Estimados editores de Rialta, Henry Eric Hernández y José Raúl Gallego:

Acojo con satisfacción la amplia gama de opiniones y análisis de Cuba como Estado totalitario. Esta es una discusión importante que los cubanos deben tener, especialmente debido a una larga historia de censura y criminalización de tales argumentos dentro del país. Si una sola frase en mi último artículo para Rialta catalizó la discusión, me alegro de haber servido ese propósito. Sin embargo, sostengo que mi argumento ha sido totalmente mal leído y malentendido. Todos necesitamos poder discutir las sutilezas de la terminología política sin recurrir a la grandilocuencia y la demonización.

No he dicho que sería un error analizar al gobierno cubano como totalitario. Escribí que el término era visto fuera de Cuba como anticuado, que es otra cosa. Me refiero a dos contextos: 1. Fuera de Cuba, en los círculos de ciencia política y en los medios conservadores, presentar a Cuba como un estado totalitario ha sido la postura estándar durante sesenta años, y 2. El término totalitario forma parte de la retórica incendiaria del partido republicano que busca votos de los exiliados cubanos de Miami. Es el epíteto principal que usan los exiliados extremistas que tienen una larga historia de suprimir el disenso y apoyar la violencia terrorista contra sus opositores. En ese sentido, el término sirve a la función opuesta fuera de Cuba en que invocarlo excluye la discusión en lugar de invitar al análisis. Gritar “totalitario” y “tiranía” en las manifestaciones de Miami no es lo mismo que los análisis ofrecidos en Rialta, Hypermedia u otras publicaciones de la prensa independiente cubana. Como señaló Anne Marie Bardach en su libro Cuba Confidential: Amor y venganza en Miami y la Habana, esta retórica está asociada con sectores extremistas de la comunidad cubana del exilio que perdieron mucha legitimidad durante la crisis de Elián González –ese fue un importante punto de ruptura con los medios de comunicación en los Estados Unidos y también un momento político clave en el que la comunidad cubana del exilio en Miami revivió su demonización del Partido Democrático (que comenzó en respuesta al tibio apoyo de JFK a la invasión de Playa Girón)–. Por eso la mayoría de los periodistas extranjeros, los especialistas de estudios cubanos en los Estados Unidos y los demócratas involucrados en las negociaciones con Cuba evitan tal retórica. Paralelamente a mis conversaciones con cubanos involucrados en el Movimiento San Isidro, también participo en discusiones con académicos estadounidenses, la mayoría de los cuales combinan los ideales democráticos de los intelectuales cubanos con el extremismo de extrema derecha de poderosos sectores de la comunidad del exilio de Miami. Es precisamente el uso de términos como el totalitarismo lo que los hace despreciar al Movimiento San Isidro.

Dicho esto, aplaudo los análisis que ofrecen los pensadores cubanos y espero compartirlos con colegas de los Estados Unidos y Europa. También soy muy consciente de que la nueva Administración Biden pronto reabrirá las negociaciones con Cuba y quiero que los demócratas escuchen a los cubanos en la isla y actúen a base de sus peticiones en lugar de halagar a los exiliados de Miami que no proponen nuevos proyectos políticos para Cuba si no que sólo se quedan en la denuncia. Pero también soy consciente de que los Estados Unidos acepta muchos otros regímenes autoritarios como aliados, y hizo muy poco contra Arabia Saudita por su tortura y desmembramiento del periodista Yamal Jashogyi.

La comunidad intelectual cubana está en medio de un momento político volátil. Espero que podamos seguir trabajando juntos para mover las cosas en una dirección que sea beneficiosa para el futuro del país y para todos los cubanos.

Atentamente,

Coco Fusco

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COCO FUSCO
Coco Fusco. Artista interdisciplinaria, escritora y profesora. Ha recibido numerosos premios y becas, entre los que merece destacar una beca Guggenheim, una beca Fulbright y el premio de escritura Absolut Art, todo ello en 2013. En la 56.ª Biennale de Venecia se presentaron performances y vídeos suyos, al igual que en varias bienales del Museo Whitney de Nueva York. Su libro Pasos peligrosos. Performance y política en Cuba se ocupa del artivismo y otras formas de resistencia civil a partir del arte en la Isla.
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