Al régimen le sobran las malas intenciones

Lo que llaman “defender la revolución al precio que sea necesario” (y entiéndase que con “revolución” se refieren a ellos mismos) es precisamente justificar toda su perversidad.
La Habana, Estados Unidos
Díaz Canel y militares cubanos. (Foto: Presidencia de Cuba)

LA HABANA.- Mientras, por un lado, el régimen castrista va persiguiendo ayudas internacionales con el pretexto de preservar la flora y fauna, por otro, según un reporte reciente de la Guardia Costera de los Estados Unidos, trafica combustible escondiéndolo en los depósitos para el lastre en embarcaciones no aptas para ese tipo de carga, con el riesgo de vertido contaminante que implica esa práctica, amenazando a decenas de comunidades costeras en el área y los ecosistemas marinos.

Los mismos defensores de la telaraña de offshores, impagos, nepotismo y corrupción que envuelve al castrismo ya han salido a justificar semejante atrocidad con la letanía del “bloqueo”, y esgrimiendo un “derecho a defenderse y buscar alternativas” ante el “cerco imperial”. Es bajo ese tipo de argumento que el régimen se escuda para peores atrocidades (como las constantes violaciones de los derechos humanos más elementales), siendo el victimismo la carta favorita de la dictadura para siempre salirse con la suya.

Hablamos del mismo régimen que cuando, por un lado, desplazaba poblaciones enteras y expropiaba a campesinos con el argumento del cambio climático y el “programa de Gobierno” que han denominado “Tarea Vida”, por la otra agregaba parcelas a la Cartera de Oportunidades para ofrecerlas a empresarios extranjeros que quisieran arriesgar su dinero lo mismo en la prospección petrolera que en la construcción de resorts de lujo, campos de golf, cotos de caza y zonas de pesca submarina, parques acuáticos y “fincas agroecológicas”. Todos son operados por GAESA en esas mismas zonas costeras, áreas de cultivo y reservas de la biosfera tan “hábilmente” custodiadas por la Empresa Flora y Fauna (el principal negocio de la familia de Guillermo García Frías), o por las Fuerzas Armadas, o por ese otrora Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) que, con tantos militares repartiéndose la Isla a grandes trozos ha terminado descategorizado como otro instituto más entre sin capacidad alguna para regular ni pedir cuentas.

Los que planean y ordenan usar peligrosamente los depósitos de lastre para traficar combustible en el Golfo, para trasegarlo en aguas internacionales sin medir consecuencias, son los mismos que, por ejemplo, con respecto a la extracción de níquel en Moa, de acuerdo con información obtenida de fuentes al interior del CITMA, llevan años presionando a los científicos y conservadores que monitorean el lugar para que se autorice el uso de un área extensa del Parque Nacional Alejandro de Humboldt. Recordemos que es la principal reserva de la biosfera de Cuba, para la explotación minera, a pesar de su condición de Patrimonio Natural Mundial de la Humanidad.

Son, por demás, los que planearon construir una central electronuclear en Cienfuegos, que por suerte jamás llegó a inaugurarse pues, manejada por semejantes chapuceros, hubiera tenido la capacidad de borrar la Isla (y probablemente mucho más allá) del mapa en unos segundos, así como se habría evaporado en los años 60, fuese por una confrontación con los Estados Unidos o por error humano, cuando los rusos trajeron sus cohetes igual de escondidos como ahora el petróleo en las cámaras de lastre.

Si, pasados los años, por ahorrarse unos centavos, no fueron capaces de prevenir y enfrentar con éxito el incendio en la Base de Supertanqueros de Matanzas ni intuyeron el accidente con los tanques de gas licuado en el hotel Saratoga, y si además por tacaños arruinaron los ecosistemas de la cayería Norte con pedraplenes bajo la terquedad de Fidel Castro que ordenó “tirar piedras al mar sin mirar para atrás”, y por demás nos han condenado a vivir en la oscuridad por construir hoteles “de lujo” (que lo serían solo porque los rodearía la total miseria) y no centrales eléctricas, ¿qué se pudiera esperar de bueno de una política diametralmente atravesada por la hipocresía y el egoísmo de los militares?

A fin de cuenta, son los mismos que, por poner otro ejemplo, al proyectar los parques acuáticos de Varadero y el desarrollo inmobiliario del litoral Este de La Habana, especialmente en la franja que abarca desde Tarará hasta Brisas del Mar, y bajo el pretexto de “conservar” y “recuperar” la duna eliminando construcciones, acosaron y hostigaron a los pobladores de esos lugares, al mismo tiempo que extendieron las conductoras de gas hasta la misma orilla. En resumen, atrevesaron la propia duna, para abastecer en un futuro inmediato los negocios inmobiliarios en perspectiva.

Estos son solo los ejemplos que, entre cientos de ellos, me vienen de golpe a la mente cuando, entre los comentarios en redes sociales a la nota sobre la interceptación a inicios de septiembre del buque M/V Grace en aguas del Caribe, que transportaba a escondidas combustible con destino a Cuba, leo decenas de justificaciones emitidas mayormente desde los mismos perfiles del oficialismo, que no por coincidencia son desde los que se justificó insistentemente, con el más asqueroso victimismo, las condenas a dos mujeres activistas por haber expuesto al funcionario que las acosaba por orden de la policía política.

Lo que llaman “defender la revolución al precio que sea necesario” (y entiéndase que con “revolución” se refieren a ellos mismos) es precisamente justificar todo cuanto de perverso y criminal se haga siempre que la finalidad sea conservar el poder político. Y eso pasa por sostenerlo material y sentimentalmente, ya sea mediante hipocresías como las del petróleo escondido en el lastre (aunque eso reste credibilidad al discurso de la “Tarea Vida”), o mediante trampas cobardes como la del suboficial recadero, que tan oportunamente se sintió ofendido y se prestó para condenar a dos mujeres, madre e hija, demasiado molestas para la dictadura. 

Pareciera que no guardan relación ambas cuestiones pero absolutamente sí. Porque  esa doble y hasta múltiple mala intención no es el resultado de decisiones extremas tomadas en situaciones extremas sino una práctica habitual que ha caracterizado al castrismo en todo cuanto hace, y con la cual, al parecer, se siente totalmente cómodo. Tanto que ni siquiera, en medio del actual contexto de tensiones con los Estados Unidos, se detiene ni por un segundo a medir las consecuencias. Tanto por violar las sanciones de Washington, acudiendo a prácticas tan riesgosas como las empleadas en el M/V Grace, como agravando la situación de los derechos humanos en la isla con juicios amañados, detenciones arbitrarias e incrementando los abusos contra todo el que piense diferente y se exprese públicamente en contra.

O están demasiado confiados de que nada sucederá con ellos por muchas burradas que cometan, o están tan desesperados y aturdidos que ni siquiera atinan a hacer las cosas medianamente bien. No obstante, le apuesto más a sospechar de la naturaleza maligna del castrismo, en tanto jamás el verdadero objetivo de sus acciones es lo que declaran sino lo que más tarde descubrimos, en general por accidente, y casi nunca es algo bueno que beneficie a ninguno de nosotros.

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