Cuba: plantar el árbol de la libertad

Si el árbol de la libertad nace espontáneamente, los árboles con raíces podridas caen por su propio peso.
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Foto: Cubanet

PUERTO PADRE. _ En un régimen como el de Cuba, enraizado por casi 70 años, no se puede “pretender arrancarlo todo de la noche a la mañana para plantar algo totalmente nuevo”, dijo el secretario de Estado Marco Rubio este martes, entrevistado por The Katie Miller Podcast. En el espacio Rubio afirmó: “Estoy seguro de que, para cuando termine esta Administración, Cuba estará, como mínimo, en una senda irreversible hacia un futuro muy diferente.”

Si la cleptocracia de La Habana no estuviera recibiendo continuos suministros desde Estados Unidos y otros países pudiera pensarse que las palabras de Marco Rubio son una medida operativa activa, funcionando como apoyo a otros propósitos de mayor calibre y no un pronóstico agorero por nebuloso ese vaticinio de que será para dentro de unos dos años cuando “como mínimo” Cuba se encuentre “en una senda irreversible hacia un futuro muy diferente”.

Y como para retratar al régimen totalitario castrocomunista el secretario de Estado utilizó el símil de un viejo árbol, que se mantiene en pie gracias a su profuso enraizamiento, debemos aclarar que las viejas raíces de ese árbol poco o ningún nutriente reciben desde que el pasado enero, la administración Trump extrajo a Nicolás Maduro del escondrijo donde era protegido por cubanos en Caracas. Y, ¡oh, qué absurdo!, son las nuevas “raíces” que precisamente la administración Trump no ha cortado, las que mantienen en pie parte del castrismo. Sí, por supuesto, como esa raíz que cual manguera de transfusión directa a la vena cava superior, mantiene activo un central azucarero “privado”, lo que ya en el artículo anterior nos hizo preguntar:

“¿Desconocen las autoridades estadounidenses que desde Estados Unidos y otros países se están remitiendo embarques multimillonarios con destino al central “Coloso S.A”, sito en el poblado Delicias, del municipio Puerto Padre, en la provincia Las Tunas, Cuba?”.

Valen estas otras interrogantes _sólo a modo de ejemplo porque las fuentes de ingresos son muchísimas y no sólo de GAESA_ de cómo y por qué el régimen totalitario castrocomunista mantiene el poder de represión sobre la sociedad cubana, haciendo, prácticamente, de resultados ineficaces cuando no nulos el levantamiento cívico. Porque, óiganme, en Cuba falta de todo: energía eléctrica, agua potable, alimentos a precios accesibles, medicinas…, y hasta policías para proteger el orden público, pero sobran policías y chivatos para reprimir las protestas cívicas, y entonces cabe preguntar:

¿Quién mantiene al régimen? Pues los sostenedores de la represión están en las respuestas de estas y disimiles interrogantes del mismo género, el de la complicidad, por lucro, o por hipocresía, o por la suma del dinero y el poder:

¿De qué callada o por lo menos sutil manera, empresas “privadas” importan gasolina de procedencia estadounidense para venderla a quienes rentan automóviles que son propiedad del Estado _generalmente cubanos residentes en Estados Unidos_ con lo que se mantiene activo un lucrativo negocio para la dictadura pese a las disposiciones del embargo?

Las llamadas mipymes son “privadas” y son las que mantienen _a precios de usura pagadas por un pueblo hambreado_ el comercio en Cuba. ¿Pero acaso ignora la administración Trump que varias mipymes son parte de la dictadura castrista?

¿Quién paga el combustible de los vehículos que el régimen utiliza para reprimir y mantener sojuzgado al pueblo, y no estoy hablando sólo de centenares de medios terrestres _jeep, automóviles o motocicletas_ o los navales de la marina de guerra y las tropas guardafronteras, sino también de los costosísimos medios aéreos que incluyen los aviones ejecutivos para uso exclusivo de la jefatura del régimen, y sí, el de los aviones caza que se mantienen activos, en patrullaje de aéreas específicas del territorio nacional, como son los hábitats de Raúl Castro y su clan? ¿Pues quiénes si no los empresarios cómplices del régimen pagan ese combustible?

Vengo diciéndolo desde hace muchísimos años y ahora lo reitero. La cleptocracia en Cuba, y por cleptocracia entiéndase el gobierno ininterrumpido de ladrones, y no sólo del erario público sino también del robo a mano armada de los poderes del Estado y de la propiedad privada en su versión “socialista”, comenzó con el golpe de estado de Fulgencio Batista. Comenzó en la madrugada del 10 de marzo de 1952, cuando mucho antes, aquel sargento taquígrafo del ejercito se hizo llamar “general”.

Así comenzó a deshacerse el todavía torcido camino democrático, y fue ese desgobierno, _1952-1958_ que concluyó con la huida de Batista la madrugada del 1ro de enero de 1959, cuando la llamada “revolución cubana”, quizás de raíz democrática _aunque personalmente lo dudo_ fue transformada por Moscú y los servicios secretos del Kremlin en “dictadura del proletariado”, entiéndase, el régimen totalitario de los hermanos Fidel y Raúl Castro. El cual se ha prolongado ya por más de 67 años, y así llegamos a lo que según Marco Rubio, no se puede “pretender arrancarlo todo de la noche a la mañana para plantar algo totalmente nuevo”.

Pues con todo el respeto que merece el señor secretario de Estado de los Estados Unidos, discrepo con usted. Cierre todo los surtidores que mantienen bajo riego permanente las raíces del viejo espino que es la dictadura, y ya verá usted como “de la noche a la mañana”, el pueblo de Cuba va a “plantar algo totalmente nuevo”. El árbol de la libertad. Y no harán falta portaaviones ni marines, se lo aseguro. Si el árbol de la libertad nace espontáneamente, los árboles con raíces podridas caen por su propio peso.      

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