Anay Remón, historiadora del arte y docente: “Cuba se tiene que encauzar o va a desaparecer”

La exprofesora de la Universidad de La Habana y columnista de ‘CubaNet’ conversa sobre los retos del sistema educativo en una Cuba probable y futura.
Anay Remón García
Anay Remón García (Foto: CubaNet)

LA HABANA, Cuba ― La reconstrucción de Cuba no solo pasa por la economía o la política, sino también por las aulas. El país necesita profesionales capaces, pero también un entorno educativo en el que no se discrimine a nadie por su ideología ni la política se entrometa en las escuelas. 

Los retos no son menores; se trata de un rescate que partiría de cero, luego de décadas de abandono institucional, de dogmatismo, de éxodo de profesionales, de infraestructuras en ruinas, y de una profunda pérdida de valores. 

¿Cómo hacerlo? ¿Por dónde empezar? ¿Cómo podría ser el sistema educativo cubano a mediano o largo plazo? Sobre los pilares de esas transformaciones, indispensables para el futuro del país, conversamos con Anay Remón García, historiadora del arte, exdocente de la Universidad de La Habana y actual columnista de CubaNet

―¿Cuáles son los principales problemas de la educación en Cuba hoy y cómo solucionarlos? 

―La educación cubana tiene muchísimos problemas. Primero, tiene problemas de infraestructura, con pésimas condiciones en las escuelas; y también hay un problema de credibilidad de la institución. 

Para solucionar este problema de la infraestructura sería necesario, primero, partir de un censo. Esto nos permitiría saber cuáles son las necesidades reales de espacio que tienen las nuevas generaciones. Por ejemplo, recuerdo que cuando era niña, en un radio de siete cuadras había cinco o seis escuelas primarias porque había muchos niños. Pero actualmente, con el decrecimiento demográfico que hay, no creo que se necesiten tantas escuelas. 

También hay que abrir un marco constitucional nuevo para la educación en el país. Y, una vez resuelto esto, invertir en la creación de nuevas escuelas para un nuevo sistema de educación en relación con el tipo de escuelas que queremos (tipo de educación, si es enseñanza especial o regular…). 

Y eso entronca también con otro problema fundamental que tiene la educación cubana, que es que habría que recuperar la confianza en la escuela como institución, en todos los niveles: la primaria, la secundaria, el bachillerato, la universidad. Que se vuelva a ver la escuela como un espacio de formación, que te prepara para la vida, como espacio concebido para cambiarte la vida. 

―¿Cómo se puede lograr eso? 

―Aquí volvemos también al tema de la infraestructura. No es solamente cambiar la constitucionalidad y hacer las inversiones que corresponden. Es también cambiar esa mentalidad de dependencia a la mentalidad de contribuyente. Hay que pagar. No es establecerlo así, categóricamente, pero hay que contribuir para que ese sistema de enseñanza produzca ciudadanos, que eso es lo que se quiere, que prepare a personas funcionales en la sociedad, de acuerdo con sus capacidades y habilidades. 

Eso se logra también rescatando y preparando altamente al claustro de maestros. Se necesita un claustro que genere respeto y confianza. No hay ninguna razón para perder el trabajo que existió, hasta hace pocos años, entre la escuela y la familia, sobre todo en las edades tempranas, en la adolescencia. Estamos hablando de instrucción y de educación, y ambas están en crisis.

También habría que crear un sistema de educación que se ocupe de la orientación profesional desde edades tempranas. El sistema cubano actual de educación ha cometido el error de potenciar el ser universitario, al punto de que se ha convertido en un fenómeno masivo. No todo el mundo tiene la capacidad de llegar a la universidad. Y ese sistema tampoco produce profesionales competentes.

El país necesita ser reconstruido de cero. 

Y lo que ocurra en un proceso de transición, con respecto al sistema educativo, tiene que estar orientado hacia la libertad académica, hacia la educación integral, hacia una instrucción donde quizás se combinen formas tradicionales con la incorporación de las nuevas tecnologías.

También hay que pensar en espacios nuevos para la enseñanza que atraigan a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes, y también pensar en cómo se usan las nuevas tecnologías. Tampoco es sano que un muchacho esté con un tablet o un teléfono todo el día en la mano. Ni en la escuela ni en la casa. El tablet o el móvil no son tranquilizadores para que el niño no moleste. Hay que enseñarles que son herramientas de aprendizaje.

―¿Consideras que el adoctrinamiento sea uno de los principales problemas en la actualidad? ¿Crees que en un futuro debería haber una separación entre la política y la educación? 

―El adoctrinamiento es el principal motivo por el que tenemos tan mala calidad en el sistema educativo, porque todo lo que se enseña está en función de una ideología, por tanto, hay una incidencia marcada de la censura. 

En un futuro una de las cosas que va a tener que reacomodarse es la enseñanza de la historia de Cuba, contar todo lo que no se ha contado, revisitar los últimos 67 años, e incluso desde antes. Hay que renovar desde la raíz los planes de estudio y preparar profesores que estén a la altura de ese plan de estudio. Promover un pensamiento crítico es lo esencial. 

Es mucho contenido, pero habrá que hacerlo rápido porque Cuba está muy atrasada en todos los sentidos. Pienso que lo que no hay es que poner demarcaciones ni introducir propaganda en la enseñanza.

Hay que enseñar en las aulas cómo está funcionando el país, cómo debe funcionar, para qué los estás preparando y permitirles todo el acceso a la información que ellos puedan necesitar, de acuerdo a su edad y su nivel de enseñanza. Todo tiene una moderación, una dosis. Y el adoctrinamiento tiene que ir desapareciendo en la medida que se vaya imponiendo la libertad.

La transición no va a ser de la noche a la mañana. Muchos, incluso, se están preguntando si quieren quedarse a reconstruir.

―Muchos jóvenes consideran hoy que solo tendrían un futuro si se van del país. ¿Cómo podríamos atraer a ese capital humano para que se quede en Cuba o incluso para que retorne?

―A ese capital humano que todavía está en vías de educación hay que abrirle un espectro de superación en el que vea con claridad que da negocio terminar de formarse, comenzar a trabajar aquí, quedarse y contribuir. La nueva Cuba, la de la transición o después de la transición, será una Cuba en la que haya que pagar impuestos, en la que el ciudadano y la institución cobren autonomía porque ya el Estado no va a dar más nada.

Hay que mostrarles a los jóvenes que se pueden graduar y trabajar en Cuba, que pueden emprender en Cuba sin un Estado que te saque un decreto hoy y otro mañana para cargarte de impuestos y arruinarte.

La educación que tengamos tiene que abrirles horizontes a los estudiantes con un sistema atractivo. No puede ser como ahora, que los muchachos creen que la escuela no vale la pena. Sus padres fueron a la escuela y, ¿qué tienen sus padres? Ellos están viviendo en la casa de sus abuelos, se están sentando en los muebles de sus abuelos. 

O sea, Cuba tiene que ofrecer algo a los jóvenes que están estudiando ahora para que no vean como única opción irse del país.

―¿Crees que también deba haber educación privada o solo pública? ¿Crees que se pudiera abrir Cuba también a la educación religiosa? 

―Pienso que aquí todo va de camino a una privatización o a un tipo de sistema mixto ―que ya veremos cómo se soluciona― y a un sistema público, por supuesto, con contribución. 

El día de mañana las mismas necesidades o los mismos intereses van a dar lugar a colegios privados. Eso no hay necesidad de impedirlo; si hay libertad, es libertad.

Quizás habrá colegios religiosos, quizás haya colegios privados impulsados por determinados grupos o élites, pero yo particularmente creo también en la necesidad de una escuela pública universal hasta el bachillerato en la que se contribuya para no dejar a nadie fuera. 

Quizás, como te decía, no necesitemos tantas escuelas; quizás haya que ubicar una buena escuela en determinada zona y entonces funcione el transporte escolar, pagado por los padres, por los contribuyentes, para que cada niñito que vive lejos no se quede sin ir a la escuela. Estoy pensando, sobre todo, en provincias donde la situación siempre es mucho peor. Cuando todo eso se reorganice, habrá que pensar en alternativas para que todo el mundo vaya a la escuela. Yo sí creo que la educación debe ser para todos, y debe ser de calidad. 

Y la escuela tiene que ser ese lugar al que te manden tus padres porque es necesario.

―¿Cómo visualizas el sistema educativo cubano de cinco a 10 años?

―A mí me es muy difícil visualizar a Cuba dentro de cinco o 10 años, porque, sobre todo en términos de educación, un maestro no se forma en un día. Precisamente, estamos como estamos porque creímos que un maestro emergente era algo posible, y eso fue un error garrafal.

Si te remontas a esa República tan denostada, y si compararas con sistemas educativos de otros países, te quedas asombrada de cuántos requisitos tiene que cumplir una persona para ser profesor de cualquier nivel de enseñanza. Así que, a mí, de cinco a 10 años me parece poco.

Yo pienso que en ese tiempo hay que tratar de captar, de lo que queda, lo mejor, a los que de verdad quieran trabajar y ofrecerles mejoras salariales, mejores condiciones de trabajo, aliviarles esa carga que pueden tener en la casa. O sea, facilitarle la vida y el trabajo para que esas personas se puedan dedicar a enseñar. 

En algún momento, aquí se olvidó que enseñar es lo más importante. Enseñar y salvar vidas; sin eso tú no tienes sociedad. Y aquí los médicos y los maestros están en lo peor y lo más bajo de la pirámide económica.

Yo quiero pensar que se van a sumar muchos [al proceso de reconstrucción del país] porque es necesario. 

―¿Crees, en este sentido, que la diáspora pudiera jugar un papel fundamental? 

―Yo pienso que la diáspora va a jugar un papel fundamental, como lo ha jugado hasta ahora con su familia, ayudando. 

Hay quien está dispuesto a reconstruir, pero hay una reconstrucción que se hará sin esperar nada a cambio, por ayudar. Cuando se materialice esa transición y se le permita a la emigración regresar y ser protagonista en la Cuba que se va a construir, espero que no vengan solo con capital para invertir, sino también con sensibilidad. Y que entiendan que Cuba está en una situación de extrema vulnerabilidad no solo desde el punto económico, sino también social, cultural y que, hagan lo que hagan, deben tener en cuenta muchísimos factores. 

Hay quien va a venir a hacer negocios y a sacar dinero. Eso también hay que tenerlo en cuenta. Y hay quien va a venir a hacer negocios y sacar dinero y con ese dinero hacer quizás una obra para ayudar realmente.

Llegado el momento, habrá que sentarse con un nuevo Estado, porque no creo que ninguno de ellos venga a poner un peso al Estado que tenemos. Entonces, con un nuevo Estado que esté dispuesto a participar, a partes iguales, en lo que se vaya a construir. Y eso hay que hacerlo con absoluta seriedad y con sentido de la urgencia del momento, porque Cuba está en crisis total, multisectorial, económica, de educación, de salud, de todo.

Como están las cosas, todos van a tener que ayudar: los de aquí y los de allá [la diáspora]. 

―¿Qué contenidos actuales deberían eliminarse de los planes de estudio?

―Yo eliminaría completamente asignaturas como Economía política, Preparación para la defensa, Marxismo… Quizás dejar, por ejemplo, Marxismo como parte de una preparación universal u optativa, y que exista la libertad del estudiante de hacerlo, pero no como algo obligado o parte del plan de estudios. 

Estoy a favor de eliminar el Servicio social completamente; que cada cual se inserte laboralmente y que cada quien se labre su camino; si desea buscarse una beca, que se busque una beca. A lo mejor se va, aprende y regresa. Y esas son cosas que no podemos decidir.

―¿Crees, por ejemplo, como han hecho en Florida, que se deba estudiar los crímenes y la historia del comunismo?

―Sí, quizás en Cuba sería posible o necesario estudiar, como parte de la historia, todo el desastre que ha representado el comunismo, como mismo se estudian los crímenes del fascismo o de la Unión Soviética. Esos horrores no se pueden borrar de la historia, no se pueden ignorar. 

―¿Qué materias o habilidades deberían priorizarse? 

―Creo que es importante fomentar el debate educado desde edades tempranas. También fomentar la lectura. Si ya no da negocio o no es factible imprimir libros, está el Kindle. Un Kindle para cada niño con todos los libros del semestre. Y que se lean un libro mensual. 

Sería importante también enseñarles a los niños finanzas, nutrición, todo en programas acordes a su edad. Porque todo eso es educación para la vida. A nosotros, a mi generación, nunca nos enseñaron cómo se maneja el dinero. Y nosotros vamos hacia un capitalismo que ya veremos de qué tipo será. ¿Cómo se gana el dinero? ¿Cómo se invierte? ¿Cómo se ahorra? ¿Cómo se multiplica? 

En las nuevas escuelas debería crearse espacio también para las bellas artes: la música, la pintura, el cine… Que sea una educación cruzada por todos los posibles saberes. Hacer clases prácticas, sacar a los niños a la calle y enseñarles, por ejemplo, dónde se fundó el primer cabildo o se celebró la primera misa en la villa de San Cristóbal de La Habana. Que la historia cobre vida. 

En el caso de las asignaturas de ciencias, esa nueva escuela debe tener laboratorios para la física, para la matemática, para las nuevas tecnologías.

Pienso que es importante la enseñanza del idioma. Varios idiomas desde la infancia: inglés, español, francés, italiano, portugués, alemán… Que estén abiertos los cursos, que estén disponibles. Todo eso es aprendizaje y hay que aprovechar la inteligencia desde las edades tempranas. Ese es el tipo de ciudadano que se necesita. Con ese tipo de ciudadano avanza un país.

―¿Crees que sería necesario tener apoyo de organizaciones o gobiernos de otros países? 

―Si es para ayudar, por supuesto, pero al final nosotros vamos a encontrar el camino para hacer las cosas a nuestra manera, aprendiendo de todo lo que no hicimos bien, que ha sido muchísimo, y pensando en el tipo de ciudadano que necesitamos. Para preservar la nación, para preservar este país, para reconstruirlo, nosotros vamos a saber qué es lo que necesitamos. 

―¿Pudieran existir becas estudiantiles también? 

―Por supuesto, van a existir. 

El día de mañana, quizás haya que contribuir de alguna manera porque la universidad, para que sea fuerte, necesita mucho dinero. Y eso no puede salir del Estado. El Estado, además de que ya no va a ser tan grande, sino más pequeño, si es que queremos avanzar, no puede estar metido en todo. 

Yo pienso que cada carrera debe tener sus pruebas de aptitud. Para que entre el que quiera, el que tenga la habilidad y el que tenga la capacidad. Y en ese sentido, a lo mejor podemos crear una universidad que esté a la altura de otras universidades internacionales, y que no haya que ir a buscar nada en ninguna parte. 

―¿Tienes esperanza en que algún día lo logremos, que podamos encauzar el país? 

―Yo pienso que este país se tiene que encauzar o va a desaparecer. O sea, nosotros no podemos seguir sosteniendo este desangrarse de talento que llevamos registrando durante los últimos años. No podemos seguir perdiendo gente, no podemos seguir perdiendo jóvenes. ¿Qué es lo que va a quedar? Los viejos para que se cuiden entre ellos. ¿Qué clase de país vamos a tener? 

Aquí algo tiene que pasar. Yo quisiera que fuese pronto, por nuestro propio bien y porque hay gente que no se quiere ir. Yo no me quiero ir. Hay gente que sí quiere quedarse y sí quiere ayudar, pero cuando tú ves que la cosa no se mueve, entonces empiezas a pensar en aprovechar el tiempo que te queda para tratar de vivirlo lo mejor posible, en otra parte. 

Yo pienso que sí, que algo va a pasar. Y espero que sea para bien. Y espero que no nos tome demasiado porque, francamente, no tenemos mucho tiempo. 

Nota: Esta entrevista se realizó como parte de una colaboración con el proyecto de Cuba Siglo 21 «Cuba:
reconstruir y reinventar».

Biografía del autor:

Sigue nuestro canal de WhatsApp. Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de Telegram.

ETIQUETAS: