Uno de los condenados por el motín de 1999 en Canaleta denuncia décadas de torturas en cárceles cubanas

Alberto Díaz Pérez y otros cinco reclusos de Canaleta asesinaron al menos a cinco guardias para fugarse de la prisión, en diciembre de 1999.
Alberto Díaz Pérez
Alberto Díaz Pérez (Foto: Cortesía)

LA HABANA, Cuba ― Alberto Díaz Pérez (1978), uno de los seis reclusos condenados a muerte por la violenta fuga ocurrida en diciembre de 1999 en la prisión de Canaleta, en Ciego de Ávila, denunció en un testimonio manuscrito enviado a CubaNet haber sufrido golpizas, descargas eléctricas, aislamiento, exposición al frío y maltrato psicológico durante su paso por varias cárceles cubanas. 

“Me dieron corriente en tres ocasiones”, escribió al describir los años que permaneció recluido en la prisión de Boniato, en Santiago de Cuba.

Hasta el momento de su arresto, Díaz Pérez era vecino del municipio de Morón, en Ciego de Ávila. Según su relato, entró en prisión en 1995. Cuatro años después, asegura, él y otros cinco internos se pusieron de acuerdo para “ponerle fin a las torturas” que los presos sufrían allí y ejecutaron un plan el 6 de diciembre de 1999.

“Matamos a todos los FOI [funcionarios de Orden Interior] que ese día estaban de guardia. Tomamos la prisión completa”, escribió. Díaz Pérez sostiene que cinco custodios murieron inmediatamente y que otros tres fallecieron unos seis meses después, una cifra que no coincide con la reconstrucción publicada por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), que identifica a cinco funcionarios muertos y a varios sobrevivientes gravemente heridos.

Después de permanecer tres días escondido en el monte, Díaz Pérez fue capturado el 9 de diciembre de 1999. Al llegar a una dependencia de la Seguridad del Estado, relata, los agentes le quitaron la ropa, lo golpearon y lo mantuvieron durante 28 días esposado por la cintura.

Una denuncia de la Fundación Avileña Pro-Derechos Humanos, publicada por CubaNet en mayo de 2000, indica que los tres primeros fugitivos capturados fueron golpeados hasta perder el conocimiento y vomitar sangre, y que posteriormente permanecieron dos meses aislados, encadenados de manos y cintura a camas de cemento.

Díaz Pérez fue enjuiciado en febrero del año 2000 (Causa 44/2000) y condenado a muerte. La Fundación Avileña Pro-Derechos Humanos denunció que tanto el juicio de primera instancia como la apelación se celebraron a puertas cerradas y que solo se permitió la presencia de tres familiares por acusado.

En enero de 2001, Amnistía Internacional advirtió que el Consejo de Estado, entonces presidido por Fidel Castro, había rechazado la apelación final de Díaz Pérez y los otros cinco condenados: Osmany Brito Cartaya, Julio Alberto Morales Montero, Morlaix Nodal Pozo, Reidel Rodríguez Reyes y Héctor Santana Vega. Los seis quedaron en riesgo de ejecución inmediata, después de que el Tribunal Supremo confirmara las condenas capitales.

Díaz Pérez cuenta que en mayo de 2000 fue enviado a la prisión conocida como “La 26”, en Camagüey, donde habría permanecido en un pasillo vigilado por perros amarrados frente a cada puerta. Posteriormente, las autoridades comenzaron a permitirle visitas familiares a través de dos rejas, sin contacto físico. En mayo de 2002, según el propio preso, los seis condenados de la misma causa fueron separados y distribuidos por prisiones de distintas provincias. A él lo trasladaron a Boniato, en Santiago de Cuba.

En esa prisión, afirma, fue recibido a golpes y sufrió descargas eléctricas en tres ocasiones. Permaneció hasta diciembre de 2011 en el régimen especial conocido como “Boniatico”. 

Un diario carcelario escrito en 2003 por Manuel Vázquez Portal, uno de los 75 disidentes encarcelados durante la Primavera Negra, entonces preso en Boniato, ubica a Díaz Pérez en la celda 28, con 24 años y bajo pena capital. El poeta y periodista describió el “Boniatico” como un pabellón de máxima seguridad y corredor de la muerte, donde los internos eran esposados y llevaban grilletes en los pies para salir al patio, hablar por teléfono, recibir medicamentos o acudir al hospital.

El preso político también dejó constancia de que Díaz Pérez gritaba desde su celda para que lo llevaran al hospital, en medio de un pabellón cuyos reclusos reclamaban atención médica.

Tras salir de Boniato, el preso condenado a muerte fue enviado nuevamente a Camagüey, donde, asegura, lo recibieron con golpes. Más adelante, en 2013, fue trasladado al Combinado del Este, en La Habana. Allí, asegura, los guardias le echaron un perro que le orinó en los pies. Aunque sostiene que en esa etapa disminuyeron las agresiones físicas, señala que las autoridades recurrieron con mayor frecuencia al maltrato psicológico.

En 2019 fue devuelto a la prisión camagüeyana “La 26”. Según su relato, volvió a ser golpeado y permaneció cinco días desnudo dentro de una celda fría. En 2021 fue trasladado a Guanajay, en Artemisa.

En 2008, su condena a pena de muerte fue sustituida por cadena perpetua. Ese año, el Gobierno de Raúl Castro conmutó prácticamente todas las condenas capitales vigentes por sanciones de entre 30 años y privación perpetua de libertad, con excepción de tres hombres acusados de terrorismo.

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