En tiempo Braxton: un concierto y otros apuntes

La obra de Anthony Braxton tiene una relación especial con el tiempo: que puede ir lento o rápido, puede retroceder, invertirse, o dejarnos ver momentáneamente el futuro.

-

Recién presencié un concierto de las composiciones de Anthony Braxton, multiinstrumentalista, compositor, teórico, filósofo y una de las voces más significativas de la música contemporánea. Clasificarlo es inútil, ya que su obra abarca el jazz, la música clásica contemporánea, de banda marchante, la improvisación libre y la música experimental. Sus gustos musicales van desde Frankie Lymon y John Philip Sousa hasta Stockhausen y Cage, pasando por Lennie Tristano, Paul Desmond y los titanes del jazz como Charlie Parker, John Coltrane, Ornette Coleman y Duke Ellington. También fue inspirado por Bach y Beethoven y la Segunda Escuela Vienesa (Schönberg, Berg, Webern).

El concierto se celebró en Jordan Hall, la sala de concierto principal del New England Conservatory (NEC) y fue la culminación de cuatro días de clases y talleres con Braxton, donde había recibido un Doctor Honoris Causa en 2016. El programa se formó de composiciones de los setenta, ochenta y noventa. Algunos números fueron de sexteto, uno de un noneto y tres fueron interpretados por el Jazz Composers Workshop Orchestra (JCWO), una agrupación de dieciocho músicos (con dos invitados). Todos los formatos incluyeron bajista, batería (percusión) y guitarra eléctrica, pero el predominio fue de vientos (saxos, flauta, clarinete), metales (trompeta, trombón), y, en un par de casos, un violín. Todos los músicos son estudiantes del conservatorio.

- Anuncio -

Nacido en 1945, Braxton se crio en una familia grande en el South Side de Chicago, un barrio predominantemente afroamericano y pobre. Desde joven se interesó en la música, pero también en la ciencia, la tecnología, la exploración espacial y la televisión. No fue un prodigio que ya tocaba melodías en el piano a los tres o cuatro años: empezó a tocar clarinete y luego saxofón de adolescente. También había cantado en un coro de iglesia. Estudió saxofón varios años con Jack Gell de la Chicago School of Music y participó con la banda del Octavo Ejército de Corea cuando estuvo en el ejército (1963-1966). Al salir del servicio militar se unió a la AACM (Asociación para Avanzar los Músicos Creativos), organización clave que todavía existe. Fundada por Muhal Richard Abrams, Jodie Christian, Steve McCall y Phil Cohran, la AACM fue un gran impulsora de músicos y agrupaciones. Entre sus miembros, además de Braxton, estaban Roscoe Mitchell, Wadada Leo Smith, Leroy Jenkins, Henry Threadgill, Lester Bowie, Joseph Jarman, George Lewis, Thurman Barker, Nicole Mitchell y Tomeka Reid, entre muchos otros. La música de la AACM es muy variada (según el/la compositor/a), pero a grandes rasgos borra las fronteras entre el jazz y la música clásica contemporánea, mezcla la improvisación junto con música anotada e intenta una exploración de nuevas e inusuales sonoridades y texturas. Estos rasgos definen a Braxton y también los otros miembros de la AACM son generalmente multiinstrumentalistas. El instrumento principal de Braxton es el saxo alto, pero toca los otros ocho miembros de la familia saxofón, clarinete (tres tipos), flauta (tres tipos), piano y computadora.

En 1969 Braxton se mudó a París con su Creative Construction Company, grupo que duró poco tiempo y regresó a Nueva York en 1970, donde se unió al grupo Circle de Chick Corea, junto con Dave Holland (bajo) y Barry Altschul (batería). Grabaron cinco discos juntos pero el grupo se disolvió en el 1971, año en que Braxton regresa a París. Por los próximos tres años Braxton iba y venía de París y Nueva York hasta que se estableció en la ciudad neoyorquina en 1974. En ese año firmó un contrato con Arista (subsidiario de Columbia Records), que duró seis años con un saldo de nueve discos, todos significativos. No fue un contrato exclusivo, ya que en ese mismo periodo Braxton grabó otros dieciséis discos, principalmente con disqueras europeas. En 1981, Braxton obtuvo un Premio Guggenheim. De 1985 a 1990, fue profesor en Mills College (Oakland) y, de 1990 a 2013, enseñó en Wesleyan College, donde fue jefe de departamento. En 1994, ganó el Premio MacArthur, cosa que le permitió formar la Tri-Centric Foundation, dedicada a su obra, escritos (los Tri-Axium Writings en tres tomos y los Composition Notes, en cinco), papeles, partituras y grabaciones. La fundación todavía existe y en 2024 donó los papeles del archivo a la Biblioteca del Congreso. Braxton ha ganado el Doris Duke Artist Award (2013) y el premio NEA Jazz Master (2014).

Casi desde el inicio de su carrera, Braxton ha sido una fuerza innovadora: su primer disco, 3 Compositions for New Jazz (1968), era un augurio de una voz inconfundible y audaz. Lo acompañaron Muhal Richard Abrams (piano), Leroy Jenkins (violín) y Wadada Leo Smith (trompeta). Pero fue For Alto (grabado en 1969 y lanzado en 1971) lo que sacudió el mundo del jazz y la música improvisada. Primero, fue el primer disco de saxo solo y, para colmo, un doble LP, insólito para la época. Cada una de las composiciones tiene un dedicatorio, entre ellos a John Cage, Cecil Taylor y Leroy Jenkins. Las ocho, que van desde 37 segundos (para Jack Gell) hasta la última, de casi 20 minutos (para Jenkins) trazan un nuevo vocabulario para el saxofón. Braxton experimenta con lo que él llama “Language Types” (“tipos de lenguaje”, doce en total) como sonidos largos, trinos, staccato, multifónico, ataques angulares, configuraciones de varios tipos, diatónicas, etc., y los emplea rigurosamente en el disco. En total, Braxton ha sacado doce discos de solo saxofón, el último en 2017.

El otro aspecto intrigante de su obra es que sus composiciones son nombradas con dibujos, diagramas, especie de jeroglíficos, si se quiere. En numerosas ocasiones el compositor ha insistido que la música es como una pintura tridimensional, y sus “nombres” reflejan esas realidades multidimensionales, que también incluyen sus partituras. Afortunadamente, Braxton también identifica sus obras con números. Por ejemplo, la composición 40-K, que se interpretó en el concierto también se conoce como:

- Anuncio -
Imagen1 | Rialta

El nombre gráfico contiene tres niveles, varias formas geométricas, dos números y una combinación de letras con número (BFG-12). Aunque a Braxton le gusta hablar sobre el aspecto musical de sus composiciones (en términos de inspiraciones, estructuras, ritmos, estados vibracionales, etc.) ha esquivado dar explicaciones de sus nombres gráficos. Pero ha hecho comentarios generales de sus “jeroglíficos”, diciendo que son una combinación de matemática, arquitectura musical, lenguaje esotérico, filosofía, misticismo y espiritualidad. En cuanto a “40-K”, los tres niveles podrían referirse a los metales, el bajo y la batería; la parte superior con las formas curveadas enfrentándose a los metales (saxofón y trombón) que apuntan hacia una perfección (el círculo) que es armónica, pero no necesariamente en el sentido musical, sino a nivel sideral. En la frase anterior he dado un salto desde lo más literal hasta lo más cósmico: parece incongruente, pero es lo que suscita la música de Braxton, una especie de viaje interplanetario que nos coloca en un estado de inquietud, asombro y júbilo.

La “40-K” es parte de un conjunto de diecisiete composiciones escritas entre 1974 y 1976, y se grabó en vivo en la Filarmónica de Berlín en noviembre 1976. El disco salió en 1977 (Arista), dura unos quince minutos y era para cuarteto, que además de Braxton incluía a George Lewis (trombón), Dave Holland (bajo) y Barry Altschul en batería. La versión del concierto fue para sexteto (dos saxofones, trompeta, guitarra, bajo y batería). Empieza con solo en batería y al minuto entre el saxofón alto (Teddy Goldman) con un ataque staccato y el bajo con buen swing que luego cobra un ritmo de banda de marcha. La pieza es como una mezcla de su “23B” (de New York Fall 1974) y las canciones de su célebre Creative Orchestra Music (1976), que se abordará más adelante. Tiene una estructura típica del jazz con su alternación de solos (saxo alto, trompeta, saxo tenor, guitarra, bajo) que vuelva al final con la melodía inicial. Es una canción veloz y propulsivo gracias al bajo (Hannah Marks) y la batería (Mark Valdés), excelentes improvisaciones en los saxos (Goldman y Jett González) y trabajo exquisito en la trompeta (Maddoc Johnson).

El concierto al que asistí se inició con la “Composición 183”. De nuevo, la versión grabada es para cuarteto (vientos, bajo, acordeón, batería y percusión) y salió en Four Compositions (Quartet) 1995. En concierto le tocó a un noneto, que además de los instrumentos del cuarteto incluía trompeta, violín, guitarra, voz y vibráfono. Dura unos diez minutos y los instrumentos tocan al unísono con leves variaciones; es más abstracta que los otros números del concierto. Consiste en una repetición que suba y baja, con un ritmo brioso. A la vez tenía un aspecto delicado manifestado por el triángulo, los platillos y el vibráfono que creaban un sonido trémulo. El saxofón alto (Goldman), no obstante, el aspecto colectivo de la pieza, cobró bastante protagonismo sin ser solista.          

Un sexteto interpretó “Composición 40-O” y “Composicion 69-O”. La primera es de apenas tres minutos que emplea el staccato, especialmente con el saxofón soprano (Cosmo Lieberman). La violinista Isabel Chen se destacó y de igual forma en el próximo número, que fue grabada en Four Compositions (Quartet) 1983, por la disquera Black Saint. Junto con Braxton tocan George Lewis (trombón), también un destacado compositor y autor, John Lindberg (bajo) y Gerry Hemingway (batería). En el concierto, el sexteto manejó muy capazmente esta pieza de nueve minutos (“69-O”). Es lenta y empieza con los platillos y al medio minuto entran el saxofón y la trompeta; le sigue un solo en batería, pero paulatino, nada de ataques veloces ni platillos estallantes. Después viene una serie de ostinatos en saxo y trompeta que desemboca en un excelente solo en bajo de Hannah Marks, que usa con destreza el arco del contrabajo. Al final regresa el sexteto de manera pausada. Una pieza introspectiva, con texturas fascinantes.

Antes de las tres piezas finales, Braxton tocó un número (no identificado en el programa) con un sexteto mayormente de miembros del cuerpo docente del NEC: Frank Carlberg (piano y también maestro de ceremonias), Ted Reichman (acordeón), Anna Webber (saxo tenor) y John Lockwood (bajo). Como invitado especial estuvo James Fei, saxofonista, y el presidente actual de la Tri-Centric Foundation. Fue una composición introspectiva, lenta, con excelentes interpretaciones de Webber y Reichman, realmente un fenómeno en el acordeón, que tocaba con tal vehemencia que, en algunos momentos, parecía que iba a triturar el instrumento. (Reichman grabó un disco en dúo con Braxton, cuando sólo tenía diecinueve años). Braxton tocó un solo en el saxo soprano riguroso, virtuoso y emotivo a la vez. Es un maestro en toda la numerosa familia del saxofón. Sus ochenta años no se notaban.

- Anuncio -

Las últimas tres canciones fueron compuestas en 1976 y salieron en Creative Orchestra Music (Arista, 1976), escritas para pequeñas orquestas, de quince a veinte músicos. Se titulan “Composition 58”, “Composition 59” y “Composition 55”. Tienen un sonido grande y amplio: salvo el bajo y la batería, todos los instrumentos son de viento y metal y no hay cuerdas. Es un sonido que varía de big band jazz a bandas marchantes. Dos años más tarde Braxton grabaría en Köln otra versión de Creative Orchestra, que además de 55, 58 y 59, incluye las Composiciones 42, 45 y 51. En el caso de las versiones de 1978, son más largas: el promedio de las tres de 1976 es de seis minutos y medio; en los posteriores casi el doble y la “Composición 59” es el triple de largo (casi 22 minutos). El concierto usó las versiones más breves.

En “Composición 58”, Braxton intenta evocar el Nueva Orleans de la época de Jelly Roll Morton (1890-1941) y está dedicada a John Philip Sousa (1854-1932), el gran compositor de música para banda marchante. Dice Braxton que fue inspirado en “Stars and Stripes Forever” (1896), escrita por Sousa, según dicen, el día de Navidad. La música de Sousa se presta a la parodia (o el pastiche), pero no para Braxton: “A mí nunca me ha interesado la parodia. Siempre me he acercado a músicas tradicionales con amor, respeto y regocijo. Me gustan las marchas. En la AACM aprendimos que era importante retornar y revisar las progresiones de la música –y aprendimos que estaba bien usar todo lo que quisieras, en vez de repetir las cosas.” Es una marcha, pero tiene sus momentos abstractos; hay tres secciones donde hay solos (saxo y trompeta juntos, trombón y saxo soprano). Braxton, aunque aprecia y respeta la tradición, también la extiende, la renueva y la pone a funcionar de manera creativa en el presente (y para el futuro).

En el penúltimo número, “Composición 59”, hay elementos de música puntillista. El propio Braxton dice que hay influencias de Stockhausen. Tiene una estructura A B C B D, con la sección D siendo una variante de (o respuesta a) la sección A. La A es notada, la B improvisada con un solista; la C es de sonidos largos que sirve de puente a la segunda B (con otro solista) y la D, parecida al comienzo, pero con un sonido más fino y menos denso. La grabación tiene sintetizador, algo que no se escucha en el concierto, usando como substituto la guitarra (Niko Malinowski) y violín (la excelente Isabel Chen).

Para concluir se tocó “Composición 55”, que, según Braxton, se inspiró en la obra de Charles Mingus y Duke Ellington. Es una pieza divertidísima con un ritmo pegajoso. Braxton dice que la pieza tiene cuatro estrategias: una “inconexa” marcada por un bebop algo frenético, la segunda es el de repeticiones. Dichas repeticiones pueden ser ostinatos, repeticiones que aumentan el volumen en cada repetición, repeticiones de frases por otros instrumentos y durante los solos improvisados de ciertas notas. La tercera es como se manejan los espacios de los solistas (abierta, sobre acordes, o sobre un ostinato). La cuarta son las dinámicas del sonido de big band que son emocionantes y a veces explosivas. Se trata de un número con tremendo swing y creatividad que puso al público de pie con aplausos.

El concierto de homenaje a Braxton sólo ofreció una pequeña muestra (ocho piezas) de una obra vasta que sobrepasa las quinientas composiciones. Dentro de su obra están las de saxofón solo, de dúo, de trio, de cuarteto (y sexteto hasta noneto), música de orquesta (grande y de cámara), electrónica, para solo piano, su “música creativa orquestal”, y hasta ópera. Incluso hay una composición de 1971 para cien tubas, que milagrosamente se presentó en vivo en Battery Park, Nueva York, en 2006 (disco de 2011). Braxton rechaza tanto la etiqueta de compositor de jazz como la de música clásica. Él mismo declara que habita “el continuo post-Ayler, post-Webern”, que es una manera de decir que a partir de todas las tradiciones musicales que él admira y respeta hay que crear nuevas vertientes para abrirnos hacia el futuro. Y cuando digo “todas las tradiciones” es todas: Braxton tiene un apetito musical omnívoro. Tiene algo de Sun Ra, Duke Ellington, Charlie Parker, Ornette Coleman y Paul Desmond. Pero también tiene algo de Webern, Cage, Stockhausen y Xenakis. Y, claro, de banda marchante, música folclórica y las melodías del gran cancionero americano (the Great American Songbook). Lo increíble es su capacidad de sintetizar estas estéticas y estilos de una manera asombrosa.

Como saxofonista tiene pocos iguales. Cuando tiene ese tono airoso, limpio y sin vibrato hace pensar en Paul Desmond, cosa que Braxton nunca negaría. Siempre ha expresado su admiración por él. Cuando saca un sonido feroz y espiritual recordamos a Coltrane, otro de sus ancestros y maestros. Cuando toca a una velocidad pasmosa sin desdibujar una nota evoca a Charlie Parker, alguien que transformó el jazz para siempre. Cuando tuerce las notas de cierta manera y emite chillidos, graznidos y vociferaciones estamos en el mundo de Albert Ayler u Ornette Coleman. Todo esto indica las fuentes de su creatividad –que son muchas– pero el sonido es puro Braxton. Cuando toca limpio sin vibrato también incorpora elementos angulares, cuando ataca ferozmente también detiene la melodía y usa silencios; en las secciones veloces, alterna con puntos de sonido; y cuando tuerce las notas y chilla se cuelan segmentos líricos. También usa la técnica de doble lengua, que para algunos es como un tartamudeo que expresa la dualidad de libertad y restricción de la improvisación. Y a nivel temporal es como estar en dos lugares a la vez. A Braxton le gusta explorar los sonidos agudos –por eso su interés en el saxo soprano o sopranino– y los bajos, donde experimenta con el saxo contrabajo y el clarinete contrabajo, para no hablar de la tuba. También le gusta alternar entre texturas densas y sencillas.

En su libro sobre Braxton, el periodista canadiense Stuart Broomer dice lo siguiente: “Braxton es un alquimista del tiempo, un científico experimental de sonido, jugando con la densidad del medio, su masa, sus elementos. En resumen, su obra coordina múltiples visiones y tipos de tiempo, desde la relatividad hasta la revelación, hilvanando un cosmos musical a la vez transparente y transitorio, una madeja que se extiende para encauzar una obra como la prenda de nacimiento descrita en El tercer policía de Flann O’Brien”.

La prenda de nacimiento de que habla Broomer es de un color que se le asigna a todos y representa la vida y el destino de cada persona: el color se intensifica durante el transcurso de la vida y, cuando se torna negro, muere la persona. Para O’Brien, la prenda significa el elemento inescapable del destino. Pero como dice la canción de Gema y Pavel: “Elewá te enseña el camino / pero no te enseña el andar / Cada día se hace el destino / La suerte no se sienta a esperar”. Para Braxton su destino ha sido la música, pero en cuanto a la vida, la creatividad y nuestra agencia nos permite cambiar los tiempos y la existencia (la transformación alquimista). Sin duda, la obra de Braxton tiene una relación especial con el tiempo: que puede ir lento o rápido, puede retroceder, invertirse, o dejarnos ver momentáneamente el futuro. Puede detenerse, abrirse como una flor o caer como un aguacero. En el texto de su primer disco (1968) dice: “Tempo es un uso limitado del tiempo—yo pienso en el tiempo como todo el tiempo”. Cuando oímos su obra habría que pensar entonces en tiempo Braxton.

Muy breve discografía de Anthony Braxton

A continuación, ofrezco una discografía “mínima” para el que quiera adentrarse en el mundo de Braxton. La primera parte es de música más atrevida y de vanguardia, la segunda de jazz más tradicional, pero para nada menos original. Si tuviera que escoger tres de cada parte en la primera escogería el número 2, 3 (o 5) y 13; en la segunda el 1, 3, y 7.

Vanguardia

1) For Alto (1971); Delmark

2) New York Fall 1974 (1974); Arista

3) Creative Orchestra Music (1976); Arista

4) For Trio (Composition No. 76) (1978); Arista

5) Creative Orchestra (Köln) 1978 (1978) hatART (2 CDs)

6) For Four Orchestras (1978) Arista

7) Open Aspects ’82 (1982) hatART (con Richard Teitelbaum)

8) Four Compostions Quartet 1983 (1983) Black Saint

9) Willisau (Quartet) 1991 (1991) hatART

10) Duo (Leipzig) 1993 (1993) Music & Arts (con Ted Reichman)

11) Sextet (Istanbul) 1996 (1996) Braxton House (2 CDs)

12) Quartet (Birmingham) 1985 (2002) Leo Records

13) Solo Milano 1979 Vol. 1 y Vol. 2 (2003) Leo Records

14) 9 Compositions (Iridium) 2006 (2007) New Braxton House (9 CDs/1 DVD)

15) Piano Music 1968-2000 (2008) Leo Records (9 CDs)

16) Trillium J (opera) (2016) New Braxton House (4 CDs)

17) Solo (Victoriaville) 2017 (2017) Les Disques VICTO

18) 12 Compositions (Zim) 2017 (2021); Firehouse 12 (12 CDs en un Blu-Ray audio)

19) Saxophone Quartet (Lorraine) 2022 (2024) IDA (4 CDs, con Ingrid Laubrock, James Fei, André Vida y Chris Jonas)

Jazz tradicional

1) In the Tradition, Volume 1 (1974); SteepleChase

2) In the Tradition, Volume 2 (1974); SteepleChase

3) Six Monk Compositions (1987); Black Saint

4) Eight + 3 Tristano Compositions, 1989: For Warne Marsh (1990); hatART

5) 9 Standards (Quartet) 1993 (1993) Leo Records

6) Charlie Parker Project 1993 (1995) hatART (2 CDs)

7) 23 Standards (Quartet) 2003 (2003) Leo Records (4 CDs)

8) 20 Standards (Quartet) 2003 (2005) Leo Records (4 CDs)

9) 19 Standards (Quartet) 2003 (2010) Leo Records (4 CDs)

10) Quintet (Tristano) 2014 (2016) New Braxton House (7 CDs)

11) Sextet (Parker) 1993 (2018) New Braxton House (11 CDs; digital)

12) Quartet Standards 2020 (2021) New Braxton House (11 CDs; digital)

- Anuncio -
ALAN WEST-DURÁN
ALAN WEST-DURÁN
Alan West-Durán (La Habana, 1953). Poeta, ensayista, traductor y crítico. Ha publicado los poemarios Dar nombres a la lluvia (1994) y El tejido de Asterión (2000). De crítica literaria-cultural ha publicado Tropics of History: Cuba Imagined (1997) y Cuba A Cultural History (2017). Ha sido editor-en-jefe de African-Caribbeans: A Reference Guide (2003), Latino and Latina Writers (2004) y Cuba: A Reference Guide (2011). Ha traducido a Rosario Ferré, Alejo Carpentier, Luisa Capetillo, Nancy Morejón, y Nelly Richard. Es profesor en Northeastern University (Boston).

Leer más

Expiar la patria. Entrevista con Carlos Alejandro Halley

El realizador cubano conversa sobre 'Rancor' (2026), un cortometraje que se hace una y otra vez las preguntas de quienes abandonan Cuba sin intención de volver.

Púas

Un pedacito de espejo roto se prendió al forro del abrigo y se fue conmigo, me lo llevé sin querer.

Bestiario Miserable #22: Chupacausas

Bestiario Miserable, de la artista Camila Lobón, es un catálogo de los excesos, miserias, deformaciones que las contorsiones circenses del panorama político cubano, global y virtual han ido pariendo.

Contenidos relacionados

Deja un comentario

Escriba su comentario...
Por favor, introduzca su nombre aquí