Cuba se parece más a Irán que a Venezuela ante una eventual transición, según The New York Times

La inteligencia de EE.UU. ve pocas figuras moderadas capaces de asumir el poder en Cuba tras una eventual transición.
Díaz-Canel junto a la cúpula del Partido Comunista en una protesta frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana
Díaz-Canel junto a la cúpula del Partido Comunista en una protesta frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana (Foto: Medios oficiales)

LIMA, Perú — Cuba se parece más a Irán que a Venezuela a la hora de evaluar sus posibilidades de una transición política, según el criterio de los servicios de inteligencia estadounidenses difundido por The New York Times.

De acuerdo con el diario, se viven momentos en que la Administración de Donald Trump intensifica la presión sobre La Habana al tiempo que estudia posibles escenarios para alterar el actual equilibrio de poder en la Isla.

En ese sentido, las agencias de inteligencia de Estados Unidos han concluido que existen pocas figuras pragmáticas dentro del aparato cubano dispuestas a asumir el control del país si Washington consiguiera apartar a los actuales dirigentes, una diferencia sustancial respecto al escenario venezolano.

La conclusión representa un problema para una estrategia que, según funcionarios y exfuncionarios estadounidenses citados por The New York Times, ha llevado al Gobierno de Trump a buscar dentro de las estructuras de poder cubanas a una figura que pudiera desempeñar un papel similar al de Delcy Rodríguez en Caracas.

Rodríguez asumió la presidencia encargada de Venezuela después de que fuerzas estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro en enero pasado. Algunos funcionarios estadounidenses habían considerado que un dirigente cubano de características similares podría tomar las riendas del Gobierno en La Habana ante una eventual salida de sus principales líderes.

Sin embargo, los análisis de inteligencia apuntan en otra dirección. «Cuba se parece menos a Venezuela y más a Irán», señalaron las personas familiarizadas con esos reportes.

El contraste es relevante porque, de acuerdo con la evaluación citada, quienes dentro del sistema cubano han aguardado una oportunidad para ascender al poder no representarían una corriente reformista o pragmática. Por el contrario, estarían vinculados con sectores de línea dura, una característica que los acercaría al escenario iraní.

La evaluación complica además la posibilidad de una transición controlada desde dentro de la propia cúpula comunista. Según las fuentes consultadas por el medio, serían escasos los funcionarios cubanos con disposición y capacidad para asumir el poder en caso de que Raúl Castro fuera capturado o los actuales dirigentes fueran obligados a abandonar sus cargos.

El Gobierno de Trump ha manejado simultáneamente dos posibilidades frente a La Habana: intentar negociar con el régimen para obtener cambios o avanzar hacia planes destinados a forzar su salida. Esa ambivalencia se ha producido mientras Washington incrementa las herramientas de presión sobre la Isla.

La CIA creó recientemente en secreto un grupo operativo dedicado a Cuba, según había revelado previamente The New York Times. La iniciativa constituye una señal de que Washington está coordinando esfuerzos para aumentar la presión sobre el castrismo y exigir modificaciones políticas.

La Casa Blanca declinó comentar específicamente las evaluaciones de inteligencia descritas por el diario. Un funcionario estadounidense, sin embargo, sostuvo que EE.UU. está preparado para «abrir un nuevo capítulo con Cuba», aunque responsabilizó al régimen de obstaculizar esa posibilidad.

El escenario cubano también presenta diferencias con el venezolano en otro aspecto central: mientras Washington pudo contemplar una figura capaz de administrar temporalmente el poder en Caracas, los análisis sobre Cuba apuntan a que una eventual ruptura del liderazgo actual no necesariamente produciría una transición moderada.

La situación recuerda, en parte, las dificultades identificadas por funcionarios estadounidenses e israelíes cuando evaluaron un posible cambio de régimen en Irán durante la guerra conjunta contra ese país. En ambos casos, la existencia de estructuras políticas y de seguridad profundamente arraigadas dificulta determinar quién podría ocupar el poder tras una eventual caída de la cúpula gobernante.

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