La maleta, el disparo y el mito de Eduardo Chibás

A 75 años de su muerte, persisten las polémicas sobre Chibás, sus acusaciones y su legado político.
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Eduardo Chibás. (Foto: Granma)

LA HABANA, Cuba.- El 16 de agosto de 1951, tras estar once días debatiéndose entre la vida y la muerte a consecuencia del balazo que se había dado en el abdomen durante la transmisión de un programa radial, falleció Eduardo Chibás, el líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo).

Setenta y cinco años después, el suicidio de Chibás, en medio de su querella contra Aureliano Sánchez Arango, el ministro de Educación del gobierno de Carlos Prío, sigue siendo uno de los hechos más controvertidos de nuestra historia republicana.     

Chibás acusaba a Sánchez Arango de haber comprado tierras en Guatemala con el dinero destinado al desayuno escolar, pero nunca mostró las pruebas que decía poseer y que Sánchez Arango le conminaba a presentar.

La disputa entre Chibás y Sánchez Arango, marcada por recriminaciones mutuas, duró tres meses, de junio a agosto de 1951. Como Chibás no mostraba los documentos probatorios contra el ministro que decía guardar en una maleta, era objeto de chistes, como los de los populares actores cómicos Garrido y Piñeiro acerca de “la maletona” de Chibás.

Probablemente, esas burlas y el escepticismo de muchos ante sus acusaciones influyeron para que Chibás, que era un hombre tan impulsivo y vehemente que hacía a muchos dudar de su salud mental, atentara contra su vida.

La noche del 5 de agosto de 1951, en su muy escuchado programa radial de la CMQ “Al aire”, trémulo de impotencia, en un ataque de histeria, sudando a mares y con los ojos desorbitados tras sus gruesos lentes de miope, sacó un revólver y se disparó en el abdomen. 

Unos dicen que las pruebas contra Sánchez Arango las robaron del maletín de Chibás individuos al servicio de Sánchez Arango; otros aseguran que esas pruebas no existían.

Hay quienes afirman que Chibás no quiso realmente quitarse la vida, sino impresionar. La herida, localizada cerca de la ingle, no necesariamente tenía que ser mortal. Si falleció, fue por una infección y otras complicaciones que se le presentaron. Y hay un viejo rumor según el cual el responsable de aquellas complicaciones que causaron la muerte de Chibás luego de once días de ingreso en el Centro Médico Quirúrgico de La Habana, fue el doctor Gustavo Aldereguía. Según esa versión, los jefes del Partido Socialista Popular (PSP), aún con esperanzas de volver al gobierno si se aliaban con Fulgencio Batista y que odiaban a Chibás por su anticomunismo, le habían ordenado al médico que impidiera que el líder ortodoxo saliera vivo del hospital para que no pudiera ganar las elecciones de 1952, como parecía que ocurriría.

Eduardo Chibás, en cuyo Partido Ortodoxo Fidel Castro y algunos de sus seguidores iniciaron sus andanzas políticas, ha sido mitificado por la historiografía castrista, que lleva décadas dando por ciertas, pese a la ausencia de pruebas, las acusaciones de Chibás contra Sánchez Arango.

Los historiadores castristas han ocultado el anticomunismo de Chibás, que no perdonaba al PSP haber pactado con el régimen de Gerardo Machado el retiro de su apoyo a la huelga general de agosto de 1933, y luego, su alianza con Batista a partir de 1938.

Chibás había sido de los primeros en afiliarse, en 1934, al Partido Revolucionario Cubano Auténtico de Ramón Grau San Martín. Pero en 1947, desencantado por la corrupción y la guerra entre pandillas que caracterizaron al segundo gobierno de Grau (1944-1948), creó el Partido Ortodoxo, un desprendimiento del autenticismo, que con el lema “vergüenza contra dinero”, y una escoba como símbolo, prometía acabar con la corrupción administrativa y adecentar la política cubana.

En las elecciones de 1948, Chibás fue derrotado por el candidato del oficialismo, Carlos Prío Socarrás, quien era amigo y compañero de lucha suyo desde los tiempos de la lucha contra Machado.   

El tenaz y carismático Chibás, que era un consumado orador y polemista, no se dio por vencido,  y, como con Prío continuaron los problemas del gobierno de Grau, redobló sus ataques contra su administración.

Fidel Castro no estaba en ascenso en las filas ortodoxas, como pretenden hacer creer los historiadores castristas. La estridencia y las conexiones con el pandillerismo del joven abogado disgustaban a Chibás, que contaba con seguidores de mucho más relieve como Jorge Mañach y José Pardo Llada.

Chibás, con su demagogia, su desmesurado mesianismo que lo llevó a asegurar que Cuba tenía reservado en la historia “un grandioso destino”, y el modo irresponsable con que lanzaba acusaciones a diestra y siniestra contra los gobiernos de Grau y Prío —que, pese a sus defectos, fueron los más democráticos que tuvo la República— hizo mucho daño a la institucionalidad.

Se considera que de no haber muerto Chibás, que era el candidato con más posibilidades de ganar las elecciones de 1952, o incluso si las ganaba quien lo sustituyó al frente del Partido Ortodoxo, Roberto Agramonte, hubiera sido muy distinto el discurrir de la historia de Cuba. Pero las elecciones, programadas para abril de 1952, no llegaron a efectuarse porque un mes antes, el 10 de marzo, Batista dio un golpe de Estado militar y derrocó al presidente Prío. 

Probablemente, de haber llegado a la presidencia, Chibás, un político nacionalista, cercano a la socialdemocracia y el corporativismo, hubiera resultado otro líder populista más de los que tanto abundan en Latinoamérica que difícilmente hubiera podido erradicar la corrupción administrativa ni hacer que Cuba dejara de depender económicamente de los Estados Unidos. Pero como quiera que resultara un gobierno de Chibás, o de Roberto Agramonte, no habría interrumpido el curso constitucional y democrático y se hubiera evitado todo lo que vino después de 1952: la dictadura de Batista, la insurgencia fidelista y la instauración de un régimen totalitario de 67 años que ha sumido a Cuba en la peor crisis de su historia.     

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