocionar el turismo en Cuba en pleno período especial. Y han pasado 30 años esperando ese futuro de oportunidades que ahora está cada vez más lejos, a pesar de las gigantescas inversiones del régimen en construcción de hoteles y los ambiciosos planes que se atribuyen a esa corporación oscura llamada GAESA, que aglutina los intereses económicos ocultos de los dirigentes comunistas.

El caso es que la temporada alta de Cuba ha sido un desastre, con cifras de turistas que sonrojan a cualquiera y mientras otros destinos del Caribe, como República Dominicana, Cancún o Costa Rica, han registrado resultados espectaculares, las cifras de Cuba han sido claramente negativas. De cara al verano y al resto del año, el turismo internacional no muestra signos de recuperación y ya el régimen ha anunciado planes para fomentar el turismo nacional, pero con este tipo de iniciativas alocadas no van a conseguir ni la décima parte de lo que se recauda con el turismo extranjero.

Estando así las cosas, ¿levantará Meliá y otras hoteleras y empresas españolas sus instalaciones en la Isla?

Parece que la culpa de todo la tienen 316 millones de euros, que navegan en las aguas turbulentas de las donaciones de dinero público de España a Cuba por medio de las deudas perdonadas al régimen comunista de La Habana a cambio de impulsar proyectos comunes. Una vía que encanta a los dirigentes del régimen, porque se quedan con todos los fondos y los dedican a lo que quieren, pero que supone un duro golpe para las 200 empresas españolas presentes en Cuba (entre ellas las hoteleras), que han creado una plataforma de afectados por los impagos del régimen, que acumulan deudas por valor de 316 millones de euros. Esa es la cifra antes citada.

El 50% de las compañías de la plataforma proceden de Cataluña y otro 20% del País Vasco y, desde el pasado 5 de mayo, se extiende una decepción general como consecuencia del rechazo a la moción presentada por el Grupo Plural en el Senado, en la que se instaba al Gobierno a aplicar medidas “que ayuden a las empresas españolas que trabajan o comercian con Cuba a liquidar los importes pendientes por parte del gobierno cubano y las empresas públicas cubanas”.

El Gobierno de Sánchez se abstuvo en la votación, a diferencia de Junts (miembro de ese grupo en el Senado), del PP y del PNV, que votaron a favor de la moción. El resto de los grupos parlamentarios se abstuvieron, por lo que la moción fue rechazada, motivando el malestar de la plataforma. Los socialistas, de la mano de sus representantes en la cámara, destacaron un supuesto apoyo del Gobierno a las compañías perjudicadas por los impagos, pero al mismo tiempo defendieron su rechazo a la moción con la justificación de que no se puede destinar gasto público a partidas que la ley no faculta.

Al respecto, señalaron que “la Secretaría de Estado de Comercio realiza un seguimiento a través de la encuesta de deuda que elabora la oficina comercial y ha realizado numerosas reclamaciones ante autoridades cubanas en nombre de esas empresas. La implicación para que se acabe con los impagos del gobierno cubano es total. Lo que no podemos compartir es el pago de compensaciones por parte del Estado español como consecuencia de operaciones comerciales de empresas privadas con el Gobierno de Cuba”.

La preocupación de los empresarios en Cuba se ha convertido en una espada de Damocles, porque la Isla se encuentra inmersa en una grave crisis económica, que no es de ahora mismo, sino que se viene manifestando desde hace años, y además tiene dificultades para garantizar el suministro eléctrico y el aprovisionamiento de bienes de primera necesidad, como alimentos, vacunas o medicamentos. Pero, sobre todo, la capacidad financiera es nula, de modo que existe una manifiesta imposibilidad para atender compromisos de deuda en los mercados internacionales, lo que aproxima a la Isla a la categoría de “bonos basura”. La orden presidencial del 1 de mayo ha supuesto un nuevo golpe y todos piensan que Sherritt ha sido la primera de una serie de empresas que, poniendo un punto final a su aventura en la Isla, tendrán que cerrar sus operaciones, cundiendo una cierta sensación de pánico.

El caso es que, con dificultades para garantizar el suministro de petróleo crudo en la Isla, la economía y la sociedad se encuentran paralizadas, y eso acentúa el hundimiento del turismo internacional, una actividad sensible a estas consideraciones, lo mismo que el abastecimiento de queroseno, que ha llevado a compañías aéreas españolas, americanas o canadienses a suprimir vuelos a Cuba, lo que tendrá un efecto directo en la llegada de turistas y la recaudación de ingresos.

A tenor de lo expuesto, el negocio de las cadenas hoteleras españolas pasa al punto de mira de los analistas y observadores. Es el caso de Meliá, el grupo hotelero español con más activos en Cuba, un total de 36 hoteles gestionados. El negocio de esta compañía se ha visto comprometido en el primer trimestre como consecuencia del efecto combinado de la orden presidencial de Estados Unidos, la dificultad para obtener combustible y el establecimiento de un bloqueo comercial, y todo ello ha quedado reflejado en la presentación de resultados de estos últimos tres meses. La reacción ha sido promover un cierre paulatino de los hoteles, concentrando a los pocos turistas en las instalaciones que se mantienen abiertas, pero ello no sirve para conseguir niveles de ocupación que garanticen la operatividad de la actividad hotelera.

En este escenario de incertidumbre ha vuelto a surgir con fuerza la vía que tanto gusta al régimen comunista y que parece que el Gobierno socialista va a implementar. El instrumento es la conversión de deuda pactada entre Cuba y España, del que hubo un provechoso acuerdo para el régimen en 2016 y que se volvió a firmar en 2025, para alcanzar un importe total de 375 millones de euros que serían destinados a financiar proyectos de desarrollo sostenible en energía, agua o seguridad alimentaria, incluyendo compra de alimentos por razones humanitarias.

La iniciativa de conversión de deuda por proyectos cuenta con el beneplácito del presidente de Brasil, Lula da Silva, y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quienes acordaron implementar políticas similares durante la cumbre progresista celebrada en Barcelona el pasado 19 de abril y fijar mecanismos de ayuda para la población cubana, a la vez que “expresan enorme preocupación por la grave crisis humanitaria que atraviesa el pueblo de Cuba y emplazan a que se adopten las medidas necesarias para aliviar esta situación y se eviten acciones que agravan las condiciones de vida de la población”.

Sin embargo, el programa de conversión de deuda no atiende la cobertura de gasto corriente. De hecho, coincidiendo con el embargo estadounidense al petróleo venezolano, se hizo una excepción y el comité bilateral que aprueba las inversiones dio el visto bueno a un proyecto piloto, por un monto de medio millón de euros, para comprar alimentos destinados a paliar la crisis humanitaria que padece la población cubana. El proyecto planteado pretende dar continuidad a un programa de asistencia alimentaria en escuelas de la zona oriental del país y los alimentos son proporcionados por cooperativas agrícolas locales.

Las empresas españolas en Cuba asisten como convidadas de piedra a esta iniciativa de conversión de deuda. No les beneficia y siguen sin resolver el problema de la deuda. El final puede ser mucho peor de lo previsto. La falta de atención del Gobierno socialista español a las demandas de las empresas y los argumentos ofrecidos para no atender las deudas contraídas solo contribuyen a consolidar una sensación de abandono y marginación entre los empresarios, que reduce notablemente las expectativas sobre la viabilidad de la apuesta por Cuba. El final puede estar más cerca de lo que parece y eso aterra a los castristas. Tal vez sea el momento oportuno para levantar los negocios y salir.

(Este texto fue publicado originalmente en el blog de su autor Cubaeconomía)

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