LIMA, Perú — La administración del presidente Donald Trump intensificó esta semana su estrategia de presión contra el régimen cubano con una combinación de sanciones económicas, amenazas judiciales, despliegues militares y contactos directos de inteligencia que, según reportó The New York Times, busca forzar concesiones de La Habana e incluso abrir el camino hacia el fin del control comunista en la Isla.
De acuerdo con el diario estadounidense, la posibilidad de una acusación federal en Miami contra el exgobernante Raúl Castro fue interpretada dentro del aparato cubano como una advertencia directa de Washington, especialmente después de la operación ejecutada este año en Venezuela contra Nicolás Maduro.
Fuentes familiarizadas con las deliberaciones del Gobierno estadounidense indicaron que fiscales federales evalúan presentar cargos contra Castro, de 94 años, en una causa que podría incluir acusaciones vinculadas al narcotráfico y al derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996.
El reporte señala que dentro de la administración Trump algunos altos funcionarios desean mantener abierta la opción de repetir en Cuba una estrategia similar a la utilizada contra Maduro, cuya captura en Caracas fue presentada por la Casa Blanca como uno de los mayores éxitos de política exterior del mandatario.
Aunque no existen indicios de una operación militar inminente, el periódico indicó que funcionarios estadounidenses han hablado en privado sobre un eventual aumento de fuerzas armadas en la región, mientras agencias militares y de inteligencia incrementaron los vuelos de vigilancia alrededor de Cuba.
En paralelo, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó el jueves a La Habana para transmitir exigencias directas del Gobierno estadounidense.
Según personas citadas por el diario, uno de los mensajes centrales fue que Cuba cierre las estaciones de inteligencia operadas por Rusia y China en la Isla, utilizadas presuntamente para interceptar comunicaciones estadounidenses.
Ratcliffe sostuvo reuniones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro conocido como “Raulito” o “El Cangrejo”, así como con otras figuras del aparato de seguridad cubano como el ministro del Interior Lázaro Álvarez Casas.
El objetivo político de Trump y del secretario de Estado, Marco Rubio, aparece descrito con claridad en el reporte: lograr que Washington pueda afirmar que puso fin al control comunista en Cuba sin provocar un colapso total del país.
“El acta de acusación es un elemento más en la campaña de presión que Trump y Rubio están utilizando para tratar de obligar al Gobierno cubano a rendirse a las condiciones de Estados Unidos”, declaró William LeoGrande, profesor de Gobierno en American University.
“Están creando esta amenaza de acción militar con la esperanza de que obligue a los cubanos a retroceder. Pero los cubanos no son buenos retrocediendo”, añadió.
El exembajador estadounidense ante la Organización de Estados Americanos, Frank Mora, consideró que tanto la amenaza judicial como el lenguaje militar forman parte de una operación psicológica dirigida al régimen y al exilio cubano en Miami.
“El presidente está frustrado porque no está obteniendo los resultados que quería en Cuba”, afirmó Mora, actualmente profesor en Florida International University.
“Están apretando las tuercas para empujar a los cubanos a hacer concesiones que no han estado dispuestos a hacer”, sostuvo.
Mora señaló además que la acusación contra Raúl Castro busca enviar un mensaje político de dureza.
“La acusación tiene más que ver con tratar de infundir miedo para intimidar al régimen y hacer parecer, particularmente en Miami, que el presidente habla en serio sobre cambiar Cuba”, afirmó.
El reporte destaca que, aunque Raúl Castro ya no ocupa formalmente cargos de poder, continúa siendo una de las figuras más influyentes dentro del sistema político cubano.
Sin embargo, fuentes citadas por el diario describen al exmandatario como una figura frágil físicamente, con problemas auditivos y dificultades para hablar en público.
La ofensiva estadounidense coincide además con el endurecimiento de las sanciones económicas contra el castrismo, medidas que han profundizado la crisis financiera del régimen en medio de apagones prolongados, escasez de combustible y un creciente malestar social que durante la última semana se ha reflejado en decenas de protestas dentro de La Habana y otras provincias.










